Al presidente que anhela el premio Nobel de la Paz le gusta la sangre. Donald Trump celebró la noche de este domingo sus 80 años con una velada de combates de UFC, en el ring octogonal que se montó en el jardín sur de la Casa Blanca. Siguió a pie de lona, junto a la primera dama Melania Trump, esa exhibición de brutalidad. Incluso ensañamiento. Cuando un contendiente queda tendido en el suelo, el otro tiene derecho a macharlo.Esos tipos semidesnudos hacen algo así en un bar y los detienen. Aquí le llaman artes marciales mixtas. Para cualquiera que desconozca esta práctica, el denostado boxeo es un deporte de caballeros ante este espectáculo brutal, en una jornada, vinculada también al 250 aniversario de Estados Unidos (el próximo 4 de julio), que tuvo el vestuario en la residencia presidencial y contó con un cartel de siete combates. La pelea estrella era la que enfrentó al hispano georgiano, Ilia Tupuria, el imbatido, contra el estadounidense Justin Gaethje.Al margen del combate, la polémica fue el comentario de otro luchador, Josh Hokit: “Michelle Obama es un hombre”Topuria, de 29 años y gran favorito, puso en juego su mundial de peso ligero ante Gaethje, de 37 años y sus mejores días en el pasado. El aspirante le pegó una paliza monumental. El rincón de Topuria tiró la toalla al acabar el cuarto asalto (de cinco), después de que el luchador se negara a hacer caso al médico cuando concluyo el tercer asalto. Aguantó en pie, pero maltrecho, otro correctivo demoledor para regocijo de los espectadores.El hispano-georgiano Ilia Topuria en un momento del combate. Octavio Guzmán / EFELa retirada se produjo cuando tenía el rostro totalmente desfigurado, los ojos prácticamente cerrados por los golpes, daba la impresión de estar grogui y se dirigió a su rincón tambaleándose. Un triste final para el único campeón invicto de la UFC. Perdió su título de los ligeros y algo más.La escenografía antes del arranque resultó entre impactante y ridícula. Los dos rivales salieron, por separado, del Despacho Oval, el centro mundial del poder, y recorrieron el pasillo hasta salir al exterior y dirigirse a la jaula. A Topuria le pusieron su himno, La canción del Mariachi.La victoria del estadounidense electrizó a los 4.300 espectadores, entre estos el presidente, parte de su familia y las figuras más relevantes de su gabinete, que no pararon de gritar U-S-A cuando vieron que Topuria estaba destrozado, tras recibir una retahíla de puñetazos en la cara, codazos en la cabeza patadas o rodillazos en su cuerpo, que aquí vale todo. La lona estaba llena de manchas de sangre, señal de la violencia de esta práctica incalificable. Resulta difícil ver esto. El ruido de los mamporros se escuchaba perfectamente en la retransmisión. El apodado El matador se presentó como doble campeón de la UFC (en el peso ligero y en el pluma), pero destacaba sobre todo porque tenía un registro de 17-0 en su carrera y era el que llevaba más tiempo sin perder. Los comentaristas indicaron que su derrota era “el mayor batacazo” que habían visto. Trump y Melania felicitaron al nuevo campeón y entraron en la jaula a conversar con Gaethje y su equipo.El hispano georgiano no fue rival. Tuvo su oportunidad en el segundo asalto, pero el estadounidense resistió. Tras pasar por su rincón, recuperó el aliento y, al poco de volver a la pelea, conectó un duro golpe en la cara de Topuria que quedó casi inconsciente con varias heridas. Ahí empezó un calvario de casi diez minutos, en dos asaltos, mientras el público pedía más y más sangre.El alicantino de adopción fue uno de los elegidos para esta fiesta a mayor gloria de Trump. En realidad era el principal protagonista de la noche y de una experiencia, al margen de la derrota, que nadie se habría podido imaginar no hace tanto tiempo, señal de la evolución de este país. Los luchadores salían de la Casa Blanca, que ejerció de vestuario para ese ring de 60 millones de dólares bautizado como The Claw (la zarpa), un arco metálico en forma de nave espacial de poderosa iluminación y sonido.Justin Gaethje, el ganador. BRENDAN SMIALOWSKI / AFP“El gigantesco estadio de la UFC que se eleva sobre la Casa Blanca hace que parezca un poco como si la residencia del presidente hubiera sido colocada dentro de una bola de nieve. O quizá como si un depredador alienígena con una boca de acero hubiera descendido sobre el centro de Washington para llevarse por teletransporte al poder ejecutivo”, ironizó Philip Kennicott en The Washington Post.“Para quienes están enfadados por esta incursión del entretenimiento comercial en terrenos del Servicio de Parques Nacionales, y por la incorporación de un espectáculo al estilo Las Vegas en las celebraciones del 250 aniversario de la nación, la locura de un combate de la UFC en la Casa Blanca resulta evidente por sí misma. Solo hace falta ver las imágenes del antes y el después de la antigua y solemne serenidad aislada de la residencia, frente a la mezcla actual del caos de obras y el brillo tipo Times Square en los terrenos de la Casa Blanca”, remarcó Kennicott.Así que para los luchadores en general y Topuria en concreto no resultó tan extraño, superado esa sorpresa inicial, pelear en este ambiente en el que se perdió el sentido institucional de la presidencia.Este proyecto multimillonario, un auto regalo muy caro que se ha hecho el presidente, se interpreta como el último intento de Trump de utilizar el deporte y el entretenimiento para proyectar fuerza en el escenario nacional, y sirve como muestra de sus estrechos vínculos con la UFC y su base de aficionados. Solo al 16% de los estadounidenses, según una encuesta de Reuters/Ipsos, le pareció apropiado que la Casa Blanca celebre combates de lucha.El combate entre Topuria y Gaethje culminó la jornada muy pasada la una de la madrugada de este lunes. Al margen de hitos de la derrota del campeón, lo más definitorio de la sesión fue el comentario de Josh Hokit, quien ganó su combate y exhibió sin tapujos el tono de masculinidad tóxica y racista que rodeó este espectáculo.“Hay que reconocerle a Trump que tuvo los huevos de organizar esto”, dijo. “Michelle Obama es un hombre. No es así, América?, proclamó. Luego, al dirigirse a los vestuarios, esto es, al interior de la Casa Blanca, le colgó su cadena a Trump, que le agasajó por su victoria y su dedicatoria.