La muerte del Líder Supremo de Irán, el ayatollah Alí Jamenei, ocurrida en el primer día de la guerra contra Estados Unidos e Israel, alimentó las esperanzas de Occidente de que la República Islámica estuviera al borde del colapso. Sin embargo, cuatro meses después, el masivo funeral de Estado pospuesto por el conflicto armado no testifica el fin del régimen, sino su supervivencia. Según un extenso análisis de The Washington Post, basado en fuentes de inteligencia, el aparato teocrático emergió de la guerra no solo estabilizado, sino liderado por una nueva generación de dirigentes de línea dura más joven, tecnológicamente más hábil y considerablemente más despiadada. El ascenso de la Guardia Revolucionaria. Detrás de este nuevo diseño de poder no se encuentra la tradicional y debilitada jerarquía clerical de la ciudad santa de Qom, sino el verdadero motor del Estado iraní: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Esta poderosa organización militar y económica aprovechó la coyuntura bélica y el vacío institucional para cercar el núcleo del proceso de toma de decisiones.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.