Nacer, crecer y morir sin apenas moverse. Gallinas hacinadas que no pueden ni abrir sus alas, conejos que nunca pisan el verde o cerdas reproductoras inmovilizadas durante semanas sobre un suelo de rejilla. Esa es la realidad de 300 millones de animales en Europa. En 2021, Bruselas prometió poner punto final al confinamiento animal con una ley para eliminar de forma progresiva las jaulas en la ganadería. La Comisión fue sensible a la petición de más de 1,4 millones de ciudadanos que apoyaron la iniciativa End the Cage Age. Cinco años después, esa promesa es papel mojado.España ocupa un lugar incómodo en esa fotografía. Los animalistas han dicho basta. “Más de 86 millones siguen viviendo en jaulas. Somos el país de Europa con mayor número de animales criados en confinamiento”, denuncia María González, abogada y miembro de Intercids. Blanca Ponce, mánager de relaciones institucionales en el Observatorio de Bienestar Animal, retrata con crudeza la situación de algunos de estos mamíferos: “¿Alguien se imagina que les quiten a sus hijos lactantes para a empezar una y otra vez el proceso reproductivo? Detrás de estas cifras hay seres capaces de sentir dolor, miedo y estrés”, clama. “En suma, son vidas que sienten, aman y sufren, relegadas al papel de simples engranajes de una inmensa maquinaria alimentaria”, enumera Ponce. Bruselas prometió hace años ir más lejos, pero el avance sigue bloqueado. “Hasta la fecha, no se ha presentado ninguna propuesta legislativa ni se ha establecido ningún calendario vinculante ni marco de implementación”, expone Javier Moreno, cofundador de la Fundación Igualdad Animal. “Tampoco se ha anunciado un plan específico de financiación a nivel europeo. Años de reformas prometidas solo han dado lugar a declaraciones retóricas”, denuncia. La espera por una ley que no llega hizo que las asociaciones tuvieran en marzo una audiencia con la justicia. Ahora, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea deberá pronunciarse en los próximos meses por la inacción de la Comisión.Lo cierto es que ya se han dado algunos pasos. La Unión Europea aprobó la directiva sobre normas mínimas de protección de las gallinas ponedoras, que supuso el fin de las jaulas en batería para estas aves en 2012. Sin embargo, aquella medida no acabó con el confinamiento animal. Siguen permitiéndose las llamadas jaulas acondicionadas o enriquecidas —estructuras algo más amplias que incorporan nidos o zonas para escarbar y picotear—. Además, no existe una prohibición general para otras especies, como los terneros. Si Bruselas ya reconoció que una parte de este modelo debía desaparecer, ¿por qué sigue sin prohibir todas las jaulas? La razón, en buena medida, es económica. “Eliminar las jaulas tiene un coste y, por el momento, los Estados nacionales no han ofrecido a los ganaderos fondos suficientes para apoyarles hacia sistemas libres de confinamiento, lo cual resulta incomprensible”, denuncian Marisú Ocaranza y Annamaria Pisapia, portavoces de Compassion in World Farming. Sin embargo, las expertas consideran que el problema no es solo la inversión, sino en cómo se utiliza el presupuesto. “Ofrecen fondos en abundancia para mantener un sistema obsoleto y mal visto por los ciudadanos, que cada vez demandan más productos procedentes de explotaciones que no utilizan jaulas”, agregan.La factura del cambioMuchos ganaderos temen asumir inversiones que no van a poder recuperar. No obstante, los animalistas sostienen que el cambio es posible. “Países como Alemania o Dinamarca han demostrado que la transición es totalmente viable”, ejemplifica Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis. “España está adoptando una postura de resistencia política y empresarial, escudándose en el enorme volumen del sector para dilatar los plazos todo lo posible”, señala. Sin embargo, la experta insiste en que el momento es ahora. “Siempre y cuando el Gobierno facilite ayudas para la reconversión a un sistema libre de jaulas, especialmente para los pequeños y medianos ganaderos”, subraya.Limitar la importación de productos que provienen de animales en confinamiento es otra demanda de los animalistas. “Es imprescindible salvaguardar la producción local, evitando la importación de productos externos que no cumplan con las exigencias europeas”, apostilla Gascón. La animalista cree que el retraso para prohibir las jaulas en España ha dado al país una ventaja económica, pero a costa de quedar rezagado en términos éticos y de calidad. El mercado, de momento, tampoco empuja hacia el cambio. En algunos sectores, como la avicultura, muchos productores no ven urgente cambiar su modelo de negocio porque sigue siendo rentable. “Con una demanda que no puede ser cubierta por la oferta (por ejemplo, los huevos) y unos precios en origen más altos, el productor no siente la necesidad de dar el cambio puesto que, de momento, le va bien”, explica Alberto Díez, director de la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA). Y advierte: “Las estructuras ganaderas deben evolucionar, y no enfrentarse al cambio significa la obsolescencia y la desaparición”.El tiempo de promesas se ha agotado. Las asociaciones critican, además, que Europa haya optado por dejar en manos de los Estados miembros la decisión sobre acabar con las jaulas. “La Comisión asumió formalmente el compromiso para proponer una legislación y poner fin al uso de jaulas en la ganadería”, reivindican Marisú Ocaranza y Annamaria Pisapia. Las asociaciones reclaman que es el momento de legislar. “Lo que pedimos, y confiamos en que así se haga, es que la Comisión cumpla cuanto antes con dicho compromiso”, remata María González.Etiquetas para no engañarEl fin de las jaulas no garantiza por sí solo una transformación profunda del modelo ganadero. Desde la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA) temen que algunas empresas aprovechen el fin de las jaulas para mejorar su imagen sin introducir cambios reales. “La única forma de evitarlo es estableciendo un etiquetado en sostenibilidad que permita al consumidor diferenciar lo que es industrial de lo que es producción rural”, señala su director, Alberto Díez. “Todos tienen derecho a estar en el mercado, pero cada uno en su sitio, sin piratas revestidos de santos”, concluye.