“Han desaparecido la carne, la mantequilla, la leche y los dátiles del frigorífico”. Ebrahim Habibzadeh, de 43 años y padre de dos hijos, resume así el impacto de la profunda crisis económica que atraviesa Irán, agravada por la guerra con Estados Unidos. Cada día cruza Teherán de sur a norte para perseguir a peatones y conductores atareados y venderles calcetines de hombre y trapos para el polvo que lleva apilados bajo los brazos.Antiguo instalador de ventanas, Habibzadeh se rompió una pierna hace seis años y recibió la recomendación médica de cambiar de trabajo. Hoy encadena empleos informales para sobrevivir. “Hago lo que sea”, explica. Recoge cartón, pinta paredes, repara electrodomésticos. Con unos ingresos mensuales de alrededor de 150 millones de riales (unos 94 euros), apenas logra cubrir los gastos básicos.El drama cotidiano de Habibzadeh se inscribe en una crisis de alcance nacional. El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte esencial del petróleo y el comercio mundial, intensificó en Irán la presión sobre los precios y el abastecimiento y empeoró una situación ya deteriorada por años de sanciones internacionales y problemas estructurales y de gestión de la economía. El corte masivo de internet durante la guerra terminó de agravar la situación. El reciente acuerdo entre Teherán y Washington pretende, al menos parcialmente, aliviar la crisis. El pacto, alcanzado el 14 de junio, pone fin a las confrontaciones militares entre los dos países y contempla la reapertura del estrecho de Ormuz. Además, el memorando de entendimiento prevé la creación de un fondo de reconstrucción y desarrollo para Irán dotado con al menos 300.000 millones de dólares (260.670 millones de euros), una iniciativa que promoverá Washington junto con sus socios regionales, en lo que sería el principal salvavidas económico ofrecido a Teherán desde la imposición de las sanciones.La prioridad económica empieza a abrirse paso incluso en el discurso oficial. El presidente del Parlamento y jefe del equipo negociador iraní, Mohammad Baqer Ghalibaf, defendió recientemente que había llegado el momento de recuperar las “trincheras” para liberar al país de la presión económica y garantizar a la población un nivel de vida digno, en una inusual apelación a centrar los esfuerzos en el bienestar de los iraníes.Además, las propias autoridades iraníes reconocen la magnitud del deterioro económico. En una reunión el pasado 19 de abril sobre la reconstrucción económica prevista tras la guerra, el viceministro de Cooperativas, Trabajo y Bienestar Social, Gholamhossein Mohammadi, aseguró que las estimaciones preliminares apuntaban a la pérdida de más de un millón de empleos y al desempleo directo e indirecto de cerca de dos millones de personas, según informó la agencia de noticias Tasnim. La inflación, disparada por el conflicto, se ha convertido en el principal termómetro de la crisis. Según la Organización Estadística de Irán, los precios de consumo alcanzaron en abril una inflación anual del 57,7%, mientras que la tasa interanual se elevó hasta el 83,9%, lo que supone el doble que en enero. La inflación de la cesta de la compra es aún mayor y el encarecimiento de los alimentos ha golpeado especialmente a los hogares más vulnerables y ha deteriorado tanto el nivel de vida como la calidad de la dieta.En la práctica, esas cifras se traducen en frigoríficos vacíos y en cambios drásticos en la mesa de millones de familias. En casa de Habibzadeh, por ejemplo, la carne y los lácteos han desaparecido casi por completo. “Antes podíamos permitirnos pollo de vez en cuando. Ahora no más de una o dos veces al mes”, lamenta. Y lo que ya nunca comen es arroz. “No lo he llevado a casa durante meses”, reconoce el hombre. En abril de 2026, el precio del arroz se incrementó en un 60% con respecto al año anterior.Antes podíamos permitirnos pollo de vez en