El estrés térmico se intensificó a nivel global desde la década de 1970 con un implacable aumento del calor nocturno, que aumenta a un ritmo mayor que el diurno. Es la principal conclusión de un estudio publicado este lunes en la revista Nature Climate Change, que pone el foco en cómo el calentamiento global está transformando radicalmente la forma en la que nuestro cuerpo experimenta el clima.
El estudio a escala mundial, liderado por Rebecca Emerton, revela que el “estrés térmico” —la carga de calor neta en un individuo que combina temperatura, humedad, viento y radiación solar— sufrió una intensificación multidimensional. Al mismo tiempo, y lejos de ser un problema aislado, las temperaturas extremas se volvieron más frecuentes en todos los continentes, expandiendo su huella geográfica y exponiendo a condiciones térmicas peligrosas a territorios que antes no las sufrían.
Un riesgo para millones de personas
El hecho de que las noches más cálidas del año se estén calentando a un ritmo superior al de los días impide el descanso del cuerpo humano, multiplica los días sin alivio térmico y expone a miles de millones de personas a riesgos sanitarios sin precedentes. Los datos demuestran que las diez noches más calurosas del año se están calentando a un ritmo de 0,32 °C por década desde los años setenta, superando el aumento de 0,27 °C registrado en los días más calurosos.











