Después de la ironía y la misantropía, después del pesimismo y un humor de perros ante cada intento de la empresa humana, después de sus idas y vueltas entre tradiciones dispares como el naturalismo, el decadentismo y la conversión católica, Joris-Karl Huysmans resulta indemne. Indemne de todos sus disfraces. Indemne de su propia figura. Empleado público del Ministerio del Interior de Francia, escritor que conoció el éxito en vida por su libro À rebours de 1884, hijo de sangre neerlandesa y francesa, sus pasos por los diversos estadios de la literatura francesa de fines del siglo XIX no modificaron en lo más mínimo su portentosa unidad. Huysmans es ante todo el orgullo de ser el autor de sus propios libros e incluso de sus propias opiniones, a pesar de que cambien. Las diversas búsquedas y conversiones que se infligió, trabajan sobre ese fondo de impasible sprezzatura. Las cuatro nouvelles recientemente editadas en un solo volumen por Partícula (“El retiro del señor Bougran”, “Un dilema”, “A cuestas” y “La deriva”) caminan también sobre ese fondo. Si bien pertenecen a su estilo marcado por la mano del naturalismo de Émile Zola, hay algo distintivo en ellas. Mientras sus contemporáneos se embelesaban con las bondades de la estupidez humana, la conclusión general que se puede vislumbrar en estas piezas tiene la naturalidad de una verdad irrevocable por obvia. Por ejemplo, la verdad que cierra el relato final: lo mejor no existe para la gente sin un centavo; solo les sucede lo peor. El chiste bien contado es indistinguible de lo real.
El orgullo no se negocia
Después de la ironía y la misantropía, después del pesimismo y un humor de perros ante cada intento de la empresa humana, después de sus idas y vueltas entre tradiciones dispares como el naturalismo, el decadentismo y la conversión católica, Joris-Karl Huysmans resulta indemne. Indemne de todos sus disfraces. Indemne de su propia figura. Empleado público del Ministerio del Interior de Francia, escritor que conoció el éxito en vida por su libro À rebours de 1884, hijo de sangre neerlandesa y francesa, sus pasos por los diversos estadios de la literatura francesa de fines del siglo XIX no modificaron en lo más mínimo su portentosa unidad. Huysmans es ante todo el orgullo de ser el autor de sus propios libros e incluso de sus propias opiniones, a pesar de que cambien. Las diversas búsquedas y conversiones que se infligió, trabajan sobre ese fondo de impasible sprezzatura. Las cuatro nouvelles recientemente editadas en un solo volumen por Partícula (“El retiro del señor Bougran”, “Un dilema”, “A cuestas” y “La deriva”) caminan también sobre ese fondo. Si bien pertenecen a su estilo marcado por la mano del naturalismo de Émile Zola, hay algo distintivo en ellas. Mientras sus contemporáneos se embelesaban con las bondades de la estupidez humana, la conclusión general que se puede vislumbrar en estas piezas tiene la naturalidad de una verdad irrevocable por obvia. Por ejemplo, la verdad que cierra el relato final: lo mejor no existe para la gente sin un centavo; solo les sucede lo peor. El chiste bien contado es indistinguible de lo real.











