La Embajada de Suecia en España acaba de lanzar una campaña para convencernos de que en realidad sus ciudadanos no son tan s(u)ecos, que el tópico español que los identifica como fríos, distantes, secos y serios está totalmente alejado de la realidad y que es más producto del desconocimiento que otra cosa. Según un estudio realizado junto a YouGov, es la creencia que comparte un 38% de los españoles, aunque un 40% reconoce tener poca familiaridad con el país y un 16% admite no saber definir qué rasgos caracterizan a su sociedad. A la vez, sitúan a Suecia entre los países mejor valorados en cuanto a calidad de vida, tiempo libre o la importancia de la familia y las relaciones personales. Pero el prejuicio se impone. Bueno, me siento francamente abrumado con el éxito de convocatoria. Me llevo todos los retos de vacaciones para estudiarlos concienzudamente y haceros una propuesta en firme en septiembre. Mientras, os dejo con la campaña que hemos hecho para demostrar que no somos tan s(u)ecos,… pic.twitter.com/TqTfeq4O1S— Per-Arne Hjelmborn, Embajador de Suecia en España (@EmbajadorSuecia) June 24, 2026

El embajador Per-Arne Hjlemborn está decidido a desafiar tanto estereotipo y, junto a algunas de las empresas más representativas de su país, como Ikea, Volvo o AstraZeneca, ha lanzado una campaña aprovechando que este año se celebra el 400 aniversario del nacimiento de la Reina Cristina (de Suecia, claro) con un vídeo que ya acumula más de medio millón de visualizaciones en X y que ha recibido el aplauso casi general de sus seguidores. Lo cual tiene su mérito en una red social cada vez más polarizada y extrema. La Embajada ya impulsó una iniciativa parecida en 2025, entonces para resignificar la expresión “hacerse el sueco”. No tan s(u)ecos estará acompañada a lo largo del otoño de un programa de actividades vinculadas a la literatura, la música, la ciencia y la innovación. En ellas participarán autores y creadores de referencia como Theodor Kallifatides, Sara Stridsberg y Liv Stromquist. Es un ejemplo de manual del famoso soft power (poder blando), la capacidad de un país para influir en otros mediante la atracción y la persuasión —a través de su cultura, valores políticos y políticas exteriores— en lugar de la coerción militar o económica. Estados Unidos ha sido durante décadas la potencia líder en soft power y sus empresas y su economía se han beneficiado enromemente de ello, aunque su ejercicio parece en claro retroceso con la actual Casa Blanca. Fue el politólogo Joseph Nye quien acuñó el término y el concepto de soft power, que definía como la capacidad de conseguir lo que se quiere de otro mediante la atracción, no la coerción. Y Suecia lleva décadas perfeccionando esa gramática: el modelo social como marca, la sostenibilidad como credencial, la innovación y la creación como aspiración. Sus empresas no venden solo productos, exportan una determinada forma de entender el progreso. La imagen del país es también política industrial. El acierto de la campaña pasa, además, por su capacidad para provocar una sonrisa y demostrar sentido del humor. Justo lo que se cuestiona estos días en el Banco Central Europeo. Un candidato a formar parte el comité de personal del BCE ha tirado de parodia e inspirándose en el personaje de El dictador, interpretado por Sacha Baron Cohen, prometía en su campaña una “dictadura consultiva suprema”, sesiones de aplausos obligatorias, la abolición del pensamiento independiente y auditorías correctivas del bienestar. Según desveló Politico, para el banco la campaña sobrepasaba “el grado de exageración retórica compatible” con las normas éticas de la entidad y sancionó al candidato. La disputa se enmarca en un conflicto más amplio entre los representantes del personal y la dirección del BCE sobre el derecho a la libertad de expresión y que, en un caso aparte, ha llegado hasta los tribunales. Es verdad que Suecia no forma parte del euro, pero quizás al BCE en ocasiones le convendría hacerse el sueco.