La dignidad humana nos reconoce como personas y da sentido a nuestro derecho a ser, independientemente de nuestras características personales, sociales o económicas. Durante demasiado tiempo a lo largo de la historia a las personas con discapacidad se nos negó ese derecho a ser. Se nos negó el voto, se decidió sobre el cuerpo de las mujeres sin su consentimiento —esterilizándolas al margen de su voluntad— o se nos segregó en escuelas e instituciones, fuera de la socialización con los demás. No fue una excepción: fue un sistema. Un paisaje cotidiano por el que transitábamos las personas con discapacidad, asumiendo como natural esa hostilidad impuesta, que hoy hemos corregido desde el activismo, la disidencia y la resistencia.Para entender ese derecho a ser en nuestras vidas es necesario revisar con rigor el lenguaje, las leyes y las relaciones sociales. Hay que desmontar la idea que mide la valía y la pertenencia de las personas según su capacidad funcional, como si existiera una 'normalidad' humana única. Este mal social y político se llama capacitismo y es el freno a nuestra emancipación. El capacitismo tiene que erradicarse con nuevas narrativas que nos saquen de espacios 'especiales' o 'excepcionales', y con lenguajes que nos ubiquen en la regularidad y en lo cotidiano.Nuestros cuerpos han sido durante mucho tiempo un territorio en conflicto: se han patologizado y el diagnóstico ha marcado nuestra existencia durante décadas. Incluso en muchos casos llegamos a interiorizar ese relato, como si la discapacidad no incluyera una vida sexual, afectiva, social, laboral o política plena. Por eso tenemos que reivindicar nuestra liberación, el respeto y también el orgullo. Es el momento de despenalizar la diversidad humana: ahora toca celebrarla.Y hoy nuestras vidas, atravesadas por la interseccionalidad, ya están reconocidas como derechos en el BOE. Así lo recogen la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, la Estrategia Española sobre Discapacidad y, si el Congreso de los Diputados lo aprueba, también quedará blindado en la reforma de la Ley de Discapacidad.Cuando las causas van de la mano hacen posible que en España las personas con discapacidad icemos la bandera arcoíris en el OrgulloLa mejora del bien común solo se comprende desde la acción comprometida de los movimientos sociales, llamados a entenderse, porque las causas no son neutras ni únicas: la lucha antirracista debe ser feminista, el ecologismo debe ser inclusivo y la defensa de la paz no puede obviar los derechos LGTBI+.Cuando las causas van de la mano hacen posible que en España las personas con discapacidad icemos la bandera arcoíris en el Orgullo, que ejerzamos el matrimonio igualitario, que reclamemos apoyos y accesibilidad universal para vivir con plena autodeterminación de la identidad de género, y que participemos con voz propia en espacios como el primer Congreso Estatal de activistas LGTBI con discapacidad, donde afirmamos nuestro derecho a ser.Ya no hay lugar para la vergüenza ni para el miedo. Sabemos que la discriminación no tendrá la última palabra.