El fútbol, como todo deporte, es un combate agonal. Es una disputa entre contendores por alzarse con la victoria, los cuales están sometidos a reglas claras que deben cumplir, administradas por un árbitro imparcial. Unas reglas cuyo primordial objetivo es garantizar la integridad física de todos los competidores en el campo de juego. Un campo de juego diseñado y delimitado para cada deporte, con reglas precisas, dentro de las cuales discurre la competencia. Incluso en el boxeo, un deporte tan brutal, existen límites fijados por el reglamento. Un deporte que, si existiera un sentido universal de la dignidad humana, debería estar prohibido. Pero, como sus ganancias son casi directamente proporcionales con la brutalidad de los púgiles y la presencia de sus espectadores, más numerosos y entusiastas cuanto mayor sea la violencia, tiene asegurada una larga vida. Seguramente por ello Donald Trump celebró sus 80 años con una espectacular función de artes marciales mixtas en el jardín de la Casa Blanca. Algo muy apropiado para todos aquellos que reducen el sentido de sus vidas a vencer, incluso a humillar a los vencidos, para afirmar así su identidad como triunfadores y creer que por ello son mejores y superiores a los demás. Tal es el honor que reclama Trump para sí y su nación con consignas supremacistas y belicistas como America First y MAGA, sin considerar las atrocidades y daños que desencadenen sus cruzadas imperiales. Los outsiders van ganandoA los outsiders los tiene sin cuidado desconocer las reglas del Derecho Internacional Humanitario y los principios esenciales de la diplomacia, así violen la Carta de las Naciones Unidas y su artículo 1: “Mantener la paz y la seguridad internacionales”. Se proclaman orgullosos outsiders, pues para ellos no aplican las reglas del derecho internacional público. Se sitúan fuera del campo de juego de la política y arrastran a la humanidad al campo de guerras impredecibles, imposibles de ganar, desencadenando genocidios y catástrofes ambientales. Lo más grave de esos outsiders, cuyo capitán imperial es Trump, es que cuenta con émulos en todo el continente americano. Continente que reclama él como propio en nombre de su narcisista doctrina ‘Donroe’ y se erige como padrino de todos esos transitorios gobernantes que ha venido aupando. Así ha formado una especie de liga de ‘gobergánsteres’ estatales: desde Centroamérica con Bukele, pasando por Ecuador con Noboa y ahora Colombia con Abelardo De la Espriella. Llega hasta el Cono Sur con Milei y Kast. Incluso ya disponen del ‘Escudo de las Américas’, con el que supuestamente derrotarán a todos los criminales, como en una película de superhéroes, al clásico estilo de Hollywood, en la que los ‘buenos’, asistidos con sus poderosas armas e incuestionable ‘superioridad moral’, derrotarán y aniquilarán a cientos de peligrosos narcoterroristas. Esos ‘malos irredimibles’, a quienes millones de consumidores estadounidenses les compran sus estimulantes para darle un sentido más divertido o llevadero a sus vidas. Ya tenemos imágenes de esa cruzada con el bombardeo de numerosas lanchas en el Caribe y el Pacífico que deja 34 botes destruidos y al menos 110 víctimas mortales. Esos son los goles que anotan los outsiders, terribles autogoles contra el derecho a la vida, la democracia, la autodeterminación y fraternidad entre los pueblos y la conservación del planeta.De la Espriella, un outsider ganadorEn Colombia acaba de anotar el gol de la presidencia un outsider profesional, Abelardo de la Espriella, acostumbrado a ganar como exitoso penalista en un penumbroso campo de juego en donde los límites entre lo legal y lo ilegal son muy borrosos. En el pasado, hace más de 20 años, asesoró a los mayores criminales de guerra, los paramilitares, para que entraran, con facilidad y beneficios, al campo de la legalidad. También a prestigiosos delincuentes de cuello blanco, entre otros a David Murcia Guzmán y su famosa pirámide DMG, que defraudó a millones de colombianos, pero quien al parecer resultó también defraudado por el propio De la Esperiella, según lo denunciado por el mismo Murcia Guzmán. Otro de sus distinguidos clientes, lo sabían millones de sus electores que el domingo pasado que, como una manada, votaron por el Tigre, fue Alex Saab, el testaferro de Maduro. Por lo tanto, es presumible deducir que la mayor estafa de De la Espriella se haya consumado en la pasada segunda vuelta, donde usufructuó cerca de 13 millones de votos, haciéndolo legalmente, como lo acaba de certificar el Consejo Nacional Electoral. Sin duda, el Tigre es un outsider fuera de serie y de juego, pues superó con creces a Maradona y su gol contra Inglaterra en el mundial de México 86 con la ayuda de la “mano de Dios”. Solo que anotó su gol presidencial con la mano poco piadosa de muchos pastores de iglesias cristianas y la férrea de militares de la reserva, no muy civilista ni respetuosa de la ley y la complacencia ética. Fue una movida con la complicidad de millones de ciudadanos que celebran su picardía y éxito empresarial, como un Trump tropical. Pero, sobre todo, votaron millones seducidos por su capacidad y la de sus asesores para embaucarlos y llevarlos a las urnas, con la hábil manipulación de sus miedos, prejuicios y odios, en parte generados por los excesos de promesas incumplidas e irrealizables en los cuatro años del “Gobierno del cambio”, sus escándalos de corrupción y la personalidad pendenciera, revanchista e irresponsable del presidente Petro. Un pesado fardo difícil de remontar para Iván Cepeda, quien realizó una campaña