La Cámara de Barcelona da un paso al frente para defender la importancia del turismo para la economía catalana y abona la idea que, sin el impulso turístico, muchas otras actividades languidecen. Por lo pronto, se reduciría la oferta de conexiones aéreas desde el aeropuerto de Barcelona-El Prat, una circunstancia que degradaría la “conectividad” de Barcelona con el resto de capitales mundiales y que, por consiguiente, lastraría la capacidad de atracción de congresos, eventos internacionales e inversiones relacionadas con la investigación y la innovación, así como frenaría la agilidad de las exportaciones de las empresas catalanas. “El turismo es el motor principal estructural de la conectividad de Barcelona por vía aérea”, señala un informe del Observatorio de la Economía Urbana. Se ha presentado este lunes, en un contexto de crítica creciente contra el influjo del negocio turístico y tras la controversia del Informe Fénix elaborado por un grupo de economistas para alertar sobre la dependencia de sectores de bajo valor añadido. En veinte años, el panel de vuelos del Barcelona-El Prat ha pasado de tener 17 destinos de largo radio a los 59 que ofrece en la actualidad y el volumen de pasajeros de estos vuelos ha crecido desde el millón a los 8 millones. Se trata de aquellas conexiones que implican un viaje de más de seis horas y, en la mayoría de casos, conlleva un salto de continente. Según el diagnóstico presentado por el presidente de la Cámara, Josep Santacreu, el turismo ha tenido un papel determinante para “la consolidación de rutas y el incremento de frecuencias”. “Pensar que ahora con un decrecimiento del turismo muchos sectores se beneficiarían es estar equivocado, porque lo que pasaría es que saldríamos perjudicados”, ha insistido Santacreu. Joan Ramon Rovira, jefe de estudios de la Cámara ha revelado que hay “una cifra poco conocida” en relación con la actividad que se genera en las terminales de El Prat. “El aeropuerto de Barcelona es el quinto de Europa en tráfico de origen-destino”. Según este dato, solo está por detrás de Londres, París, Estambul y Milán. “Es un grado de conectividad superior al que le correspondería a un aeropuerto de una ciudad que no es capital y que no tiene una compañía de bandera operando en él”.El consultor aeronáutico y experto en aeropuertos Jaume Adrover ha recordado que el Barcelona-El Prat opera por encima de sus capacidades, porque tiene un tope teórico de tráfico fijado en los 55 millones de pasajeros anuales y en 2025 superó los 57 millones. De estos, más de 5 millones son viajeros que tienen que hacer escala en algún aeropuerto intermedio en su viaje desde o hacia Barcelona y que, por lo tanto, se beneficiarían de manera automática si el aeropuerto catalán lograra ampliar su oferta de vuelos de largo radio. “Somos competitivos en parte por el motor estructural que representa el turismo”, ha señalado Adrover. “Barcelona ya compite bien en Europa, el reto es ser relevante en el mundo”, ha razonado.“La gran estrategia es salir a buscar más largo radio” y considera que en ese reto no vale dejar a nadie en la cuneta, mucho menos al turismo. “El turismo es lo que nos permite tener un volumen crítico, atraer rutas y luego hacerlas operativas todo el año”. En este sentido, recomienda que el Barcelona-El Prat ponga en el radar saldar la gran asignatura pendiente que tiene con las conexiones asiáticas, el vuelo directo a Japón es un anhelo histórico, así como cubrir corredores desatendidos con Norte América y América del Sur. “La prioridad es construir “el siguiente salto”, sintetiza Adrover.Preguntado sobre la demanda política para que la Generalitat intervenga de manera directa en la gestión del aeropuerto barcelonés, el presidente de la Cámara dice que “sería deseable que dentro de la gobernanza del aeropuerto tuviera presencia la Generalitat”. Sin hacer mención directa, Santacreu ha aludido al caso de Renfe y el deficiente funcionamiento de Rodalies para señalar “hay hechos recientes que demuestran que una gobernanza lejana no es deseable”.