Cualquiera que albergue una mínima duda sobre lo que se está perpetrando en España, no tiene más que ver la impaciencia con la que el clan aguarda la caída del presidente del gobierno por la que tanto han trabajado. No logran entender que se resista al largo acribillamiento del que es objeto. Porque una cosa es la crítica a acciones de gobierno -dado que, aunque también lo intentan, las cifras van mucho mejor que en el pasado- y otra la sistemática destrucción de su persona y su entorno que practican. Otra vez, después de un fuerte golpe, el tío se levanta como si nada, piensan indignados. Que condenen por corrupción a su exministro y antiguo Secretario de Organización es grave; a 24 años, desproporcionado, y un agravio comparativo con otros casos similares que ni se tocan o sobreseen.
La prensa, organizada en la soflama golpista de Aznar “el que pueda hacer que haga”, a quien condena a toda plana otra vez es al presidente, dando por sentenciado “al sanchismo” y, por ciertas, muchas cosas más que tampoco están probadas. Muy definitorio otro dato: sin pudor alguno especulan con el “calienta, Julito”, dando por hecho que la escandalosa “condena” al corruptor Aldama, dejándole hasta el millonario botín de sus delitos, es una llamada a la delación con una diana precisa. No detallan si de la conocida como Fiscalía Anticorrupción o incluso del Tribunal Supremo. Pero si dejan claro que el soplo, cierto o no, va dirigido a cazar la pieza mayor: Zapatero. Julito se libra sean cuales sean sus supuestos delitos, pero cae el expresidente. Las irregularidades son tan manifiestas, el descaro es tan flagrante que cuesta entender cuele como lo está haciendo, hasta con aplausos. Repugna en estos términos.