cuando. Ahora no más de una o dos veces al mesEbrahim Habibzadeh, vendedor de calcetinesLa mayor parte de sus ingresos se esfuma en gastos básicos. “Pago 60 millones de riales [37,65 euros] al mes de alquiler, 11 millones [6,9 euros] por electricidad, gas y agua y les doy a mis hijos a diario 2,5 millones [1,6 euros] que antes bastaban para leche y pastel. Ahora ellos mismos ven qué pueden comprar con eso”, explica Habibzadeh.Durante los meses de guerra, además, su situación empeoró. Su actividad se redujo y los problemas de conexión a internet dejaron inservible su terminal de pago, obligándole a recurrir a préstamos para seguir trabajando. “Mi terminal de pago era chino y no funcionaba porque se cortaron las conexiones a internet. Así que pedí prestados 70 millones de riales [44 euros] para comprar uno nuevo compatible con las condiciones de comunicación”, relata. Como muchos otros iraníes, depende de pequeños créditos familiares para llegar a fin de mes. “Pido prestados unos 40 millones de riales [25 euros] a mis hermanas de vez en cuando, pequeñas cantidades, para poder devolverlos pronto”.Rápida expansión de la pobrezaEn los tres primeros meses del año iraní (del 21 de marzo al 21 de junio), la inflación en el sector alimentario ha rondado el 30% mensual, según el analista económico Mehdi Khakifirouz, que advierte de una rápida expansión de la pobreza en el país. Según el experto, las estimaciones actuales sitúan el umbral mínimo necesario para cubrir gastos básicos de una familia entre los 700 y los 800 millones de riales mensuales (entre 440 y 500 euros), una cifra muy por encima de lo que ingresan muchos hogares.“Esto, por supuesto, es distinto de la línea de pobreza relativa, que es de 1.000 millones de riales [628 euros]”, añade, en alusión al nivel de ingresos por debajo del cual un hogar queda claramente rezagado respecto al estándar de vida medio. Otras estimaciones son menos elevadas. Una difundida por el representante de una organización laboral y recogida por la agencia semioficial Mehr situaba, precisamente el día en que comenzaron los bombardeos estadounidenses e israelíes sobre Teherán, la línea de pobreza relativa en la capital en al menos 600 millones de riales mensuales, un umbral que sigue estando muy por encima de los ingresos de buena parte de la población.En este contexto, el margen de maniobra del Estado es limitado. Irán depende en gran medida de las importaciones para abastecerse de alimentos básicos, lo que hace especialmente vulnerable al país a cualquier interrupción del comercio exterior. El presupuesto anual para la importación de productos esenciales —como trigo, maíz, arroz, semillas oleaginosas o medicamentos— podría alcanzar los 30.000 millones de dólares (unos 25.888 millones de euros), según Khakifirouz, en una economía fuertemente dependiente del exterior.El impacto del conflicto ha intensificado esa dependencia. Cerca del 80% del comercio iraní pasa por el puerto de Rajaee, en el golfo Pérsico, cuya actividad se ha visto alterada por el bloqueo y las tensiones en torno al estrecho de Ormuz. La concentración del comercio en esta zona ha restringido aún más el flujo de importaciones.El resultado es un encarecimiento sostenido de los alimentos y un deterioro progresivo de la dieta. “No se está literalmente hambriento, pero se carece de alimentos de calidad estándar”, resume el analista. Según sus estimaciones, hasta 35 millones de iraníes podrían situarse por debajo del umbral mínimo necesario para cubrir sus necesidades básicas.En Teherán se ven cada vez más casos de 10 personas viviendo en apartamentos de 50 o 60 metros cuadradosMehdi Khakifirouz, analista económico En los últimos 70 días, Habibzadeh ha tenido que vender algunos objetos de la dote de su esposa, como una máquina de coser y una picadora de carne. Incluso ha tenido que pensárselo dos veces antes de comprar