CineRafael Manuel estrena en Cinemajove su particular visi�n de lo terrible de la mano de un prodigio de cine exactoUn momento de Filipi�ana.Actualizado Domingo,
junio
18:38Mantiene Nietzsche que es la contradicci�n lo que nos hace crecer, lo que nos convierte en seres productivos. Y Rafael Manuel, cineasta filipino con el pelo alborotado y la mirada clara, no puede por menos que darle la raz�n. Filipi�ana, reci�n presentada en el Festival Cinemajove, es esencialmente una pel�cula contra s� misma, una pel�cula que se niega a cada paso que da, una pel�cula que abomina de la coherencia placentera de las fotos de Instagram. Toda ella discurre en un resort de lujo de, precisamente, Filipinas; toda ella se alimenta de im�genes milimetradas y se dir�a que perfectas, y todo el mundo en ella parece feliz en su pl�cida sumisi�n. Y, sin embargo, duele."Comparto lo que le le� a Slavoj Zizek. �l habla sobre la diferencia entre la violencia objetiva y la subjetiva. Explica c�mo, en el mundo actual, los medios de comunicaci�n priorizan un tipo de violencia muy evidente: el asesinato o la violaci�n. Esta violencia es muy real (tiene un perpetrador y una v�ctima claramente definidos) y, debido a su sensacionalismo, a menudo adquiere mayor relevancia que el otro tipo m�s invisible y estructural. Por eso, se la considera m�s importante. Pero discrepo. Este otro tipo de violencia m�s callada me parece m�s peligroso porque induce a la complicidad y la obediencia. A la gente le gusta hablar de la est�tica de Filipi�ana y de la belleza de sus im�genes. Y �sa es la clave y el sentido de todo. Cuanto m�s bello parece, m�s violenta es la situaci�n", dice el director. Y le creemos.Filipi�ana es la historia de una adolescente contratada para colocar las pelotas de golf en su sitio. Una a una, mientras el cliente se ejercita sin molestarse lo m�s m�nimo. Suena rid�culo y lo es. Un buen d�a dar� con un palo perdido de ese mismo deporte y, en su empe�o de devolverlo y hacer lo justo, emprender� un viaje al fondo m�s siniestro del establecimiento para el que trabaja, al fondo m�s turbio del pa�s en el que reside y al fondo m�s evidente y cruel del colonialismo que ella y tantos como ella sufren en la era del turbocapitalismo. "Sinceramente, me molesta hablar de poscolonialismo. A mi juicio, el colonialismo es siempre el mismo. Antes cuando la dominaci�n era espa�ola y ahora que es americana. Siempre es un ejercicio desigual de explotaci�n. En Filipinas es f�cil. Somos 7.000 islas y, en consecuencia, estamos muy divididos. Es f�cil someternos. Nada m�s. Solo un dato, los campos de golf los introdujeron los estadounidenses desde las bases militares. Todo Filipinas est� lleno para uso de, fundamentalmente, estadounidenses". Pausa. "Quise que la pel�cula se llamara como se llama como referencia clara al g�nero conocido como Americana. Digamos que es su reverso exacto", explica.Toda la cinta vive suspendida de lo que podr�a llamarse su nitidez emocional. Es realista, pero lo es de manera tan agresivamente clara que se dir�a hiperrealista. "Que en un momento dado, parezca casi un musical, no es que sea irreal, prefiero pensar que es una especie de naturalismo aumentado", precisa Manuel. De la misma manera, el argumento no lo es tal en sentido tradicional. Lo que sucede no ocurre tanto pendiente de la l�gica narrativa habitual como de su propia coherencia interna, calurosamente interna, casi agobiante. "Cuando la narraci�n es lineal solo pendiente de los hechos, de lo que sucede, la pel�cula acaba por acercarse a la propaganda. Pensemos en Transformers. Los personajes solo tienen una funci�n instrumental. Lo que intento es ser claro emocionalmente de manera que el p�blico tenga espacio para pensar e, incluso, discrepar", argumenta en lo que parece una recusaci�n de muchas cosas: del cine mainstream hollywoodiense y, de nuevo, sel colonialismo como, en efecto, dos maneras de nombrar lo mismo.Cuenta Manuel que le ha llevado casi seis a�os sacar adelante una pel�cula que en principio fue corto. Cuenta que pese a la descripci�n desangrada de su pa�s y del r�gimen, no ha tenido problemas con la censura. "Los periodistas viven bajo amenaza y son asesinados, los cineastas no", dice. Y mientras cuenta, recuerda la excelente y bella acogida de su pel�cula tanto en Sundance como en la Berlinale como ahora en Cinemajove. "Cuanto m�s bella, m�s violenta".








