Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, compareció ayer ante el plenario del Congreso para dar explicaciones sobre la actual coyuntura política, tan solo dos días después de que José Luis Ábalos, exsecretario de organización del PSOE y exministro de Transportes, recibiera una condena de 24 años y tres meses de cárcel por su papel en el caso Mascarillas, y cuando otras causas de corrupción, de muy diverso alcance, son presentadas por la oposición como un cúmulo de escándalos que inhabilita al Gobierno.Esta circunstancia determinó el tono del pleno, muy bronco, como ya viene siendo costumbre. Sánchez trató, por una parte, de diferenciar la dimensión y consecuencias de los distintos casos, admitiendo unos, y recordando que sus protagonistas –Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán, Leire Díez– fueron ya apartados del PSOE. Calificando otros, como los que protagonizan su esposa Begoña Gómez o su hermano David, “de acciones coordinadas, ataques personales y mentiras que afectan a mi familia”. Del asunto relacionado con José Luis Rodríguez Zapatero subrayó que se halla en fase inicial y que el expresidente, cuyo legado político detalló y reivindicó, goza de su confianza.Además, Sánchez estableció diferencias entre la actitud de su partido ante los casos de corrupción y la de los populares, a quienes acusó de magnificar los ajenos y minimizar los propios; es decir, de doble rasero. Como era de esperar, nada de esto alteró la línea de Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, que no dudó en calificar a Sánchez de “nexo político corruptor” de las distintas tramas que afectan a figuras socialistas, y le dedicó un sonoro “la corrupción es usted”.Sánchez trató de rebatir que la corrupción afecte a todo el PSOE y Feijóo lo tildó de “nexo corruptor”Sánchez y Feijóo intercambiaron golpes ante una audiencia potencial que incluía a todos los españoles, pero en primera instancia se los propinaban con el propósito de influir en los partidos no mayoritarios, y en especial de presionar a las fuerzas que hicieron posible la investidura de Sánchez. Tampoco en este plano se produjo una novedad relevante.Es cierto que los reproches fueron in crescendo; que Junts lanzó la idea de condicionar su hipotético apoyo a los socialistas a que Sánchez diera un paso al lado y cediera el puesto de candidato a otro socialista; también que ERC no se ahorró pullas a Sánchez, o que Podemos pidió elecciones ya… Pero el mecanismo constitucional para hacer caer el Gobierno que ahora encabeza Sánchez, es decir, la moción de censura, que solo el PP podría encabezar, sigue siendo un mero deseo. Feijóo presionó a partidos que podrían inclinar la balanza en su favor y hacer viable dicha moción, y llegó incluso a responsabilizarles de que no la presente. Pero, al término del plenario, las cosas no eran muy distintas de cómo eran al principio.Es comprensible que el PSOE trate de sacudirse la imagen de “corrupción generalizada” que la oposición, con trazo grueso, le atribuye, y que haga distingos entre unos casos y otros. Es comprensible también que trate de defender sus logros sociales y alejarlos de la sombra de la corrupción. Incluso lo es que recuerde al PP que no debe arrojarle piedras puesto que no está libre de pecado. Pero es difícil olvidar que algunos de sus dirigentes traicionaron la confianza pública. Y que el momento político es particularmente agrio, por lo que no es previsible que el PP vaya a cambiar de estrategia. Su apuesta por la erosión constante del rival, con el inestimable apoyo de los ya mencionados socialistas corruptos, no le da malos resultados.El pleno del Congreso volvió a ser rico en descalificaciones y pobre en remedios efectivosAsí siguen PP y PSOE, enrocados en sus posiciones. Como si a los ciudadanos les gustara o divirtiera que los dos grandes partidos con posibilidades de gobierno que hay en el país se denigren en público, cada día con epítetos más ofensivos. Cuando lo que de verdad les interesaría sería que colaboraran para erradicar la corrupción, si realmente la consideran tan nociva como proclaman cuando afecta a su rival.Hace ya un año que el PSOE anunció medidas regeneradoras, contenidas en la ley orgánica de Integridad Pública, cuyo texto todavía no ha llegado al Congreso. Es algo difícil de entender, cuando la corrupción es el tema con el que unos y otros se llenan la boca a diario. ¿De veras quieren erradicarla? Pues legislen de modo efectivo para que deje de tener efectos tan corrosivos sobre la confianza popular en el sistema democrático. De cuestionarlo ya se ocupa la ultraderecha, que ayer volvió a sembrar injustificadas dudas sobre la limpieza de los procesos electorales en España.
Palabras o hechos contra la corrupción, por Editorial
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, compareció ayer ante el plenario del Congreso para dar explicaciones sobre la actual coyuntura política, tan solo dos días después de que José Luis Ábalos, exsecretario de organización del PSOE y exministro de Transportes, recibiera una...










