La corrupción política se ha convertido hoy en una de las principales preocupaciones de los españoles. Los sonados casos que salpican al entorno de Pedro Sánchez y al propio Partido Socialista Obrero Español (PSOE) han dejado al presidente más acorralado que nunca.Las acusaciones contra Begoña Gómez, esposa del presidente, por tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación de caudales públicos son muy graves. Tanto que el juez le impuso una serie de medidas cautelares, entre ellas el retiro del pasaporte para impedirle salir del país y la obligación de presentarse cada 15 días en el juzgado.No menos importante es el avance de las investigaciones judiciales contra su hermano, la llamada a declarar en tribunales del expresidente José Manuel Zapatero y la condena a José Luis Ábalos que han herido de muerte la credibilidad del Sánchez y la del PSOE.La demoledora sentencia del Tribunal Supremo, que condenó a Ábalos a 24 años de cárcel por constituir una organización criminal que cometió delitos de cohecho, tráfico de influencias y malversación de fondos públicos, certificó de forma definitiva la quiebra de aquella promesa regeneradora con la que Sánchez llegó al poder en 2018.El fallo hizo expresa mención a la pérdida de confianza ciudadana en las instituciones de la democracia debido a la corrupción del gobierno al quebrar la expectativa de que el poder democrático se ejerza en beneficio del conjunto de la ciudadanía.Ábalos no ha sido un dirigente cualquiera. Fue uno de los arquitectos del sanchismo, uno de sus colaboradores más estrechos durante los años decisivos de su ascenso al liderazgo del PSOE y, luego, a la presidencia del gobierno. Además, fue secretario de Organización del partido, ministro de Fomento y Transportes y, durante mucho tiempo, actuó como la mano derecha del presidente. Paradójicamente, Ábalos defendió en 2018 la moción de censura contra Mariano Rajoy por los escándalos que sacudían entonces al gobierno del Partido Popular (PP).La acumulación de las causas que salpican a Sánchez y a su entorno erosionan la autoridad moral necesaria para pedir sacrificios y ejemplaridad y cuestionan el discurso de tolerancia cero a la corrupción con el que llegó al poder.Nota de OpinionPedro SánchezEspaña