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“Lo que no se nombra, lo que no se representa, no existe” es una frase con la que coinciden los artistas que, en medio de una coyuntura que les genera incertidumbre sobre la libertad, ponen en escena historias de la comunidad LGBTI. En junio, un mes en el que diferentes países del mundo celebran el Mes del Orgullo, Gabriel Cárdenas volvió a protagonizar la obra MM (María Maricón), aquella que encendió las alarmas del sector más conservador y molestó al entonces alcalde de Lima.
Un año después, nos comenta que negarle la calificación de espectáculo cultural y provocar la suspensión de un festival fue un acto de censura por homofobia. “Siento que se usó la obra y la religión para hacer política. El alcalde tocó la sensibilidad de la gente católica y en ese tiempo vino Juan Luis Cipriani y fue condecorado por la municipalidad. Una hipocresía”.
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Lo que sucedió parece ser un efecto búmeran y MM ha tenido éxito en el circuito alternativo. Es cierto que es una propuesta arriesgada y transgresora, pero Cárdenas ofrece una obra teatral con verdad y talento. Habla sobre su sexualidad, la religión, la homofobia y la política en una puesta en escena con representaciones del catolicismo, danzas en las que los hombres usan faldas y donde hay un cartel que dice: ‘El folclor es andrógino’. “En otros momentos se usaron los símbolos como en Madeinusa. Así que llegamos a la conclusión de que no les fastidia que se usen los símbolos, lo que les fastidia es que los use un homosexual”.












