Es una regla b�sica de las buenas narraciones: ir de lo particular a lo universal. Eso hace, a su manera, el recientemente traducido y publicado en Espa�a Gay Bar. Fragmentos de aquellas fiestas (Ed. Capit�n Swing) del escritor y ensayista estadounidense Jeremy Atherton Lin. El libro es un desacomplejado recorrido por locales de ambiente gay de todo tipo. Estos lugares le sirven a Atherton Lin como puerta literaria para contar sus historias. Las historias de los bares, la del propio autor y la de una buena parte de la cultura gay de las �ltimas d�cadas. �Nunca me plante� otra cosa que no fuese escribir algo autobiogr�fico. Y me pareci� preocupante que cuando sali� el libro [en 2021, en EE.UU] la gente se lo tomase como si fuese una experiencia cultural exhaustiva. Yo podr�a haber hablado tambi�n de mi experiencia en diferentes colegios o en otros espacios por los que me he movido�. Pero escogi� los bares y discotecas enfocados a hombres homosexuales, �unos lugares que ahora quiz� ya no molen y est�n operando m�s all� de su fecha de caducidad�. Esa idea, que planea a lo largo de todo el libro, es alternativamente sostenida y refutada por este autor que prefiere explorar las contradicciones y las paradojas de esos espacios y su significado a apuntarse a tendencias que, aunque solo sea por edad, no le pertenecen. Jeremy Atherton Lin, que est� en la cincuentena, es �suficientemente mayor como para no haber usado la expresi�n espacio seguro� durante la mayor parte de su vida. Pero muchas de las historias (y los espacios, y las personas) de Gay Bar ilustran esa idea, la del espacio cuya segregaci�n es protectora y (ojo: palabra problem�tica) �necesaria�. Los bares gais han sido muchas cosas a lo largo de su historia, muchas cosas a la vez. �Sin duda han sido entornos de creaci�n, con [el neoyorquino] Stonewall siendo el ejemplo m�s famoso de activismo, solidaridad y encuentro, pero tambi�n han sido sitios problem�ticos, alienantes para muchas personas que decid�an entrar en ellos�. Lo de �encuentro� tiene, por supuesto, un significado sexual que Jeremy Atherton Lin ni esquiva ni olvida: �S� que he incomodado a algunos con la idea de que una de mis motivaciones para acudir a esos lugares era follar. Eso me result� sorprendente. Supongo que, especialmente los lectores m�s j�venes, pensaban que hab�a algo m�s noble en esas pistas de baile. Yo ten�a ganas de m�sica, de bebida y de cuerpos. Mentir�a si dijese que esos no eran mis motivos para salir e ir de fiesta. Pero a veces ah�, aunque s�lo sea fugazmente, aunque solo sea durante un momento, aparece esa idea de comunidad. Puede ocurrir mientras suena un determinado tema de Rihanna y todo el mundo baila en comuni�n, o en una org�a en el cuarto oscuro cuando alguien recibe cari�o genuino, alguien que realmente lo necesita. Esos momentos existen, s�, pero no es lo que yo buscaba cuando socializaba en esos lugares�. Para saber m�sY es que Atherton Lin describe lugares y tiempos que para las generaciones m�s j�venes suenan casi prehist�ricos. �Creo que alguien de veintitantos puede escuchar historias de los a�os 90, que no es hace tanto, como si fuesen del siglo XIV. Cuando Grindr no exist�a, cuando la gente queer no exist�a, cuando hab�a hombres, mujeres, travestis y a lo mejor alguna drag queen, pero todo eso que hay entre medias no exist�a�. Gay Bar se escribe en un momento en el que los bares que pueblan sus p�ginas est�n desapareciendo. Unos se adaptan, �abri�ndose� a p�blicos m�s generalistas, otros, al contrario, se repliegan en su faceta m�s sexual y reservada a los hombres que buscan hombres… y muchos cierran. En su libro, Jeremy Atherton Lin describe (con un lujo de detalles juguetonamente provocador) sex clubs s�rdidos que celebran la hipermasculinidad, refugios de m�sica indie y vaqueros pitillo, chispeantes discotecas de la �poca pre-sida y locales donde la bebida y la m�sica conviven con el activismo y la reivindicaci�n. Que todos formen parte de su propia vida es una de las aparentes contradicciones que su libro explora. Otra, �sta especialmente inc�moda, es que los bares gais se hayan adelantado en eso de creer que ya no eran necesarios. Gay Bar. Fragmentos de aquellas fiestas, se publica en Espa�a cuando se cumplen 10 a�os de la tragedia del club Pulse, en Orlando. Con 46 v�ctimas, ese tiroteo fue el mayor ataque directo a la comunidad LGTBI de la historia de Estados Unidos. �Los bares gais son una forma de autodiscriminaci�n, pero eso tambi�n los hace