AnálisisLas últimas crisis han demostrado que producir alimentos no depende únicamente del clima, la tierra o los agricultores. Análisis. Agricultores enfrentan aumentos significativos en precios de combustible y fertilizantes, un efecto directo de la guerra con Irán. Foto: Getty Images29.06.2026 22:30 Actualizado: 29.06.2026 22:30

El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán promete restablecer el flujo de petróleo, gas natural, azufre y fertilizantes a través del estrecho de Ormuz, lo que aliviará la presión sobre los mercados agrícolas y reducirá el riesgo de una crisis mundial de seguridad alimentaria aún más grave. Sin embargo, aunque el memorando de entendimiento pueda reducir la intensidad de la crisis –suponiendo que el estrecho permanezca abierto–, no puede borrar la lección fundamental de los últimos cuatro meses: la agricultura sigue siendo peligrosamente vulnerable a las alteraciones en las cadenas de suministro de fertilizantes.Dada la profunda incertidumbre que rodea al propio memorando de entendimiento, para no mencionar las relaciones a largo plazo con Irán en general, los países deberían aprovechar cualquier alivio que se produzca de las presiones inmediatas para fortalecer la resiliencia antes de que llegue la próxima crisis. La cuestión no es si se producirá otra alteración o no, sino si estaremos mejor preparados cuando ocurra. LEA TAMBIÉN En los últimos cinco años, la agricultura ha tenido que hacer frente a una sucesión de crisis, desde pandemias hasta guerras y repetidos desastres relacionados con el clima. Cada una de ellas puso de manifiesto las debilidades de las cadenas de suministro, los sistemas energéticos y la producción agrícola. Sin embargo, pocas ofrecieron una oportunidad tan clara para abordar esas vulnerabilidades antes de que surgiera la siguiente crisis.Quizá la lección más inquietante del cierre del estrecho de Ormuz sea la brecha entre lo que sabíamos y cómo nos preparamos. Los riesgos asociados a las alteraciones en el suministro de fertilizantes se conocían bien; sin embargo, el sector agrícola global entró en la crisis con medidas de protección limitadas y sin un mecanismo internacional coordinado de reservas para insumos críticos.Movimiento de buques en el estrecho de Ormuz Foto:AFPComo resultado de ello, una única vía fluvial por la que circula aproximadamente entre el 20 por ciento y el 30 por ciento de los fertilizantes comercializados a nivel global y alrededor del 50 por ciento de las exportaciones globales de azufre se ha convertido en un punto crítico para los productores de varios continentes. Cuando se interrumpieron los flujos, no existía un mecanismo significativo para estabilizar los mercados ni una fuente alternativa capaz de reemplazar la oferta perdida a gran escala.Los casos regionalesEn América Latina, una de las regiones exportadoras de productos agrícolas más grandes del mundo, la producción depende en gran medida de los fertilizantes importados. En muchos países africanos, donde el uso de fertilizantes ya es escaso, incluso las alteraciones más modestas pueden provocar pérdidas significativas de productividad. La crisis puso de manifiesto lo concentradas y frágiles que se han vuelto las cadenas de suministro de insumos críticos. LEA TAMBIÉN Desarrollar la resiliencia requiere algo más que restablecer el comercio. Las reservas estratégicas, una mayor capacidad de almacenamiento, corredores comerciales diversificados y redes logísticas más sólidas pueden mitigar la exposición a los cuellos de botella y brindar a los gobiernos una mayor flexibilidad durante los períodos de alteración. Las instituciones financieras internacionales y los bancos de desarrollo deberían apoyar estas inversiones, especialmente en países que ya enfrentan restricciones de deuda y presiones sobre la balanza de pagos.La crisis también ha puesto de relieve la estrecha relación entre los sistemas energéticos y agroalimentarios. En muchos países en desarrollo, millones de bombas de riego, redes de transporte y maquinaria agrícola siguen dependiendo del diésel, por lo que la volatilidad de los mercados de combustibles se traduce rápidamente en mayores costos de producción.Reducir la exposición de la agricultura a las crisis energéticas mediante inversiones en electrificación rural y energías renovables puede mejorar tanto