El verano apenas acaba de empezar y las cifras ya dibujan un escenario preocupante. En lo que va de año, ocho menores han muerto ahogados y se han registrado un total de 36 incidentes, una estadística que suele dispararse con la llegada de las altas temperaturas. Detrás de cada número hay una tragedia que se perpetra en cuestión de segundos.

“El ahogamiento de los niños es silencioso, eso es lo que hace que no nos demos cuenta”, advierte Luis Miguel Pascual, director técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo y responsable de investigación de la Asociación Española de Técnicos de Salvamento Acuático y Socorrismo (AETSAS).

Esperar gritos o chapoteos es un error, los expertos aseguran que solo se precisan 27 segundos para que un menor que no sabe nadar comience a ahogarse y entre dos y cinco minutos para que fallezca como consecuencia del ahogamiento.

“No le oyes llorar, no le oyes gritar, a lo mejor no le vas a oír ni siquiera el chapoteo... no va a producir un ruido como el de un adulto”, explica Pascual. Porque cuando a un menor se le queda la cara sumergida en el agua y no tiene capacidad para sacarla, también desaparecen sus posibilidades de pedir auxilio. Por eso, cualquier distracción del adulto responsable puede ser crítica.