El país atraviesa una profunda crisis económica y acaba de aplastar la mayor ola de protestas ciudadanas desde 2009 con una brutal represión que ha causado miles de muertos. Más allá de cómo acaben las negociaciones en curso con EE UU para evitar una guerra, la República Islámica no escapará a una ley inquebrantable de los regímenes construidos sobre una revolución: evolucionar o morir
Todas las revoluciones tienen fecha de caducidad. Los regímenes que instauran terminan colapsando, como ocurrió con la Unión Soviética en 1991, o evolucionan hacia un sistema político y económico diferente, como hizo la República Popular China tras el inicio de la “reforma y apertura” de Deng Xiaoping en 1978. Independientemente de si la República Islámica de Irán sobrevive o...
no a la crisis a la que se enfrenta en la actualidad, no escapará a esta ley inquebrantable de las revoluciones: evolucionar o morir.
Los regímenes nacidos de las revoluciones tienen algo más en común que la forma en que terminan. La primera generación encarna el espíritu revolucionario y, a menudo, un sentido de responsabilidad moral, que fomenta el sacrificio en nombre de una causa superior.
La segunda generación hereda todo el poder, pero no necesariamente el fervor revolucionario. Tiende a llevar adelante la labor de transformar un movimiento ideológico en un orden institucional y burocrático. Por ejemplo, la Revolución Mexicana, que duró una década, dio lugar al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó desde 1929 hasta 2000.






