El pasado mes de abril, apareció la primera edición del libro Cuando los gais perdimos el miedo. Jordi Petit: infancia, juventud y activismo en el tardofranquismo y la Transición (1954-1980), de Jordi Petit e Isabel Alonso Dávila, publicada por la editorial Egales. La segunda edición acaba de aparecer en el presente mes de junio.PublicidadUna referencia en primer lugar a los autores del libro. Isabel Alonso Dávila es historiadora, sindicalista, viajera, mujer comprometida toda su vida con la defensa de los derechos y la democracia, docente en enseñanza secundaria tanto en España como en el extranjero durante largos años, creadora de materiales didácticos y escritora. Ya jubilada, mantiene actualmente una intensa dedicación a profundizar y divulgar la memoria histórica. Siendo universitaria en Granada, allá en los años setenta, sufrió la persecución del Tribunal de Orden Público, algo que ella misma relata en otras publicaciones suyas como la novela autobiográfica Como un pulso, publicada en 2020 por Caligrama Editorial; y Plaza de los Lobos (1968-1977) Memorias de estudiantes antifranquistas de la Universidad de Granada, publicado por la Universidad de Granada en 2024, del que es coordinadora y autora de un capítulo.Jordi Lozano González, conocido como Jordi Petit, nombre con el que firma también este libro, es educador social, escritor, y activista LGTBI. Fue un activo militante contra la dictadura franquista y luchador por los derechos del colectivo. Fue cofundador en 1986 de la Coordinadora d'iniciatives Gais (CIG), que se convertiría más tarde en la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya, de la que fue secretario general hasta 1999 y es actualmente presidente honorífico. En 2008, recibió la Creu Sant Jordi de Catalunya en reconocimiento a su importante trayectoria, ya que Jordi Petit es una figura pionera, un referente en la lucha por los derechos de las personas LGTBIQ+.La lectura de Cuando los gais perdimos el miedo nos hace tener presente inmediatamente la máxima feminista de "lo personal es político". A través de la historia personal de Jordi Petit, narrada en primera persona, lo que nos permite captar la calidez de las entrevistas de Isabel Alonso a Jordi Petit en que se basa el libro, éste nos sumerge en décadas de nuestra historia, concretamente las de los cincuenta, sesenta y setenta, es decir, franquismo, tardofranquismo y transición. El libro nos lleva de la mano desde la infancia de aquel niño nacido en el seno de una familia de clase media en el barrio de Sant Antoni del Eixample de Barcelona, hasta el joven universitario independiente, rebelde, luchador contra la dictadura y comprometido en el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), que hallamos al final del libro.Por ello, se organiza en cuatro partes, que se complementan perfectamente: la primera, dedicada a la infancia y la represión religiosa de aquel niño nacido en 1954, que cursaría el Bachillerato en el Colegio de los Salesianos; la segunda, dedicada a los recuerdos de la adolescencia de Jordi, quien se refugiaba en el estudio huyendo del bullying por su homosexualidad, que nos llevan a la tercera, la dedicada al joven universitario, comprometido ya en la lucha política antifranquista, a través de las Juventudes Comunistas y posteriormente el PSUC, las detenciones sufridas, el paso por las comunas urbanas y el cumplimiento del obligatorio servicio militar, para terminar con una cuarta parte dedicada a su incorporación al FAGC y las victorias obtenidas en aquellos años finales de la década de los setenta. La historia personal de Jordi se combina perfectamente con la narrativa de hechos históricos y la visión general de la situación social.PublicidadDesde mi punto de vista, hay dos posibles lecturas de este libro, una la de quienes compartimos con Jordi, por edad, las estrechas e irrespirables paredes de la pecera en que nos ahogaba la dictadura franquista durante nuestra infancia, adolescencia y quizás primeros años de juventud, y compartimos también, en mayor o menor grado (muy menor el mío, muy importante el suyo), algunas de las experiencias de rebeldía, ansias de libertad, deseos de transformación, compromiso político y social y actividades clandestinas. De ese punto de vista, hablaré más tarde.La otra lectura es la de quienes no vivieron esa época. La de quienes nacieron ya rotas, o al menos resquebrajadas, las altas murallas de la dictadura; la de quienes solo han conocido esa España de oscura represión, política y también de todo deseo y libertad, a través del cine, la literatura o las referencias