Plazo de enmiendaLo del Congreso esta semana ha sido pantomima y, como tal, m�s falso que un euro de cart�nPedro S�nchez, en el Congreso de los Diputados.EFEActualizado S�bado,
junio
23:04Audio generado con IAEn los jardines de la Casa Blanca, convertidos en una suerte de Coliseo romano, Donald Trump se autorregal� un combate de la UFC y celebr� ver el rostro de Topuria transmutado en Ecce Homo. Gaethje dej� al hispanogeorgiano como un Cristo y a Trump eso le encant�, no en vano la victoria era de un estadounidense y ya se sabe: America first. Pura coherencia la del Ner�n yanqui.En el hemiciclo de la Carrera de San Jer�nimo, convertido en cuadril�tero de lucha libre desde hace ya mucho tiempo, el espect�culo que se oferta tampoco deja de escalar en capacidad para asombrar al p�blico. F�jense si aqu� somos originales que, a diferencia de lo ocurrido en la Casa Blanca, lo que una bancada recibe con jolgorio no es la tunda propinada al adversario, sino el gancho que ha dejado KO a su favorito.No, no se llamen a enga�o. Lo del Congreso esta semana ha sido pantomima y, como tal, m�s falso que un euro de cart�n. Una puesta en escena con risas y aplausos enlatados. Lamentable, s�, pero de mentira.A Pedro S�nchez, la misma C�mara que le aup� a La Moncloa ahora le ense�a la puerta de salida. Y no solo con bla bla bla desde la tribuna. No. Esta vez ha sido con votos brillando en el marcador. Es cierto que lo aprobado en el Congreso -�v�yase, se�or S�nchez!- no obliga jur�dicamente al aludido, pero no es menos verdad que pone de manifiesto que, aqu� y ahora, se ha quebrado uno de los principios fundamentales de las democracias parlamentarias, ese que dice que un presidente lo es porque cuenta con la confianza mayoritaria de los representantes de los ciudadanos en los que reside la soberan�a nacional, esos que con su voto deciden. Y la confianza, se mire como se mire, hay que alimentarla para conservarla. Es un bien consumible, no perpetuo, no inagotable. Si un mandatario la pierde, no hay otra, se tiene que marchar.Claro que, todo esto de los principios democr�ticos a S�nchez parece importarle una higa. O menos. Al tortazo que le propin� la mayor�a absoluta del Congreso -y tambi�n la del Senado- respondi� ri�ndose. Curiosa mezcla de miedo, soberbia y desprecio. Una risa acompa�ada por los aplausos de una clac aleccionada sobre la campana para tratar de amortiguar el descalabro humillante del jefe.�Aplaudid!, y todos bat�an palmas, algunos con cara de extrav�o intentando asimilar el sentido de una orden que les zambull�a en un pozo de verg�enza y rid�culo porque, en realidad, estaba planificada para glorificar un resultado que La Moncloa, en su preocupante desajuste con el mundo real, cre�a que iba a ser justo el contrario.�Y, �ahora?�, me pregunta un viejo socialista desde el otro extremo del mapa. �Ahora, nada. A resistir�, le respondo. No nos decimos nada m�s. S�nchez seguir�. Todo lo que pueda. Se aferrar� si cabe con m�s fuerza a un poder al que se le est� borrando peligrosamente el certificado de legitimidad.Y no, no es posible blanquear tanto deterioro con una salva de aplausos ni con discursos serviles ni con lloriqueos victimistas ni con una catarata de porcentajes maleables ni se�alando a los jueces ni con tuits tabernarios ni esgrimiendo las culpas del otro como si eso purgara las propias. Lo que se ve es lo que hay y todo es demasiado feo. Game over.










