Puede que el régimen de la República Islámica de Irán haya sobrevivido a la guerra, pero ahora se enfrenta a un reto aún mayor: lograr la paz con su propia población.
Los iraníes están conmocionados no solo por el impacto de la guerra, sino también por el asesinato de miles de manifestantes a manos de las autoridades a principios de año y por una economía en caída libre. En lugar de derrocar al régimen —uno de los objetivos iniciales declarados por Donald Trump y el líder israelí, Benjamin Netanyahu—, la guerra ha puesto de manifiesto la resistencia de la República Islámica tras el asesinato de su líder y de numerosos altos cargos.













