El futuro fue, durante mucho tiempo, una promesa. En las décadas inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las diferentes narrativas, del cine a la literatura o las artes plásticas y la música, reflejaron en buena parte de su producción un mensaje positivo y esperanzador, con ejes como el progreso, la emancipación, la ciencia o incluso la revolución. Hoy, sin embargo, el futuro es una amenaza y la creación cultural se ha vuelto, en rasgos generales, más oscura, reflejando temores variopintos: al desastre climático, a la hipervigilancia del Estado y las corporaciones, a la precariedad laboral y económica, a la guerra, al colapso energético, a la deshumanización tecnológica, a la extensión de los problemas de salud mental...Lee tambiénEl miedo o el pesimismo se han convertido en un poderoso motor de la creación, y proliferan las elegías por un pasado supuestamente mejor, así como toda suerte de distopías, relatos apocalípticos o true crimes con mayor o menor grado de alarmismo. Así, al menos desde Occidente, se da la paradoja –eso sí, fundamentada científicamente– de que una de las épocas con mayor nivel histórico de bienestar material vive angustiada ante lo venidero. El miedo configura la imaginación del mundo moderno, lo que no es necesariamente negativo pues puede ayudar a tomar conciencia del peligro.Sigue un repaso no exhaustivo de algunos ejemplos recientes que dibujan un mapa de la incertidumbre y la angustia contemporáneas. Nuestros apocalipsis, ahora.La instalación ‘La ley del viaje’ de Ai Weiwei es testimonio de los refugiados en las fronteras. Mark KolbeArtes plásticasLa belleza que nace del horrorLa fragilidad, la vulnerabilidad del planeta y sus habitantes, es la gran temática de muchos encuentros y exposiciones internacionales de arte, en los que el antropoceno parece ya una corriente artística más. En la Bienal de Venecia de este año –abierta hasta el 22 de noviembre– están muy presentes la crisis climática, las migraciones, la guerra o la vigilancia tecnológica. La comisaria camerunesa Koyo Kouoh (fallecida en el 2025) diseñó un programa que cuestiona el concepto de “internacionalismo benigno”, y señala sus vacíos y contradicciones colonialistas. En ese contexto, Clàudia Pagès invoca el siglo XV en su instalación del pabellón catalán Paper tears (lágrimas de papel), creada a partir de unas marcas de agua del siglo XV encontradas en el Museu Molí Paperer de Capellades,que le sirven para hablar de la xenofobia del presente.El danés-islandés Oliafur Eliasson es uno de los grandes nombres internacionales que trabaja sobre emergencia climática. Conocido por sus esculturas e instalaciones a gran escala –a menudo realizadas con materiales como la luz, el agua o el aire–, ha creado soles luminosos, mundos digitales inmersivos, ha mostrado cómo actúan los materiales contaminantes sobre la naturaleza o ha instalado una enorme cascada de agua en pleno Nueva York.El chino Ai Weiwei tiene una obra política, en todo tipo de formatos, que aborda cuestiones como la vigilancia, la censura, el autoritarismo o la emigración. Ha realizado obras e instalaciones con materiales como chalecos salvavidas, embarcaciones neumáticas o restos de campos de refugiados. El miedo –al Estado, a la exclusión, al desarraigo– es un elemento constitutivo de una labor que llama a no permanecer indiferentes ante la injusticia.TeatroLa escena late con los cataclismosIgual que el Diluvio Universal fue un cataclismo para dar paso a un mundo nuevo, las desgracias se suceden en los escenarios para alertar y hacer reflexionar al público sobre el apocalipsis. Al teatro le gusta explorar las distopías, que cada vez se plantean más próximas en el tiempo. En los últimos meses se han podido ver piezas que tanto echan mano del humor como del sarcasmo o la inquietud. Un ejemplo sobre la emergencia climática y la inmovilidad política lo estrenó en el TNC la compañía