Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para un acuerdo que permita reabrir el estrecho de Ormuz parecen haberse encauzado este fin de semana. Washington da casi por hecho que en los próximos días podrá anunciarse la vuelta paulatina a la normalidad del paso marítimo por el que antes del ataque de EE UU e Israel circulaba el 20% del petróleo y el gas que consume el mundo. Aún quedan asuntos pendientes para un acuerdo de paz con Irán y Donald Trump insiste en que no quiere precipitarse —“Ambas partes deben tomarse su tiempo y hacerlo bien. ¡No puede haber errores!“, aseguró el domingo— pero los mensajes son de optimismo y el petróleo así lo recoge. Su precio desciende casi el 5% y se sitúa levemente por debajo de los 100 dólares el barril brent, aunque acumula un ascenso cercano al 50% desde el inicio del conflicto.Después de casi tres meses de guerra, este fin de semana quedó abierta la puerta a un acuerdo que desbloquee Ormuz y disipe la amenaza de recesión que ya ha comenzado a planear sobre las economías. El ataque sobre Irán causó un alza inmediata del precio del gas y del petróleo y el barril brent apenas ha descendido de los 100 dólares desde entonces, después de llegar a rozar los 120. El encarecimiento de la energía ya está teniendo un efecto evidente en el coste de la vida, causando más inflación y mermando el crecimiento. Una factura que va a tardar en saldarse incluso tras la reapertura de Ormuz. Queda por delante el reto logístico de ordenar el tráfico marítimo de los entorno a mil buques que siguen atrapados en el golfo Pérsico, la reanudación de la producción de instalaciones que se han visto forzadas a paralizar su actividad y la reparación de infraestructuras dañadas en el conflicto. Se trata por tanto de un proceso que llevará meses y que va a impedir que el precio del petróleo regrese este año a los niveles previos al ataque sobre Irán. Pese a su inferioridad militar, Teherán ha jugado una poderosa baza al hacerse con el control del paso marítimo por el estrecho de Ormuz, una arteria vital para el suministro de energía al resto del mundo. Así, el bloqueo del Estrecho ha impedido la exportación de más de 10 millones de barriles del petróleo al día. Al bloqueo del estrecho —que ha visto reducido al mínimo el tránsito de buques, solo para aquellos a los que Irán a permitido el paso, a menudo a cambio de un peaje—, se añadieron los ataques a instalaciones energéticas de la zona y un segundo bloqueo por parte de Estados Unidos a las embarcaciones iraníes. Recuperar la normalidad tras el colapso de una zona de enorme valor geopolítico y económico a nivel mundial no va a ser tarea sencilla, aunque el precio del petróleo se anticipe ya al acuerdo con una importante caída. El acercamiento de posturas sobre la reapertura de Ormuz —que sería en principio el primer paso antes de cerrar los detalles sobre el programa nuclear de Irán o sus activos congelados— llega cuando tanto Washington como Teherán empiezan a sufrir con crudeza los efectos de la guerra. Irán ha mostrado una dura resistencia pero acusa la asfixia de no poder apenas dar salida a la exportación de su petróleo por el bloqueo del estrecho impuesto por Trump. Y EE UU, convertido en potencia petrolera indiscutible, también sufre el encarecimiento de la gasolina y del coste de la vida, sin perder de vista las elecciones legislativas de mitad de mandato que se celebrarán en noviembre y en las que Trump se juega el control de las cámaras. La gasolina se paga en EE UU por encima de los 4,5 dólares el galón, el nivel más alto desde 2022, después de que el precio se haya disparado el 50% desde el inicio de la guerra en Irán. La búsqueda de un acuerdo llega además cuando la deuda soberana estadounidense comienza a sufrir una presión preocupante por parte de los inversores. El rendimiento del bono de EE UU a 30 años ha alcanzado estos días máximos de 2007, por encima del 5,1% y el bono a 10 años cotiza en el 4,5%. Estados Unidos depende de los mercados para financiar un déficit creciente, que va a engordar aún más con la elevada factura de la guerra, y el alza del rendimiento de los inversores es una clara señal de inquietud y desconfianza hacia la mayor economía del mundo. El mercado de bonos puede llegar a tener una poderosa influencia sobre la política de Donald Trump, que ya se vio forzado a dar marcha atrás —anunciando una tregua— en abril de 2025 cuando declaró la guerra comercial al resto del mundo.