En la localidad rural de Sirik, en el sur de Irán, las temperaturas han alcanzado los 45 grados durante la última semana. Mientras tanto, sus vecinos seguían haciendo cola para llenar cubos de agua días después de que, según se informa, los ataques estadounidenses dañaran dos instalaciones de agua potable que abastecen a las aldeas cercanas.

En medio de la escasez de agua y el temor inminente a la guerra, llegó la noticia de un posible acuerdo entre Washington y Teherán. Sin embargo, para quienes luchaban por recomponerse tras los acontecimientos, el anuncio apenas supuso un alivio.