La Calòrica con De què parlem quan no parlem de tota aquesta merda. Hoy los incendios han tomado una dimensión trágica, por eso son calificados de sexta generación o megaincendios, como refleja la obra Animal negre tristesa, de Anja Hilling, que se pudo ver en la sala Beckett. Este julio, en el Teatre Lliure dentro del Grec, se representa Wasted land, de Ntando Cele, sobre el vínculo entre la producción de residuos, el cambio climático, el colonialismo y la opresión que lo acompaña. En el mismo Lliure se pudo ver Sun & sea, la versión escénica de la instalación-ópera-performance sobre la crisis climática que llegó de Lituania, de Rugilė Barzdžiukaitė, Vaiva Grainytė y Lina Lapelytė, con un grupo de personas tomando un sol artificial en la playa. En el Tantarantana, la compañía del teatro presentó Goodbye Europe. Lost words, de Davide Carnevali, una comedia sobre el declive del orden económico, cultural y espiritual actual, donde todo lo que no es capaz de generar más y más beneficios desaparece. Y en el Akadèmia y La Villarroel, en dos producciones distintas, pudo verse Els fills, de Lucy Kirkwood. Tres científicos nucleares que construyeron una central cometieron algunos errores de cálculo y aquello provocó un accidente. ¿Quién tiene que sacrificarse por las generaciones futuras?Lee también'Animal negre tristesa', de Anja Hilling, dirigida por Julio Manrique David RuanoCineLa pantalla se tiñe de supervivencia extremaLa incertidumbre por las consecuencias del cambio climático han alimentado recientemente varias producciones cinematográficas de catástrofes como el thriller de acción apocalíptico Greenland 2, estrenado en febrero. Protagonizado por Gerard Butler y Morena Baccarin, el filme retoma la historia de desesperación de una familia tras sobrevivir al fin del mundo por la caída de un cometa. Después de cinco años viviendo en un búnker en Groenlandia, ahora se ven obligados junto a otros supervivientes a buscar un lugar habitable.Amparada bajo la misma temática catastrofista, esta vez en el marco de una inundación de dimensiones colosales, aterrizó el año pasado desde Corea del sur El gran diluvio, que se convirtió en todo un fenómeno global en Netflix. Otro relato de supervivencia extrema es la que aborda Laberinto en llamas, basada en hechos reales y dirigida por Paul Greengrass con Matthew McConaughey en la piel de un conductor de autobús escolar que intenta salvar a un grupo de niños de un devastador incendio forestal. También inspirada en un suceso real destaca Balandrau, viento salvaje, de Fernando Trullols, sobre la increíble tormenta que dejó varios muertos en el Pirineo catalán hace 25 años.De angustia colectiva, conflicto, miedo e instinto de supervivencia trata Civil war (2024), incómoda cinta distópica de Alex Garland sobre las consecuencias de una posible guerra civil en los Estados Unidos en un clima cada vez más polarizado. Hace tres años, la gran sorpresa sobre el retrato de una América dividida la dio Dejar el mundo atrás, con Julia Roberts y Ethan Hawke en el reparto. En el terreno de las series, la española Furia es un buen ejemplo de cómo situaciones diarias cargadas de extorsión, precariedad y manipulación arrastran a cinco mujeres a sacar a la justiciera que llevan dentro.PensamientoAntropoceno, colapso y miedo: pensar el finCada época engendra su pensamiento. Y en un momento como el actual, de crisis múltiples, lo hace de maneras opuestas. El pensamiento sobre el antropoceno, la primera etapa de la Historia en la que los humanos han empezando a cambiar el clima, ha dado lugar a un pensamiento que exige cambios de categorías. Dipesh Chakrabarty insiste en que para sobrevivir a la crisis climática hemos de entender que ya no vivimos en lo global, sino en lo planetario, y considerar sus procesos. Bruno Latour abogaba por reconocer que la frontera entre sociedad y naturaleza trazada por la modernidad nunca funcionó y