Una lengua de mar de poco más de 40 kilómetros de ancho ha sido capaz de poner en jaque la economía global durante casi cuatro meses. La reapertura del estrecho de Ormuz tras el acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos supondrá un alivio a escala mundial, pero sus efectos, tras un primer impacto en los mercados financieros, todavía tardarán en trasladarse a los bolsillos.

El pacto anunciado en la noche del domingo ha sido un revulsivo para los mercados: las bolsas asiáticas –donde la escasez de combustible ha llevado a racionamientos energéticos– cerraron el lunes con grandes ganancias, el Ibex 35 superó por primera vez en su historia la cota de los 19.000 puntos y los precios del petróleo y el gas experimentaron caídas hasta niveles cercanos, pero aún por encima, de sus referencias preguerra (70 dólares, en el caso del Brent, de referencia en Europa).