lugares de protecci�n. Y tambi�n los convierte en un objetivo. Tenemos demasiados ejemplos de ataques a bares gais�.A bares… y a personas. En Gay Bar se nos recuerda la historia de Oliver Hemsley, brutalmente asaltado en 2009 en Shoreditch, un barrio londinense que se enorgullec�a de su diversidad, modernidad y tolerancia. Todo eso, como bien cuenta Jeremy Atherton Lin, que entonces viv�a en Londres, era compatible con una creciente homofobia que, en casos extremos como el de Hemsley, terminaba en tragedia. �As� funciona el mundo�, dice, �las personas se convierten en objetivos por su identidad�.Fotograf�a de la puerta del Nautalis, legendario local de ambiente de la periferia de Sidney (Australia)FairfaxLa de gay, la de hombre homosexual, es la identidad desde la que �l escribe su libro. Es �una identidad que me han puesto otros�, reflexiona, y con la que, sin embargo, est� c�modo. Hoy, el paradigma es diferente y las identidades son variadas y autogeneradas, pero las contradicciones siguen: �En los nuevos bares hay muchas normas, tienes que pedir permiso incluso para hablar con alguien, para interactuar. Y creo que as� podr�as estar incurriendo en los mismos prejuicios que en teor�a est�s intentando evitar. Quiz� no quieras hablar con alguien que te parece demasiado mayor, o un poco asqueroso, y a veces alguien que te parece un poco asqueroso realmente lo es, pero tambi�n podr�as estar perdi�ndote la oportunidad de escuchar opiniones diferentes. Yo mismo tengo un aspecto camale�nico y mi edad o mi origen �tico pueden ser le�dos de maneras muy distintas. Eso te pone en una posici�n en la que el otro puede proyectar determinada identidad sobre ti�.Gay Bar. Fragmentos de aquellas fiestas hace paradas en Nueva York, Londres o Los �ngeles, ciudades grandes en las que, de entrada, la idea de una comunidad gay es viable. Pero, nuevamente, el libro no es sino un recorrido personal por los lugares que su autor conoce de primera mano. Su San Francisco es, en cierto modo, un para�so entre la utop�a y el disparate. Por un lado, la ciudad californiana es, para Jeremy Atherton Lin, una urbe donde es dif�cil triunfar, pues impone un dur�simo techo de cristal para los creadores culturales, �como ese cubo lleno de cangrejos en el que los cangrejos que est�n a punto de alcanzar el borde y escaparse son saboteados por otros cangrejos que, desde debajo, les impiden ascender�. Pero San Francisco tambi�n fue el sitio donde este creador cultural empez� a conectar �no s�lo con hombres gais, sino tambi�n con hombres trans, mujeres lesbianas e infinidad de identidades distintas�. Una ciudad �un poco desastrada, incluso mediocre a veces, pero ahora que la veo con perspectiva fue una musa para m��. No sorprende la importancia para Jeremy Atherton Lin de esa San Francisco diversa y en algunos momentos poco comprensible para un hombre gay que, aunque no vivi� el c�nit (m�s bien el fondo) de la crisis del sida, tampoco puede extraerla de su experiencia como hombre. De su experiencia como hombre, como hombre homosexual y como hombre homosexual que firma un libro titulado Gay Bar y que es tan clarito como su propio t�tulo. �Mi tutor en el Royal College of Art siempre me dec�a que mis t�tulos eran muy oscuros, m�sticos y l�ricos y no dejaban claro de qu� iba el libro, as� que pens� que si publicaba uno titulado Gay Bar, la gente lo comprar�a como regalo para su amigo gay�, bromea. �Pero tambi�n hay algo conceptual en el t�tulo, algo como anacr�nico, como pasado de moda, algo un poco inspirado en la letra de esa canci�n de Frank Ocean�. Se refiere al tema Good Guy, concretamente a estos versos: Here’s to the gay bar you took me to / Here’s when I realized you talk so much more than I do. �Esto va por el bar gay al que me llevaste. Cuando me di cuenta de que t� hablabas mucho m�s que yo�. Jeremy Atherton Lin habla mucho. De un pasado oscuro y glorioso, hedonista y clandestino, pol�tico y sexual, europeo y americano, nocturno y cambiante. Tambi�n de un presente incierto. En la vida del autor, los derechos LGTBI conquistados conviven con los excesos del trumpismo. Jeremy responde desde California, pues se encuentra de promoci�n de Deep House, su �ltimo libro, pero su pareja ha preferido quedarse en Reino Unido, preocupado por el endurecimiento de las pol�ticas de extranjer�a de EEUU. Le pregunto a Atherton Lin si su pareja no est� con �l por miedo. �Por precauci�n�, me responde. Otra historia particular que quiz� alg�n d�a convierta en universal.