Rincón de Petul¿Qué mensaje recibe ahora el turista que tanto nos esforzamos por atraer?

En 2022, Catar se preparó para recibir al mundo con su mundial y descubrió —tal vez demasiado tarde— que sus normas inflexibles sobre alcohol, vestimenta y afecto en público eran un obstáculo para el turismo occidental. Su promesa de espectáculo y país moderno fue afectada por una conversación que terminó girando alrededor de sus restricciones morales y del miedo a terminar en la cárcel por besar a la novia en público. Esta semana, una decisión del Concejo de Antigua Guatemala me hizo recordar aquello.

Hace poco, en un café de la ciudad colonial, vi a un joven maquillado y de blusa corta moverse con una naturalidad que aún resulta poco común en buena parte de este país. ¿Para cuántas personas son estas calles empedradas un oasis?, pensé entonces. Quizás para más de las que imaginamos. Porque buena parte del turismo occidental proviene de sociedades que hace ratos dejaron atrás muchas de estas discusiones. La arremetida municipal contra el desfile PRIDE, pues, amenaza con enviar al mundo un mensaje muy distinto al que lo ha convertido en un atractivo internacional.

El turismo en Guatemala vive un momento dulce. Al buscar “INGUAT” en internet ya no encontramos las notas penosas usuales sobre asuntos de gobierno. Los logros, en cambio, son históricos. US$1.4 millardos el año pasado duplicaron el crecimiento continental. La cartera se ha vuelto un raro orgullo nacional, donde como pocas veces sentimos que las cosas se están haciendo bien. Y la apuesta es ambiciosa: Crecer en EE. UU. y Europa, donde la derrama económica es mayor. Que entre más pisto, pues, para hablar sin adornos. Antigua, con su encanto, es la joya de esa corona. Y es precisamente esa vitrina la que hoy se pone en riesgo por pretensiones políticas. Pues la pregunta relevante toma un giro hacia afuera: ¿Qué mensaje recibe ahora el turista que tanto nos esforzamos por atraer?