La inflación es uno de los principales problemas económicos que viven las familias y no hay consuelo posible. Pero sí se puede relativizar la situación frente al resto de países europeos, y la realidad para España es que ha vuelto al nivel de precios relativos de hace 20 años. Esto explica que los precios españoles sean asumibles para la mayor parte de europeos y que el país haya experimentado una importante ganancia de competitividad. Eurostat ha publicado esta semana los datos de inflación de cada país ajustada por paridad de poder adquisitivo (PPA). Esto es, la verdadera imagen del coste que tienen los distintos bienes y servicios que consumen las familias, ajustada a los salarios de cada país. España entró en el euro con unos precios que eran entre un 9% y un 10% inferiores al promedio de la UE (se emplea para la comparativa la UE 27 actual). La brecha se cerró rápidamente durante los años de la burbuja hasta el punto de que en 2011 los precios en España alcanzaron a los de la UE. Desde entonces y hasta el año 2023, España ganó rápidamente competitividad en dos fases bien diferenciadas. Una inicial (2012-2017) marcada por la larga crisis que sufrió España tras la burbuja, que provocó una fase de prácticamente deflación en el país. Y una segunda, que ha sido incluso más intensa, durante la crisis energética de los años 2021-2023, en la que España consiguió contener los precios gracias principalmente a la excepción ibérica. El resultado es que los precios de España han vuelto a ser casi un 10% inferiores a los del conjunto de la Unión Europea. En los dos últimos años se ha perdido una parte de la mejora lograda, pero siguen cerca de los mínimos desde la entrada en el euro. Esta pérdida se debe, principalmente, al crecimiento de la demanda en España, muy superior a la europea, que ha mantenido una inflación más alta desde 2024. Si se compara con Alemania, España entró en el euro con una inflación que era un 18% inferior. Durante los años de la burbuja los precios convergieron rápidamente hasta quedarse a sólo un 4,7% de distancia de los alemanes. Desde entonces, la brecha se ha ampliado hasta volver al 17% en 2023 y estabilizarse en el 15% en 2025. El aceite de oliva Uno de los productos que más apareció en los medios de comunicación durante la crisis inflacionista de la guerra de Ucrania fue el aceite de oliva. La escalada del precio llegó hasta el punto de que una botella de 1 litro costaba un 50% más que en Portugal, siendo España el gran país productor junto con Italia. Sin embargo, desde el pico de precios, el aceite de oliva ha caído más de un 40% y cuesta ya lo mismo que en 2022 (y menos en precios reales). Si se ajusta por la capacidad de compra de cada país, el aceite de España es el más barato de los 20 países del euro. En esta ocasión, España se ha beneficiado de que el precio final esté más próximo al spot que en otros países que trabajan con contratos a medio plazo, que son más estables ante las subidas, pero que también tardan más en recoger las bajadas. El comportamiento del aceite es un buen ejemplo de la mejora relativa que ha logrado España durante la crisis inflacionista. En 2025, el precio de los aceites en España fue un 25% más bajo que en el conjunto de países de la eurozona. Este dato muestra claramente que la crisis inflacionista ha sido severa en España, pero podría haber sido peor si España hubiese seguido el patrón de precios de otros países europeos. Hay otro tipo de productos que también tienen su precio más bajo en España: ropa y calzado. España se ha convertido en un país ‘low cost’ de prendas por la gran presencia de tiendas de moda barata procedentes de China. Hay otros productos que son significativamente más baratos en España que en el conjunto de la eurozona. Por ejemplo, el tabaco (un 22% menos), los servicios de transporte (un 20% menos), o la hostelería (un 16% menos). En la década 2013-2023, España consiguió importantes ganancias de competitividad que han alimentado las exportaciones y la inversión extranjera. El caso del turismo es paradigmático, ya que los precios siguen siendo competitivos para el mercado europeo a pesar de la rápida subida de los últimos años. En el extremo opuesto, España es uno de los países europeos con precios más altos de la eurozona en servicios hospitalarios privados (el noveno más alto) y de programas de software (el cuarto más alto) y de vehículos (el séptimo más alto). La clave energética Estos datos pueden resultar contraintuitivos, por la intensa crisis inflacionista que ha vivido España en los últimos años. Los precios han subido mucho, pero podría haber sido peor. En gran medida, la mejora de la posición relativa se debe a la evolución del coste de la energía. España cuenta con dos grandes ventajas que está pudiendo explotar: el potencial para generar energía renovable barata y la capacidad portuaria de regasificación para recibir gas por vía marítima. Ambos factores explican que desde el año 2003 hasta 2025 el precio de la factura de la electricidad haya subido sustancialmente menos en España. El precio corriente (sin ajustar por PPA) de la electricidad para los hogares ha subido un 100% en España, frente a un 150% en el conjunto de la eurozona. Y el precio del gas ha subido un 62%, menos de la mitad que en la eurozona, donde se ha disparado un 175%. El precio de la energía no sólo impacta de forma directa sobre los hogares, sino también indirecta, a través de los costes de producción del resto de bienes y servicios. Esto podría estar detrás del mejor comportamiento de la inflación en este periodo. Hay otros componentes importantes del consumo de los hogares que han subido menos en España. Es el caso de los servicios sanitarios y medicamentos, que se han encarecido un 21% en España frente a un 60% en la eurozona, prácticamente el triple. En parte, esta mejor evolución se debe a que el Estado subvenciona intensamente los medicamentos a través de las recetas. También el precio de los servicios de transporte, en gran medida establecidos por las Administraciones Públicas, ha subido mucho menos que en Europa: un 49% frente a un 79% en el conjunto de la eurozona. Pero también hay algunos bienes que han subido más en España en estos años. Destacan las frutas y verduras, que han subido mucho en estos años reflejando, en parte, cómo la producción que antes se quedaba en España, ahora se va al extranjero y, por tanto, soporta una demanda más alta. TE PUEDE INTERESAR El precio de la fruta fresca ha subido un 123%, casi 30 puntos más que en la eurozona, mientras que las verduras y hortalizas han subido un 113%, 20 puntos porcentuales por encima de la eurozona. Datos que ilustran cómo la dieta mediterránea se ha encarecido en estos años, empujando a muchas familias a productos precocinados de peor calidad. Desde el año 2023, España ha tenido más inflación que el conjunto de países europeos. Esto está generando una leve pérdida de competitividad que responde a dos factores. El primero, el alto dinamismo de la demanda en España que permite a las empresas seguir subiendo sus salarios. Y la segunda, una cierta normalización de los precios después de la mejoría lograda en la década anterior. Este cambio de tendencia de los precios en los dos últimos años está en una fase muy temprana, pero supone una preocupación para los organismos públicos. Así lo advirtió esta semana el Banco de España, que señala que las ganancias de competitividad explican en gran medida el buen comportamiento de la economía del país. Para la entidad, perder esta ventaja comparativa pondría en riesgo uno de los principales motores del país, ya que ahora está permitiendo mantener las exportaciones y la inversión extranjera en niveles elevados.