Irritabilidad. Ansiedad. Depresi�n. Fatiga mental. Falta de sue�o. Dificultades para concentrarse... El calor extremo no s�lo afecta a la salud f�sica sino que act�a como "estresor mental". Y el problema se agudiza en las ciudades, donde la concentraci�n de la actividad humana y la falta de espacios verdes hace que las temperaturas sean hasta tres grados m�s altas que en la periferia, y m�s a�n de noche."El calor extremo tiene un gran impacto no solo en la salud f�sica, sino tambi�n en la salud mental", Andrea Mechelli, neurocient�fico del King's College de Londres. "Tan solo el 9% de la gente considera que las altas temperaturas afectan a su bienestar psicol�gico. Ahora bien, luego reconocen que duermen mal, que no se pueden concentrar o que se sienten agotados, y esos son claramente s�ntomas provocados por las altas temperaturas".A los datos se remite Andrea Mechelli (Pistoia, 1976), volcado en el estudio de la salud mental en las ciudades con el proyecto Urban Mind. Un an�lisis de los historiales m�dicos electr�nicos de los �ltimos 12 a�os en el Reino Unido le ha permitido comprobar el aumento del 7% en el uso de servicios comunitarios y un incremento del 6% de admisiones en los hospitales por problemas de salud mental durante las olas de calor."Digamos que ante este tipo de episodios hay dos caminos paralelos, el biol�gico y el psicol�gico", a�ade el Mechelli. "Las altas temperaturas pueden causar deshidrataci�n, falta de sue�o y un esfuerzo extra en el cuerpo, que puede afectar al estado de �nimos, la concentraci�n y la regulaci�n emocional".Desde el punto de vista psicol�gico, se�ala, "el calor prolongado puede resultar agotador mentalmente". Los s�ntomas, a�ade, "van de la irritabilidad a la fatiga mental. Tenemos la sensaci�n de que hasta las tareas m�s sencillas requieren m�s esfuerzo. Y todas estas experiencias pueden afectar a los niveles de ansiedad y al bajo estado de �nimo"."Cuando hace mucho calor, la gente suele alterar su rutina", expone el neurocient�fico italiano afincado en Londres en base a las experiencias recogidas en grupos de discusi�n. "Pasamos menos tiempo al aire libre, hacemos menos ejercicio, reducimos la vida social... La gente que vive sola est� si cabe m�s aislada. Y las personas con problemas mentales son m�s vulnerables. Hay tambi�n un problema de justicia social de fondo: el impacto es mayor en gente que vive en barrios y hogares peor acondicionados".C�mo evitar el efecto 'isla calor'Oscurecer y ventilar las casas, beber mucha agua, mantener el contacto social y adaptar la rutina diaria a las horas de mayor o menor calor son algunas de las de las estrategias recomendadas, as� como el paseo por espacios naturales sombreados donde los urbanitas pueden a primera hora de la ma�ana o �ltima hora de la tarde combatir el efecto de isla de calor."Prepararse para el calor extremo no significa simplemente sobrevivir a los d�as m�s calurosos, sino crear la condiciones en las que la gente y los lugares puedan prosperar", recomienda Mechelli. "Conforme los veranos son m�s y m�s calientes, proteger la salud mental no depende de c�mo nos adaptamos a nivel individual, sino de qu� tipo de espacios y de ciudades construimos durante todo el a�o".La regla 3-30-300 El cient�fico destaca la labor de ciudades como Par�s, Copenhague o Barcelona por renaturalizar sus espacios urbanos y adoptar la regla del 3-30-300 concebida por el investigador holand�s Cecel Konijnendijk: cada habitante de una ciudad deber�a ver al menos tres �rboles adultos desde su casa, habitar en un barrio con el 30% de la superficie arbolada o vivir a menos de 300 metros de un espacio verde."El contacto con la naturaleza es vital para la salud mental", recalca el profesor del King's College, a punto publicar un libro consagrado al tema, Wild Minds, a partir del popular blog del mismo t�tulo. "La naturaleza en las ciudades se sigue percibiendo como algo que est� bien tener, pero no como algo esencial o como parte de la infraestructura urbana, cuando sus beneficios est�n de sobra probados".Andrea Mechelli, ante un olivo en su finca familiar en la Toscana, Italia.A.M.Con la ayuda de dos aplicaciones, Urban Mind y NatureBoost, ha recopilado miles de experiencias en todo el mundo para calibrar el impacto del contacto con la naturaleza en la salud mental de los urbanitas: "Sab�amos por estudios anteriores c�mo el riesgo de depresi�n es menor en gente que vive cerca de espacios verdes. Pero uno de nuestros primeros descubrimientos fue que no hace falta vivir junto a un gran parque para notar la mejora; a veces basta con frecuentar un peque�o espacio verde o con llenar de plantas una terraza"."Tambi�n hemos descubierto el efecto prolongado en el tiempo del contacto con la naturaleza", advierte el experto en salud urbana y ambiental. "Cuando la gente ve �rboles, o camina entre ellos, los efectos positivos en su bienestar mental pueden prologarse durante ocho horas. Un resultado similar es el que hemos apreciado cuando alguien escucha el canto de los p�jaros".La "participaci�n activa", como regar las plantas, plantar un �rbol o cultivar en un huerto comunitario, son las que resultan a la larga m�s beneficiosas. "Pero a veces basta con abrir los sentidos y prestar simplemente atenci�n", concluye Mechelli. "La naturaleza nos rodea incluso en los lugares m�s insospechados en las ciudades".