la resiliencia como la competitividad a largo plazo. LEA TAMBIÉN Sin embargo, la resiliencia depende en última instancia no solo de garantizar el suministro de fertilizantes, sino también de utilizarlos de forma más eficaz. Los sistemas agrícolas más resilientes no son necesariamente aquellos que aplican más fertilizantes, sino aquellos que aplican los nutrientes adecuados, en el lugar adecuado y en el momento adecuado.Una lección clara de la crisis es que la caída de los precios de los fertilizantes no siempre es una buena noticia. El reciente descenso de los precios de la urea se debió en parte a una menor demanda, ya que los agricultores retrasaron las compras o redujeron las dosis de aplicación debido a la incertidumbre, las restricciones de liquidez, las preocupaciones sobre el suministro y la menor rentabilidad prevista. Esa destrucción de la demanda puede hacer bajar los precios a corto plazo, pero a menudo indica un menor uso de nutrientes, lo que puede traducirse en rendimientos más bajos y una posterior escasez de alimentos.Cargamento de urea que llegó a Colombia. Foto:Agencia KRONOSPor lo tanto, el futuro de la seguridad en el suministro de fertilizantes tal vez no dependa tanto de aplicar más nutrientes como de comprender los suelos que pisamos. Las inversiones en cartografía de suelos, gestión precisa de nutrientes y prácticas agronómicas mejoradas pueden ayudar a los agricultores a adaptar la aplicación de fertilizantes a las necesidades reales de los cultivos y los suelos, aumentando la productividad y reduciendo, al mismo tiempo, el desperdicio y la dependencia de mercados internacionales volátiles.La información debe considerarse una infraestructura agrícola fundamental. Los gobiernos y el sector privado deben colaborar para desarrollar normas comunes y plataformas compartidas que conviertan los datos sobre el suelo en un bien público global. LEA TAMBIÉN AlternativasLas crisis suelen dar pie a la tentación de buscar una solución única. La agricultura rara vez ofrece una. El amoníaco verde y las tecnologías relacionadas, con el tiempo, podrían diversificar la producción de fertilizantes y reducir la dependencia de los combustibles fósiles, aunque los costos siguen siendo significativamente superiores a los del amoníaco convencional, y su implementación a gran escala aún tardará años.Al mismo tiempo, los fondos de innovación y las inversiones en investigación deberían apoyar los fertilizantes alternativos, los bioestimulantes, los microorganismos beneficiosos, la mejora genética de los cultivos y las tecnologías que potencien la eficiencia de los nutrientes y la salud del suelo. Las estrategias eficaces en materia de fertilizantes deben seguir basándose en la ciencia, adaptarse a las condiciones locales y combinar los fertilizantes sintéticos con una mejor gestión del suelo y soluciones biológicas.En última instancia, la resiliencia consiste en preservar opciones cuando las condiciones cambian de forma inesperada. Los sistemas de alerta temprana, el seguimiento de los mercados, los seguros agrícolas y los protocolos de actuación anticipatoria permiten a los gobiernos responder a las alteraciones antes de que se conviertan en crisis. Estas inversiones son importantes independientemente de si la próxima crisis tiene su origen en la geopolítica, la variabilidad climática o los mercados energéticos. LEA TAMBIÉN Más allá del resultado del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, las consecuencias económicas de la alteración en el estrecho de Ormuz seguirán afectando a los sistemas agrícolas mucho después de que las rutas marítimas vuelvan a la normalidad. El análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sugiere que, a medida que el aumento de los costos de los insumos y los ajustes en la producción se vayan reflejando en los mercados, los productores podrían seguir enfrentándose a una menor rentabilidad y a pérdidas de ingresos en 2026. Los gobiernos, las instituciones financieras internacionales y los bancos de desarrollo deberían aprovechar este momento para fortalecer la infraestructura crítica, mejorar el acceso a la información agrícola, diversificar las cadenas de suministro y crear sistemas de fertilizantes más resilientes.MÁXIMO TORERO (*)© Project SyndicateRoma(*) Economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.