Trabajadores usan maquinaria pesada en una mina de tierras raras, el 30 de diciembre de 2010, en el condado de Ganxian, en la provincia de Jiangxi, China. (Chinatopix vía AP, Archivo)Desde comienzos de 2026, las exportaciones chinas de algunas formas intermedias de tungsteno a Japón cayeron a cero y no se han recuperado. Las de disprosio y terbio —metales esenciales para fabricar imanes de alto rendimiento usados en vehículos eléctricos— también se detuvieron en octubre de 2025 y no han vuelto a fluir. Los envíos de itrio, empleado en pantallas LED y equipos de semiconductores, se redujeron al 1,13% del volumen total del año anterior. No se trata de una suspensión repentina: es una restricción calibrada, diseñada para infligir daño económico concreto sin provocar una reacción diplomática en cadena que involucre a Washington.El origen de la crisis se remonta a noviembre de 2025, cuando la primera ministra japonesa Sanae Takaichi declaró ante el Parlamento que una invasión china de Taiwán constituiría “una situación que amenaza la supervivencia de Japón”, con el potencial de activar el derecho de autodefensa colectiva y una respuesta militar nipona. Beijing reaccionó con furia. En los días siguientes, China denunció las declaraciones ante Naciones Unidas, canceló vuelos a Japón, reimplantó la prohibición de importar productos del mar japoneses y advirtió a sus ciudadanos contra viajar o estudiar en el país. En enero de 2026, el Ministerio de Comercio chino emitió una directiva que prohibió con efecto inmediato la exportación de bienes de doble uso —con aplicaciones civiles y militares— a usuarios o fines que pudieran “mejorar las capacidades militares de Japón”. En febrero, Beijing publicó dos listas con 40 empresas japonesas sometidas a restricciones adicionales.PUBLICIDADLa estrategia guarda un paralelismo evidente con la crisis de 2010, cuando China impuso un embargo de hecho sobre las exportaciones de tierras raras a Japón tras un incidente marítimo en las islas Senkaku/Diaoyu. Aquella crisis y las restricciones de esa época recordaron a Tokio su exposición estructural, aunque la dependencia de China en tierras raras se redujo del 90% de entonces a alrededor del 65% en la actualidad. Esta vez, el bloqueo es más selectivo pero potencialmente más duradero, porque está anclado a una exigencia política —la retractación de Takaichi— que la primera ministra rechaza.Fotografía de archivo en la que se registró a un grupo de trabajadores de la automotriz japonesa Toyota, al ensamblar un automóvil en una línea de montaje de la fábrica de Miyawaka, en Fukoka (Japón). EFE/Kimimasa Mayama
Tensión entre China y Japón: Beijing usa los minerales críticos como arma de presión contra Tokio
La primera ministra Sanae Takaichi enfrenta una campaña de coerción económica sin precedentes desde Beijing, que ha cortado el suministro de tungsteno, tierras raras y magnetos estratégicos para forzar una retractación sobre Taiwán que Tokio se niega a dar