una bicicleta de segunda mano para sus hijos. “Cubrir lo básico es la prioridad”. “Mi única preocupación es ganar dinero para que mis hijos vivan cómodamente, para no sentirme insuficiente o avergonzado ante ellos”, suspira.La situación se repite en otros hogares. Marzieh, de 52 años, comparte la misma preocupación. “Comíamos pollo dos veces al mes. Pero últimamente solo tenemos pan, queso, huevos y patatas. No puedo llevar a mis hijos a un restaurante, al cine ni a nada que les anime… No quiero nada para mí. Solo deseo que mis hijos tengan un futuro digno”, dice esta mujer.Durante más de dos décadas, fue ama de casa, pero desde hace dos años vende bocadillos de jamón y ensaladilla en el bazar tradicional de Teherán tras el colapso del negocio de su marido. Se levanta cada día a las cinco de la mañana, prepara una veintena de bocadillos y viaja en tren desde Karaj, al oeste de la capital, en un trayecto de unas cuatro horas diarias entre ida y vuelta. Sus ingresos —alrededor de seis millones de riales diarios (unos 3,7 euros)— apenas alcanzan para cubrir el alquiler familiar. “Tuvimos que mudarnos de Teherán a Karaj para poder pagarlo”, explica. Como Habibzadeh, recurre a pequeños préstamos para salir adelante.Khakifirouz explica que cada vez es más habitual reducir el tamaño de la vivienda, desplazarse a zonas periféricas o incluso compartir piso entre varias familias. “En Teherán se ven cada vez más casos de 10 personas viviendo en apartamentos de 50 o 60 metros cuadrados”, señala.El deterioro económico tiene efectos directos en las oportunidades de los hijos. “Mi hijo y mi hija han dejado todas las actividades extraescolares”, cuenta Marzieh. Uno de ellos, frustrado, ha llegado a plantearse abandonar los estudios para trabajar.Pese a las ayudas estatales, unos 10 millones de riales (6,27 euros) mensuales para amplias capas de la población, el margen es cada vez menor. La principal organización benéfica del país, el Comité de Ayuda Imam Jomeini, atendía ya antes de la guerra a unos 5,2 millones de personas. Una familia de cuatro miembros bajo su cobertura recibe alrededor de 35,8 millones de riales al mes (unos 23 euros), una ayuda insuficiente para compensar el aumento del coste de la vida. Los subsidios “no siguen el ritmo de la inflación”, advierte Khakifirouz. El Banco Central ha recurrido a la conversión de divisas para financiar subsidios, pero el margen de maniobra es limitado y cualquier aumento podría alimentar aún más la subida de precios.No hay ningún sector que se salve de la crisis. Tras recortar en ocio, viajes, educación y similares, Khakifirouz señala que la salud física también se descuida en una situación económica adversa. “En algún momento, los analgésicos se convierten en el remedio para todas las enfermedades”, señala.Morteza, de 68 años, tiene que devolver 2.500 millones de reales (1.567 euros) por la operación de columna de su esposa, 2.000 millones a un prestamista y 500 al banco. “Solo tenía ahorrados 300 millones de riales [188 euros] para la operación porque tengo que ayudar de vez en cuando a mi hijo casado con dinero o alimentos”, dice este repartidor del bazar de Teherán. En un día normal ganaba unos 100 millones de riales (62 euros). “Hoy solo he hecho un viaje por tres millones de riales y ya son las tres de la tarde”, se aflige.Ahora le preocupa especialmente su hijo mayor, de 45 años, porque todavía está soltero. Y se pregunta con amargura: “¿Quién se casaría con un hombre que solo gana 169 euros al mes?”.
Así ha vaciado la guerra las despensas de Irán: “No he llevado arroz a casa durante meses”
El pacto entre Teherán y Washington y la reapertura del estrecho de Ormuz prometen aliviar la presión sobre la economía. Más allá de las promesas, los ciudadanos iraníes sufren una inflación desbocada que ha empobrecido sus vidas y deteriorado su nutrición y su salud