Timothy Morton, creador del concepto de ecología oscura, reniega del propio concepto de naturaleza, como si fuera algo distinto a nosotros. En la rama más práctica, han aparecido las teorías del decrecimiento para un planeta en tensión, como las de Serge Latouche, o la idea de una prosperidad sin esperar un crecimiento constante (Tim Jackson). Por supuesto, están los que creen que se han traspasado demasiados umbrales: ahí está la colapsología de Pablo Servigne y Rapahël Stevens. No va a haber un apocalipsis súbito pero la civilización termoindustrial se desmorona y hemos de poner las bases para una transición digna. Por supuesto, en el otro lado está la llamada ilustración oscura, que propone derribar la Ilustración clásica y sus ideas de libertad e igualdad. Nick Land o Curtis Yarvin creen que la democracia liberal lleva a la decadencia, no ven compatible democracia y libertad, como proclama el magnate de Silicon Valley Peter Thiel (los algoritmos de su empresa Palantir sirven a los servicios de defensa de muchos países) y creen en el tecnoautoritarismo. Una agenda reaccionaria contra la que cabe la rebelión: apocalipsis significa en su origen revelación y es el momento, dice, Eudald Espluga, de poner las bases de una transformación radical y no caer en un pesimismo paralizante. Ni en el miedo, apunta Bernat Castanys, que genera pasiones tristes y que el poder usa para dominar a la sociedad.Lee tambiénLiteraturaTodas las variantes del ApocalipsisMuchas de las novedades literarias plantean un futuro, por así decirlo, poco esperanzador. Si nos centramos en un aspecto como el cambio climático, la narrativa (post)apocalíptica es de impacto. Las escritoras latinoamericanas, por su lado, optan por contar sus versiones desde un presente que ya existe y se tambalea. La argentina Mariana Enríquez es una de sus máximas exponentes, con relatos donde el mal acecha en la cotidianidad, como también Dolores Reyes y su Cometierra (Alfaguara). El monte de las furias (Random House), de la uruguaya Fernanda Trías, traza un paralelismo entre el maltrato al medio ambiente y a la mujer. También la obra de Elaine Vilar desprenden esta furia, pero con realismo mágico, como en la reciente La piel hembra (Barrett), epopeya contemporánea que reflexiona sobre fe e identidad. Donde termina el verano (Seix Barral), de Elma Correa retrata directamente la violencia en la frontera entre México y Estados Unidos.En catalán podríamos citar la obra de Pol Guasch, claro, pero también debuts notables como los de Irene Rubio (Seràs la vall, en L’Altra) o Mar Márquez (Amat Amat, Males Herbes), que retratan mundos con sequía o sobrepoblación. Ela Geminada publica el ensayo colectivo Una casa que ens sigui llar, con intervenciones entre otros de Borja Duñó o Laia Malo, y Eudald Espluga firma Imaginar el fin (Paidós/Raig Verd), donde asegura que hay que “mirar el presente desde la perspectiva apocalíptica”.La reflexión literaria sobre la incomodidad de la existencia también es patente en la obra narrativa de Eva Baltasar, que en su última novela, Peixos (Club Editor), muestra una fallida historia de amor, o la Sarnalona que Eduard Olesti recrea en Gossos dempeus (Club Editor), con un grupo de jóvenes que viven el teatro hasta sus últimas consecuencias. No future?Adaptación al cine del libro ‘Estado eléctrico’, de Simon StålenhagNetflixArtes digitalesTecnología para alertar del colapso tecnológicoEn las imágenes y pinturas digitales hiperrealistas del artista y músico sueco Simon Stålenhag se mezclan máquinas abandonadas y tecnología distópica con paisajes cotidianos. Su libro El Estado eléctrico va lleno. Ahí se cuentan las tribulaciones de una adolescente fugitiva que acompañada de un pequeño robot ve cómo se hunde su mundo con tanta escena con drones y máquinas dejadas de la mano de Dios. La historia la representó Netflix en la pantalla, con los hermanos Russo a la dirección.Aunque