Todo el asunto del estanque del monumento a Lincoln me tiene fascinado. La reforma que anunció Donald Trump el pasado mes de abril se ha convertido en un episodio que rebasa lo absurdo, pero que permite entender cómo funcionan los populismos y por qué los fieles son irrecuperables, al menos a corto plazo. Veamos:Primero, hay que buscar un problema. Da igual si es real o no, lo importante es presentarse como el salvador que todo el mundo esperaba (aunque nadie esperase nada). Trump anunció una reforma del estanque para mejorar su aspecto con vistas a las celebraciones del 4 de julio, 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos. Prometió, cómo no, una obra más rápida, más barata y mejor que las anteriores para reparar las fugas y pintar el fondo de color azul. Parecía fácil, pero ya sabemos que las reformas se complican con una facilidad pasmosa, sobre todo si la ejecución se asigna a dedo, como recogía EL PAÍS.Segundo, celebrar la victoria. El 6 de junio y tras una inversión de 14 millones de dólares, la obra termina y hasta tiene buena pinta. Durante unas horas todo es maravilloso (para Trump). Puede colgar fotos del antes y el después, y menospreciar las reparaciones fallidas de Barack Obama y Joe Biden. E imagino que se sorprendería al ver que uno de sus críticos más acérrimos, el escritor Stephen King, decía en X que había quedado estupenda. Tercero, ignorar las críticas. A pesar de las primeras impresiones, la obra ha resultado ser una chapuza y solo horas después de llenar el estanque empiezan a aparecer algas. Al usar agua del río Potomac, rica en nitrógeno y fósforo, las algas se pueden reproducir más fácilmente, como explica Los Angeles Times. Además, el color azul del fondo, tan americano, absorbe más calor, lo que también las beneficia. Pero nada debe empañar la celebración así que lo mejor es negar el problema: no hay algas y lo único verde es la cara de envidia de los demócratas.Cuarto, echarle la culpa a los demás. Llega un momento en el que es innegable que el agua está verde (muy verde). Pero el problema no es la reforma, sino los vándalos y saboteadores, a quienes se amenaza con hasta 10 años de cárcel. Ya de paso, hay que proteger el estanque con ayuda del ejército, aunque eso no evita que los turistas y los curiosos tomen fotos que luego acaban convertidas en memes en los que aparecen monstruos mutantes. Más chistes: Trump es el único presidente al que ha vencido un organismo unicelular (@sarra_bellus) o, como decía una lona en una carretera de San Diego, Trump pierde guerras incluso contra las algas.Quinto, alimentar el caos. El campo de batalla ya no es el estanque, que se repara lenta y trabajosamente, sino las redes sociales. Puede parecer obvio que la obra ha sido una chapuza, pero desde 2016 la realidad es cada vez más maleable. Si Trump y los suyos se atreven a negar, por ejemplo, la evolución de los datos macroeconómicos o el efecto de los aranceles, cómo se van a amilanar ante un estanquito de nada. En redes resulta fácil presentarse como víctima y defender que la culpa es de algunos vándalos que habrían rascado la pintura. Los detenidos aseguran que solo recogieron trozos que flotaban, pero Trump ya hablaba este martes de alguien que reventó el suelo con un cuchillo, por supuesto, sin ninguna prueba. Y siempre hay hueco para las teorías de la conspiración, como la que acusa a los antifa de haber llenado el estanque de algas. El objetivo es imposibilitar cualquier intento de conversación racional y que los fieles dispongan de material al que agarrarse para echarle la culpa a la izquierda.Sexto, volver a celebrar la victoria. No hemos llegado aún, pero una vez sembrado el caos, el terreno está también sembrado (de algas) para que Trump vuelva a presentarse como el gran genio y arquitecto de la nueva Washington. No es difícil adivinar que esto pasará con el estanque, igual que con la guerra de Irán cuando se firme el acuerdo de paz: el Gobierno habrá gastado muchísimo dinero para dejarlo todo algo peor o, con suerte, igual que antes, pero Trump no dudará en decir que es el mejor estanque de la historia. Aunque se vea obligado a anunciar el mayor estanque de algas del mundo.