anacrónica dirigida a la ciudadanía, con argumentos y sin insultos, sin apelar a la vulgaridad de llamar “manada” a sus potenciales electores. Ahora se trata incluso de deslegitimarla con el llamado “voto fusil”, aunque el mismo Cepeda haya denunciado con antelación a la Fiscalía las organizaciones armadas ilegales que constreñían electores en su nombre. Algo que nunca realizó oportunamente el candidato Álvaro Uribe Vélez durante su primera campaña de 2002, denunciando el apoyo masivo que le dieron las AUC con quienes, en vísperas de las elecciones del 2006, acababa de negociar la llamada ley de Justicia y Paz, la 975 de 2005, otorgándoles en su proyecto inicial la condición de sediciosos, es decir, delincuentes políticos, que los hubiera puesto a salvo de la extradición si la Corte Constitucional no hubiese declarado inexequible ese artículo. Es probable que De la Espriella, con la experiencia que ya tuvo en ese proceso y su competencia de penalista, logre rápidamente como presidente un acuerdo con el Ejército Gaitanista de Colombia y otros grupos de criminales, a quienes ya dio un plazo de un mes para que se desmovilicen y, a cambio de ello, probablemente no los extradite o los aniquile con un bombardeo teledirigido desde el Norte. Pero si no lo hacen, entonces conservará esa espada de Damocles, como lo hizo Uribe con los comandantes paramilitares cuando estos empezaron a desenredar el ovillo de la parapolítica y hablar más de la cuenta. Entonces la verdad fue extraditada y miles de víctimas de crímenes de lesa humanidad se quedaron sin justicia y reparación alguna, pues el presidente Uribe estimó que el narcotráfico era un delito más atroz, violento y peligroso que descuartizar con motosierras a campesinos o arrojarlos en improvisados hornos crematorios y a los ríos de la Patria. Ahora, el presidente electo la tendrá más fácil, pues ya Petro ha avanzado algo en ese oscuro trecho y va a encontrar un reducto de miembros del EGC ubicado en el departamento de Córdoba. ¿O quizá sea implacable con ellos y los extradite rápidamente, pues todavía no tiene las cárceles de alta seguridad tipo Bukele para tenerlos a buen recaudo? Ya veremos, él es un hombre de leyes y cuenta con un temible ‘tigre’ que ‘devorará’ a todos los delincuentes, incluso a los de cuello blanco, pues no habrá excepción alguna y el peso implacable de la ley recaerá sobre todos o selectivamente sobre algunos. ¿Un autogol contra la Patria?Puede ser que el gol presidencial de De la Espriella, en desarrollo de los próximos cuatro años, no vaya a convertirse en un autogol contra la patria, la mayoría de los colombianos y sus derechos, para beneficiar, una vez más, a los de siempre, a los que nunca han dejado gobernar en función del interés general y siempre lo han hecho en beneficio de sus particulares empresas y partidos, cuando han sido electos. Ya veremos quiénes integrarán su gabinete ministerial, que al parecer será un equipo con muchos insiders, jugadores profesionales del establecimiento, que sí saben gobernar y no llegan a improvisar. Esos que nunca han dejado de mandar y enriquecerse impunemente, corriendo los límites entre lo privado y lo público, entrando y saliendo por la puerta giratoria de los gremios al Estado, todo ello en nombre de la “democracia y el Estado de derecho”. “Firmes por la Patria”Con semejante ‘equipo de profesionales’ se corre el riesgo de convertir el campo de la política en un lodazal de negociados y de sangre, en un cambalache patriótico donde todos “vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos”, utilizando a la Constitución como una perfecta coartada. Según los mentideros políticos podría suceder, pues dicen que la cartera de Defensa estaría a cargo de la exsenadora María Fernanda Cabal, exjugadora del Centro Democrático, quien hace unos años definió perfectamente al Ejército como una fuerza letal para bombardear sin límites, pues no son “damas grises de la cruz roja”. También se dice que un alto cargo estaría reservado para el exguerrillero del M-19 y converso pastor, Carlos Alonso Lucio, aunque también ha sonado para el equipo de empalme con el Gobierno que termina de su examigo y compañero de armas, Gustavo Petro, del cual fue un enconado opositor. En fin, todo parece indicar que vuelven los que nunca se han ido, pues siempre han estado tras bastidores ejerciendo el poder real, aquel que se impone desde los márgenes de la legalidad y el saqueo del Estado, burlando sutilmente la Constitución y anotando goles en fuera de lugar contra la patria. ¡Qué puede esperarse de esa asociación cuasidelincuencial con Trump, más que autogoles contra nuestra biodiversidad y el saqueo de las riquezas nacionales con su cántico preferido, acompañado por entusiastas barras empresariales y el eco de la mayoría de los medios de comunicación, anunciando a todo pulmón: “perforar, perforar, perforar” y vitoreando “bombardear, bombardear, bombardear”! ¿Será esa la “Patria Milagro” que nos espera? De ser así, estaríamos frente a un milagro infernal, como está convirtiendo Trump a su patria y el planeta en nombre de su extravagante MAGA. Unos legítimos hijos de Mefistófeles con su adicción incontenible por acumular y atragantarse con ese estiércol verdoso del diablo que cada día cotiza más a la baja en las bolsas de valores internacionales.
Los ‘outsiders’ no hacen goles, pero sí autogoles
De la Espriella anotó con la mano poco piadosa de muchos pastores de iglesias cristianas y la férrea de militares de la reserva, no muy civilista ni respetuosa de la ley y la complacencia ética