en las artes digitales domina la voluntad de enaltecer las posibilidades de las nuevas tecnologías, también hay una tendencia casi natural a plantear situaciones de colapso tecnológico, climático y social. También, paradójicamente, a utilizarlas para evocar situaciones apocalípticas provocadas por nuevos avances tecnológicos. O a veces simplemente para mostrar un mundo en decadencia.De eso último, como Simon Stålenhag, el checo Filip Hodas es aficionado. Hace años ilustró escenarios decadentes con iconos de la cultura pop abandonados: Bob Esponja, Krusty el payaso, una cabeza enorme de Mickey Mouse decrépito en un paisaje acuoso. Uno de sus últimos trabajos es la serie Lost data, donde representa, también en lugares olvidados, soportes de almacenaje ya obsoletos, como casetes, CD, disquetes, carretes de foto.En el ámbito de las performances también incide en la cuestión Joana Moll. En El usuario y la bestia, la artista catalana aparece en escena con una única luz, la de la pantalla del móvil, mostrando su cara, mientras su voz en off enumera en 20 veinte minutos aceleradamente una infinidad de avances tecnológicos desde el siglo XIX. Junto con una música cada vez más trepidante, Moll alerta que “la tecnología es caníbal y está devorando la humanidad”.CómicDibujar el desengañoLas dudas y la ansiedad por un futuro marcan el tono existencialista de algunas historietas actuales. Con En vela/ En blanc (Salamandra), Ana Penyas traza un desengañado retrato de la sociedad contemporánea marcado por la precariedad laboral y las repercusiones que conlleva: ansiedad, irritabilidad, problemas de salud mental y un insomnio que es la manera en la que este malestar íntimo se convierte en un síntoma colectivo.Uno de los artistas que más triunfan en el cómic actual es el italiano Zerocalcare, sin duda, porque ha sabido retratar como pocos las angustias de nuestro tiempo. En su último trabajo, Más allá de los escombros(Reservoir Books), tira de ironía descarnada y autocrítica para radiografiar una juventud atrapada en el callejón sin salida del sistema. Humor y bofetadas de realidad para retratar un entorno que se desmorona y en el que las promesas de prosperidad se revelan como pura ficción.En Todo abruma (Apa Apa - Blackie Books), el estadounidense Dash Shaw cuenta una historia de diez vidas cruzadas cuyo colapso viene del interior y está espoleado por las dudas y la angustia. Un retrato colectivo sobre la desorientación existencial. En cambio, Uxía Larrosa fija su mirada en una sola persona, la mujer que protagoniza La separació (Finestres), una obra inquietante porque retrata con fuerza el desarraigo psicológico y que consigue dibujar lo invisible: la ansiedad paralizante, el pánico a no encajar en la sociedad. Es el retrato íntimo de una grieta interna, de un divorcio emocional que funciona como una metáfora perfecta de nuestro tiempo.Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literariosRedactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IECLicenciada en Periodismo por la UAB. Redactora en la sección de Cultura especializada en cineRedactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPFRedactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)Licenciado en Derecho y en Periodismo. Crítico de cómics en el suplemento literario Cultura/s de La Vanguardia. Ha escrito varios ensayos sobre historietaLara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.
¡El mundo se hunde! La creación cultural se ha vuelto más oscura y refleja temores variopintos
Mapa de la incertidumbre y la angustia contemporáneas que refleja la actual proliferación de las distopías
Creación cultural contemporánea refleja temores por cambio climático, vigilancia corporativa y deshumanización tecnológica en distopías de artes, teatro y cine. Para tech leaders, señala rechazo social a innovación sin governance ética: exige comunicación de valor tangible.









