Fuera de l�neaNinguna norma obliga a que S�nchez informe a tiempo real de los regalos que recibe, ni a que el Rey Juan Carlos siga d�ndose la vida padre sin ser excluido de la Familia RealZapatero, a su llegada el mi�rcoles a la Audiencia Nacional.APActualizado Domingo,
junio
23:13Audio generado con IAMucho est�n tardando los partidos con representaci�n en las Cortes en exigir una inmediata y exhaustiva auditor�a a Patrimonio Nacional y a la Direcci�n General del Patrimonio del Estado toda vez que gracias a Miguel Sebasti�n y a los entornos de ZP nos estamos enterando de que debemos de tener por ah� desperdigados y cogiendo polvo, en a saber cu�ntos almacenes, tal cantidad de obsequios a nuestros pr�ceres de maharaj�s extranjeros que podr�amos inaugurar un museo de relicarios que eclipse al ajuar de Tutankam�n, el magn�fico tesoro que deslumbra en el nuevo Museo de El Cairo. Que tiemblen el Prado y el Thyssen. Espa�a cada d�a se supera a s� misma por hacer gala de la etiqueta de berlanguiana. Claro que a los espa�olitos nos pone m�s la marcha de las escandaleras que empujar hacia una sociedad en la que lo p�blico est� regido por una real rendici�n de cuentas y transparencia efectiva. Nuestros pr�ceres son aventajados aprendices de Romanones: "Hagan ustedes las leyes y d�jenme a m� hacer los decretos".Pues eso. Aqu� contamos con c�digos de buen gobierno como el que se aprob� con el mismo Zapatero en Moncloa, ya hay que tener poca verg�enza y m�s cara que espalda, o leyes de transparencia y otras pijotadas que, como coinciden los expertos, tienen m�s agujeros que un queso gruyere y al final enumeran principios �ticos como el de que ning�n funcionario p�blico ni alto cargo de la Administraci�n pueda quedarse con ning�n regalo que exceda los usos de cortes�a, pero con poca plasmaci�n en el C�digo Penal para quien no lo cumpla y, sobre todo, sin mecanismos que al menos se lo pongan un poco m�s complicado a jetas y mangantes, como presuntamente ZP. Para empezar, porque al Consejo de Transparencia y Buen Gobierno se lo pasan por el forro de un sereno y nada obliga, por ejemplo, a que el inquilino de Moncloa en cada momento deba informar a la ciudadan�a de cada regalo que recibe por ser vos quien sos en tiempo real. Ocho a�os lleva S�nchez al frente del Ejecutivo y nadie sabe qu� agasajos le han puesto ante sus narices en todo este tiempo. Y al dejar el cargo har� como sus predecesores, esto es, difundir un pintoresco inventario de tributos, como los sables de plata o los colmillos de marfil que generaron tanto cachondeo en tiempos de Felipe o Aznar, sin que las gallinas est�n al cuidado de alguien m�s que el zorro que pueda dar fe del listado. De hecho, en n�mero fueron tan pocos los regalos que en su d�a se dijo que le hubieran llegado a los mencionados, igual que a Zapatero o Rajoy, que hay que estar muy dispuestos a tragar con todo para creerse que por el camino no desaparecieron collares de Sis� emperatriz como los que ahora han aparecido en la caja fuerte del menda.A fuerza ahorcan, la Corona es hoy la instituci�n m�s avanzada en el asunto que nos ocupa. Al poco de su proclamaci�n, Felipe VI impuls� la Normativa de regalos a favor de los miembros de la Familia Real por la cual desde el a�o 2015 no aceptan ninguno que supere los usos sociales. En un ejercicio de transparencia, Zarzuela s� detalla cada a�o los obsequios recibidos por cada uno de los integrantes en activo de la Casa. Aun as�, y pese al notable avance que todo ello representa, mal casa con una Monarqu�a parlamentaria moderna que esto responda a una decisi�n lib�rrima del Rey, y no al mandato de una ley org�nica debatida y votada en la sede de la soberan�a nacional, y sobre todo que Juan Carlos I, que sigue siendo parte de esa Familia Real, nos restriegue a todas horas los generosos obsequios con los que se pega la vida padre y aqu� paz y despu�s gloria. Hoy se entiende mucho mejor que Zapatero mirara hacia otro lado cuando ve�a que el jefe del Estado era agasajado por sus primos del mundo �rabe. La condescendencia de S�nchez hacia el trinque de los collares de la reina madre socialista ya tiene lecturas m�s inquietantes.








