Ladislav Krejci no necesita adornos. El capitán checo llegó con una certeza que pocos atletas dicen en voz alta: ante México se juega el partido de su vida. Su entrenador, Miroslav Kubec, tampoco esquivó la realidad: admitió errores, prometió cambios y resumió en una frase la filosofía con la que Chequia sale al Coloso: "Los milagros ocurren y en el futbol no hay imposibles".La República Checa llega al Estadio Azteca con un punto, dos decepciones y la aritmética en contra. Eliminada si no gana. Consciente de ello. Y, según sus propias palabras, lista.Kubec fue el primero en tomar la responsabilidad. Sin rodeos, reconoció que las alineaciones en los partidos anteriores no fueron las ideales — lo detectó tarde contra Guatemala en la fase de preparación, lo confirmó ante Corea del Sur y lo ratificó ante Sudáfrica. Para enfrentar al Tri, habrá cambios. Cuántos, no lo dijo.Lo que sí precisó fue el diagnóstico: su equipo necesita más posesión, más contundencia en las transiciones y, sobre todo, aprender a sostener las ventajas cuando las construye. En dos partidos, Chequia llegó arriba y no supo quedarse ahí."Tenemos que mejorar", admitió el técnico con una franqueza que no intenta disimular el momento difícil. "Sabemos lo que tenemos que hacer".Krejci, en cambio, habló desde otro lugar. No desde el análisis sino desde la emoción contenida de quien sabe que pocas veces en la vida se presenta una noche como la que tendrán ante México. El Azteca. Ochenta mil personas. El Tri con seis puntos y la clasificación sellada. Y Chequia jugándose todo."Es el partido más importante de mi carrera, definitivamente", dijo el capitán. "Lo voy a sentir hasta que entre mañana a la cancha", sentenció el capitán.Pero Krejci también rechazó la imagen de un equipo roto. Cuando se le preguntó si le faltó alegría en los partidos anteriores, si se le vio retraído, respondió con calma y con convicción. Para la mayoría de este plantel, dijo, este es el primer Mundial. La presión existe, la ansiedad es real y nadie llega a una Copa del Mundo sin sentirlo. Pero eso no significa que no disfruten. Significa que están aprendiendo a jugar con ese peso encima."Estamos felices de estar aquí representando a nuestro país", afirmó. "Y si anotamos y ganamos, lo vamos a disfrutar aún más".La generación checa actual no tiene a Rosicky ni a un Nedved que cargue solo con el equipo. Kubec lo sabe y lo defiende. El juego colectivo, insistió, es su principal virtud — y los amistosos de marzo ante Irlanda y Dinamarca, donde demostraron que pueden competir contra rivales de mayor jerarquía, son la prueba de que este grupo puede sorprender.México tiene seis puntos, la clasificación asegurada y el estadio de su lado. Chequia tiene una última oportunidad y, según su capitán, la convicción de que pueden ganar. Los milagros, dijo su entrenador, ocurren.
'Es el partido más importante de mi carrera': capitán de Chequia garantiza entrega contra México
El equipo europeo acepta que fallaron en los dos partidos previos, pero creen que ante México y en el Azteca, la mesa está puesta para pensar en una gesta.