familiares; la de quienes pueden haber crecido creyendo que la España de La Escopeta Nacional solo existió en la ficción. Para este público, el libro puede ayudar a conocer un poco más y mejor la represión cotidiana, el adoctrinamiento permanente, la culpabilización del deseo juvenil y adolescente, la larga sombra de la dictadura que se prolongó en la transición y quizás siga todavía proyectando sus tentáculos en el presente. NO, en dictadura nunca se vive mejor. NO, con Franco no se vivía mejor.Para quienes sí vivimos aquellas décadas, Cuando los Gais perdimos el miedo, nos provoca una profunda identificación con muchas de las situaciones, experiencias, e incluso aparentes anécdotas, a que Jordi hace referencia. Resaltaría la permanente sombra del riesgo de cometer "pecado" atenazando nuestras vidas. Con la ironía de que la obligación de "preservar la moral", de "evitar las tentaciones", de no "cometer pecados" estaba siempre relacionada con la represión del deseo sexual, no con otros comportamientos como la violencia ejercida por los varones, los fusilamientos, las torturas o la explotación de la clase obrera, por ejemplo. Todo ello nos colocaba durante la infancia y la adolescencia bajo dos grandes elementos de control, represión y dominación: el miedo y la culpa. Desde la escuela, los actos religiosos celebrados en la iglesia, y aquellos cines instalados en las parroquias o en los colegios religiosos a que Jordi hace referencia en sus recuerdos, todo el tiempo de la vida infantil y juvenil quedaba atado y bien atado bajo los mensajes del peligro del infierno. Sin olvidar que, sobre todo, el "pecado" más abominable era la presencia de cualquier tipo de deseo sexual para las chicas y el deseo homosexual para los chicos.PublicidadAdemás, en esa sociedad gris que nos describe Jordi, la violencia contra las mujeres se normaliza, ignora, invisibiliza, como si la bofetada o incluso la paliza del marido a su esposa fueran parte inevitable de la vida cotidiana, que suceden en el sonoro silencio que las delgadas paredes de las viviendas no pueden acallar.Ahora bien, la lectura de Cuando los Gais perdimos el miedo, nos hace asimismo evocar la rebeldía, las resistencias, los avances, las transformaciones sociales, los logros obtenidos. En ese sentido, nos permite identificarnos también con las diferentes formas de búsqueda de oxígeno que poníamos en marcha a través de la lectura, en muchos casos de obras prohibidas por la censura, el cine, la música o los viajes a ciudades como París y Londres, que eran nuestros faros en la búsqueda de la libertad, así como la participación en actividades clandestinas. Experiencias que muchas y muchos compartimos, sin olvidar a quienes les arrebataron la vida en el intento, no solo durante la dictadura, sino durante la no modélica transición y los albores de la democracia. Jordi fue uno de esos jóvenes universitarios muy comprometidos con dos causas, creo que para él inseparables: la defensa de los derechos políticos y sociales de toda la población y la defensa de los derechos de las personas LGTBIQ+.Para terminar esta invitación a la lectura del libro de Jordi Petit e Isabel Alonso, con unas frases del epílogo redactado por Carles Vallejo Calderón, presidente de la Asociación Catalana de Personas Expresas Políticas del Franquismo (ACPEPF):"Cuando los gais perdimos el miedo. Jordi Petit: infancia, juventud y activismo en el tardofranquismo y la Transición (1954-1980), completa memorias democráticas que en los tiempos de la Transición no fuimos capaces de asumir en su totalidad, de integrarlas en un relato histórico del antifascismo apuntalado desde la cultura hegemónica de aquella época, patriarcal, machista y excluyente. De vivir en democracia resultan muchas lecciones y aprendizajes. En nuestra cultura antifascista, una de ellas, quizás la lección más importante, ha sido comprender y asumir que todas las vertientes del dolor, la indignación y la subversión generadas por el abuso de poder merecen igual atención y reconocimiento. Ante el fascismo y demás regímenes autoritarios sufren y combaten mujeres y hombres por sus ideales de liberación, pero también sufren y luchan por su condición niños inquietos, mujeres oprimidas, abuelos y abuelas maltratadas y hombres y mujeres que desean amar libremente".Porque lo personal es político y sin justicia política no se pueden alcanzar ni ejercer los derechos individuales.
Cuando los gais perdimos el miedo
Cuando los Gais perdimos el miedo, nos hace evocar la rebeldía, las resistencias, los avances, los logros obtenidos
















