Un patio de colegio. Así han descrito algunos de los presentes el almuerzo del presidente de EEUU, Donald Trump, con sus senadores. Y todo porque Trump ha querido aprovechar para reprender este miércoles cara a cara a los senadores republicanos por permitir, y perder, la votación para bloquear su guerra en Irán.

Esa derrota ha conseguido agravar aún más un cisma que ha distraído al Partido Republicano de centrarse en cuestiones de asequibilidad en este año electoral, paralizando gran parte de la actividad de la cámara, donde apenas se han aprobado leyes desde el inicio de la legislatura.

Trump había avisado de que aprovecharía la reunión a puerta cerrada para presionar a los senadores a que aprobaran su proyecto de ley sobre la prueba de ciudadanía para votar. Sin embargo, la conversación se centró en la votación sobre los poderes de guerra, una medida más política que efectiva que permite al Congreso reprender las acciones militares de la Administración Trump.

La Cámara de Representantes aprobó su propia versión de la resolución a principios de junio.

Así, Trump se encaró directamente con los cuatro senadores republicanos que votaron junto a los demócratas a favor de la resolución —Lisa Murkowski, de Alaska; Susan Collins, de Maine; Rand Paul, de Kentucky, y Bill Cassidy, de Luisiana— tras tildarlos de “perdedores” en las redes sociales.