Este viernes era el día de la firma solemne en Suiza del acuerdo entre EE UU e Irán para confirmar el alto el fuego y la apertura del estrecho de Ormuz pero una nueva ofensiva de Israel en Líbano ha retrasado el momento. Aun sin firma, el mercado da por hecha la reapertura de esta crítica arteria y la industria petrolera del Golfo Pérsico, ansiosa por volver a vender su producción después de más de tres meses de parálisis, se reactiva a toda máquina. Las autoridades de seguridad marítima dan por abierto Ormuz han rebajado el nivel de riesgo a moderado, declarando seguro el paso del Estrecho por la vía de Omán, una decisión que abre la puerta a que las aseguradoras y las navieras den luz verde a un tránsito a mayor escala. Además, Irán anunció este viernes que no impondrá peajes a los buques que atraviesen el estrecho durante 60 días, los que durarán las negociaciones con EE UU para un acuerdo definitivo. La vuelta a la normalidad ya está en marcha: la industria petrolera y marítima confirma lo que el precio del barril ha anticipado, con una caída del 15% en dos semanas.Así, numerosos buques se han ido aproximando al estrecho de Ormuz esta semana, después de que el pasado domingo se conociera el acuerdo preliminar entre EE UU e Irán, mientras que los atrapados en la zona están en plenos preparativos para cargar y volver a la navegación una vez queden claros los términos para atravesar el paso marítimo. Según recoge la firma de análisis de transporte marítimo Winward, este pasado miércoles se habían detectado 871 buques de carga y petroleros en todo el Golfo Pérsico, 202 más que el día anterior. Y según datos de Vortexa recopilados por Bloomberg, en la zona hay 40 superpetroleros, cargados con casi 80 millones de barriles de petróleo, listos para cruzar Ormuz. La pelota está ahora en el tejado de las navieras y sus aseguradoras, que deben dar luz verde a un regreso a la normalidad que, pese a la actividad inicial, no se recuperará totalmente hasta dentro de unos meses, si las negociaciones políticas no se tuercen antes. Las señales llegan también del epicentro de la industria petrolera del Golfo. Adnoc (Abu Dhabi National Oil Company), la compañía estatal de los Emiratos Árabes Unidos, ha comunicado a sus clientes que reanuden la carga de crudo desde los puertos de las islas de Das y Zirku, situadas en el interior del Golfo Pérsico, según avanza la agencia Bloomberg. Si los compradores no consiguen sus propios buques de carga, Adnoc podría facilitárselos, pero el hecho de no retirar la carga puede suponer un incumplimiento de contrato que ahora pone toda la presión sobre las navieras. Los países están ansiosos por descargar combustible porque, hasta que no alivien unos almacenes llenos, no pueden retomar producción. La pelota está ya en el tejado en el tejado de las navieras y sus aseguradoras, que hasta ahora no han visto las suficientes garantías de seguridad en la zona, ni tampoco han podido contratar el preceptivo seguro de navegación. Ahora bien, la normalidad total, si las negociaciones políticas no se tuercen antes, tardará unos meses en llegar. La plataforma de análisis de materias primas Sparta da un 50% de probabilidades a que el tráfico marítimo en la zona no se normalice durante algún tiempo. “Hablar de flujos completos en una o dos semanas es demasiado optimista. Los armadores siguen sintiéndose muy incómodos. Antes de que el tonelaje se comprometa en masa, es necesario que los clubes P&I [mutualidades de seguros para los armadores] se sientan seguros y que se limpien las rutas de minas”, señala un informe de Sparta. De momento, ya hay rutas que el Joint Maritime Information Center (JMIC) sí considera limpias de minas, como la más cercana a Omán.Así, lo previsible es un repunte inicial del tráfico por parte de algunos armadores, que ya se está viendo, pero no todavía una amplia afluencia de barcos hacia el Golfo. “El primer 50% del suministro perdido del Golfo Arábigo se recupera rápidamente una vez que los buques están en su sitio, pero el resto supone un proceso arduo que puede prolongarse durante meses. Habrá algunas incógnitas y probablemente algunos contratiempos por el camino”, advierte Sparta.Los contratiempos —como el retraso en la firma del memorando de entendimiento entre EE UU e Irán— no están tensando el precio del petróleo. El mercado sigue confiando en la continuidad de las negociaciones y en que ambas partes necesitan con cada vez más premura la reapertura de Ormuz, a pesar de que el control de ese paso sea la gran baza que Teherán está dispuesta a hacer valer. Para Estados Unidos, los más de tres meses de bloqueo en la zona han dejado sus reservas de petróleo al límite, mientras corre la cuenta atrás para las elecciones legislativas de noviembre que van a convertirse en todo un plebiscito para Donald Trump. En Irán, la guerra está devastando el país con miles de víctimas y destrucción de infraestructuras y el preacuerdo pactado con EE UU es la oportunidad de sacudirse las sanciones internacionales a la venta de su petróleo y de recibir un cuantioso, pero improbable, fondo para la reconstrucción.Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí aseguran que han sido capaces de mantener la presión suficiente presión en sus yacimientos como para volver en teoría a los niveles de producción anteriores a la guerra en un plazo de dos semanas. De hecho, ambos países han podido recurrir a rutas alternativas a Ormuz para dar salida a su producción gracias a sus oleoductos. Una opción de la que no disfrutan otros países petroleros de la zona como Kuwait o Irak, que se han visto forzados a parar la extracción cuando no quedó más capacidad de almacenamiento y para los que reanudar el suministro será ahora un proceso más lento y costoso. Incluso si las negociaciones entre EE UU e Irán siguieran su curso sin sobresaltos, son numerosos los obstáculos que impiden una rápida vuelta a la normalidad en el suministro de petróleo desde el Golfo Pérsico. La puesta en marcha de instalaciones paradas llevará semanas, al igual que la reparación de las instalaciones dañadas en el conflicto —la reconstrucción total de la planta catarí de Ras Laffan llevará años— y la eliminación de minas de la ruta marítima que antes de la guerra era el paso reconocido a nivel internacional, la tarea más urgente. De momento, los buques que atraviesan Ormuz lo hacen por rutas secundarias, más próximas a la costa de Omán o de Irán, más inseguras para la navegación y sin la capacidad de absorber el tráfico marítimo que era habitual antes de la guerra, de más de 130 buques diarios. Goldman Sachs apuntaba esta semana en un informe que la nueva normalidad en el estrecho de Ormuz no será un suministro al 100% sino al 70%. En RBC advierten de que la actividad marítima en la zona podría registrar tras la guerra un retroceso parecido al ocurrido en el Mar Rojo, donde el tráfico marítimo se mantiene un 50% por debajo de los niveles previos a la crisis sufrida entre 2023 y 2025. Ese año los hutíes decidieron poner fin a los ataques contra buques comerciales tras alcanzarse el acuerdo de alto el fuego de Israel sobre Gaza.
La industria petrolera del Golfo trabaja a toda máquina para recuperar cuanto antes el suministro energético
Las autoridades marítimas declaran seguro el paso por Ormuz mientras los productores piden a sus clientes que acudan a por el crudo contratado. El barril ha bajado un 15% en dos semanas















