La mafia hegemónica en España se ensaña desde sus portadas, micrófonos, pantallas, las redes que monopolizan: ahora sí tienen a la presa acorralada, encañonada y sin salidas visibles, o eso creen. Ya pueden arrojarle el espejo de sus propias miserias y presumir de lo que carecen probadamente. Mafia llama al PSOE Ayuso, la que castigó con la expulsión de la presidencia del PP aquella ruptura de la omertá (la ley del silencio que imponía la Cosa Nostra siciliana) a Pablo Casado por haber criticado el negocio de las mascarillas de su hermano. Mafia repite Tellado y se emociona al imaginar que salen de la Moncloa los miembros del gobierno “con los brazos en alto”. La jugada es perfecta ya, piensan. Han hecho todos lo que podían y más, con disciplina y entusiasmo. A ver si cae de una vez la pieza que, vaya, si ha sabido resistirse.

Muchas veces nos hemos preguntado, también desde estas páginas, qué impedía a un gobierno democrático resolver problemas esenciales teniendo todos los instrumentos legítimos del Estado para operar. Tal vez a Sánchez le ha faltado una mayoría parlamentaria propia, pero no es excusa, dado que muchos avances han salido adelante pese a esa circunstancia por negociación y aritmética parlamentaria. Por tanto, ante el momento actual, reitero la pregunta para coincidir con las voces que no se explican cómo en lugar de usar a Leire Díez -si ha sido el caso- no expulsaron al ministro Marlaska. Para empezar. Porque habría que haber seguido por muchos otros desajustes. Son potestad del gobierno ceses y nombramientos, disposiciones varias. No sé si aún se puede decir: hay que, en presente como tiempo verbal.