“Odio eterno al Camino moderno”, pensaría quizá algún peregrino de la vieja escuela al comprobar los cambios que con el paso del tiempo han llegado a los itinerarios que llevan a Santiago de Compostela. Igual que en los partidos del Mundial 2026 los puristas del fútbol y cualquier persona con dos dedos de frente se enervan ante las mal llamadas pausas de hidratación (en realidad parones publicitarios), también la peregrinación a la capital de Galicia se ha transformado radicalmente. Proliferan las estrategias comerciales que orquestan todo un mercado en torno a la fe y el reto de culminar la travesía a pie hacia Compostela.
Ya son mayoría quienes no completan las etapas cargando con sus pertenencias. Numerosas empresas de transporte trasladan los equipajes de alojamiento en alojamiento. Estos sitios donde quedarse también se transforman y abundan formas de hospedaje alternativas a los tradicionales albergues, incluidos pisos turísticos en las localidades intermedias. En medio de una de las etapas nos topamos con una escape room del propio Camino de Santiago. Una oferta de ocio que suele basarse en emular situaciones extremas como secuestros, encarcelamientos o misiones espía. En la Ruta Xacobea trata de simular lo que ya estás experimentando. “Todo esto es un poco charca”, resume mi pareja ante un delicioso pulpo á feira y una tortilla con patatas de verdad camino de Arzúa, ya en la provincia de A Coruña. Una charca... en la que nos revolcamos.











