Frida Kahlo no naci� icono. Tampoco fue, en vida, la artista universal que hoy parece haber existido desde siempre. Durante d�cadas fue una pintora mexicana conocida en c�rculos reducidos, eclipsada en parte por la figura monumental —tambi�n f�sica— de su marido, Diego Rivera, asociada al surrealismo pese a que ella rechaz� siempre esa etiqueta, porque, como ella misma dijo "no pinto sue�os. Pinto mi propia realidad".Cuando en 1954 muri� - �de embolia pulmonar?; �por suicidio?; �por sobredosis voluntaria o involuntaria de medicamentos? - sucedi� algo extraordinario. Progresivamente, y sobre todo en las d�cadas de los setenta, ochenta y noventa del siglo pasado, Frida Kahlo dej� de ser s�lo Frida Kahlo. Se convirti� en Frida. En un rostro, emblema, bandera, autorretrato colectivo y fen�meno global. Y, obviamente, tambi�n en mercanc�a,As� que la exposici�n de la Tate Modern de Londres, en colaboraci�n con el Museo de Bellas Artes de Houston, en EEUU, sobre esta transformaci�n no podr�a llamarse 'Frida Kahlo'. Solo 'Frida'.La ambici�n de Frida: The Making of an Icon' (Frida, la fabricaci�n de un icono') es compleja: explicar c�mo la artista acab� convertida en una de las im�genes m�s reconocibles del siglo XX y en una influencia decisiva para generaciones de artistas en M�xico, Estados Unidos, Europa, y Am�rica Latina. Por cambiar, hasta cambi� su Coyoac�n natal. En 1907, cuando Kahlo naci�, ese nombre solo alud�a a un pueblo en la periferia de lo que entonces era el Distrito Federal de M�xico.Para saber m�sHoy, Coyoac�n es parte de la gigantesca metr�poli ahora llamada Ciudad de M�xico, y un h�brido entre barrio en proceso de gentrificaci�n, atracci�n tur�stica y centro de peregrinaje a la Casa Azul, el im�n tur�stico en el que se ha convertido la casa en la que ella naci�, y que ha sustituido como centro de atracci�n a la casa de Le�n Trotsky, en la que el revolucionario sovi�tico - y ex amante de Kahlo - fue asesinado por orden de Stalin por el espa�ol Ram�n Mercader. La mitolog�a de Kahlo ha sobrepasado a la de Trotsky.La exposici�n de la Tate es la mayor que se celebra en el Reino Unido en m�s d�cadas, y ofrece cerca de 40 obras de la artista, entre ellas autorretratos rara vez vistos, junto a fotograf�as, vestidos, objetos personales y materiales de archivo. Pero el verdadero giro diferencial de la muestra consiste en colocar a Frida Kahlo en di�logo con artistas modernos y contempor�neos de todo el mundo. Los comisarios de la retrospectiva - Tobias Ostrander y Beatriz Garc�a-Velasco - no proponen solo mirar lo que la artista pint�, sino de observar lo que otros han visto en ella. Algunos han visto una est�tica. Otros, una biograf�a, una identidad, y hasta una forma de resistencia.La exposici�n no presenta esos autorretratos como simples obras maestras, sino como operaciones de construcci�n personal. �se es el caso de Autorretrato (con traje de terciopelo), y Autorretrato con pelo suelto, de 1926 y 1938, respectivamente. Y las acompa�a con cuadros de otros protagonistas del llamado Renacimiento mexicano, entre ellas el Retrato de Frida Kahlo, de su marido Rivera, fechado en torno a 1935, y 'Sue�o y presentimiento', de Mar�a Izquierdo, de 1947. As�, Kahlo queda encuadrada en el M�xico en el que vivi�: un pa�s posrevolucionario que buscaba reinventarse visualmente, entre el nacionalismo cultural, las tradiciones populares, la pol�tica de masas y la modernidad.El n�cleo de la muestra es la relaci�n de Kahlo con el surrealismo. Ella rechaz� la etiqueta, aunque, al menos desde el punto de vista m�s superficial, las afinidades son obvias: cuerpos abiertos, corazones fuera del pecho, dobles, m�scaras, esqueletos, s�mbolos de muerte, paisajes interiores, y escenas suspendidas entre la confesi�n y la alucinaci�n. Andr� Breton la defini� como "una surrealista creada por s� misma", y la invit� a exponer en Par�s, a donde ella llev� su autorretrato El marco, de 1938, que ahora se presenta en la Tate junto a obras como Diego y Frida 1929 o Memoria, el coraz�n.Pero, aunque su nombre circulaba en ambientes art�sticos de EEUU desde los a�os treinta, la explosi�n de Kahlo lleg� dos d�cadas despu�s de su muerte, cuando, a finales de los a�os sesenta, el movimiento chicano estadounidense la adopt� como s�mbolo de orgullo cultural y pol�tico. Para artistas y activistas de origen mexicano que buscaban afirmar una identidad propia dentro de EEUU, Kahlo era mexicana, mestiza, rebelde, pol�ticamente comprometida, y ajena a los modelos culturales establecidos.El feminismo fue otro motor de su lanzamiento p�stumo. En el M�xico y EEUU de los setenta y ochenta, los autorretratos con el pelo cortado, sus rasgos masculinos y sus escenas de dolor f�sico desafiaban frontalmente la representaci�n tradicional de la mujer. Kahlo pint� experiencias ajenas al canon art�stico, como el cuerpo femenino no idealizado, dolorido - la pintora tuvo una salud p�sima toda su vida -, y la Tate recoge esa visi�n y la pone junto a artistas como Kiki Smith, Judy Chicago, Yasumasa Morimura y Ana Mendieta que, a veces directamente copiando a Kahlo, siguen su camino en la descripci�n de identidad, violencia, naturaleza, cuerpo, memoria y g�nero.El tramo final es el m�s ambiguo: lo que la Tate llama Fridaman�a. O sea, su transformaci�n en marca global. Las obras, ah�, son m�s de 200 objetos nacidos de la producci�n masiva de mercanc�a con su imagen. Camisetas, botellas de tequila, mu�ecas 'Barbie', perfumes, objetos de moda y productos de consumo muestran hasta qu� punto Kahlo ha sido absorbida por el mercado.Ese proceso se dispar� con la publicaci�n, en 1983, de la biograf�a de Hayden Herrera, que fij� la imagen de Kahlo como una artista tr�gica, rebelde y, por tanto, fascinante. Despu�s llegaron el cine, la moda, el m�rketing, las redes sociales y la industria cultural. Frida se volvi� ubicua. Y la ubicuidad tiene un precio: cuanto m�s reconocible es una imagen, m�s riesgo corre de ser vaciada de contenido.La exposici�n deja una pregunta sin respuesta: �qu� queda de Frida Kahlo cuando su rostro aparece en millones de objetos que quiz� nada tienen que ver con su obra? La Tate, muy anglosajona, no plantea la comercializaci�n como una traici�n. Eso abre un a posibilidad inesperada: Kahlo no es una v�ctima pasiva de su propia comercializaci�n, porque ella entendi� muy bien que la identidad tambi�n pod�a ser una obra de arte. Lo que quiz� no predijo fue que esa identidad acabar�a siendo una Barbie.
Frida Kahlo: de artista a icono y de icono a Barbie
Frida Kahlo no naci� icono. Tampoco fue, en vida, la artista universal que hoy parece haber existido desde siempre. Durante d�cadas fue una pintora mexicana conocida en c�rculos...













