Antes de que comenzara la crisis inflacionista, España era uno de los países de Europa que sufría mayor inflación. Incluso llegó a superar en más de un punto la inflación promedio de la eurozona, lo que empezó a generar preocupación entre los economistas por un deterioro de la competitividad del país. Sin embargo, en el último mes la brecha se ha reducido al nivel más bajo en un año. El motivo es que la rebaja de impuestos aprobada por el Gobierno para combatir la crisis energética ha sido mucho más ambiciosa que la del resto de países europeos. Según los datos de Eurostat, el decreto de medidas anticrisis ha recortado en 1,2 puntos la inflación de España. Es un recorte muy superior al que han dado el resto de países europeos. El segundo mayor impulso fiscal en la eurozona ha sido el de Italia, que ha moderado la inflación en 0,6 puntos. Esto es, la mitad que España. De esta forma, el IPC armonizado de España se quedó en el 3,5%, muy cerca del 3,1% del conjunto de la eurozona. El decreto de medidas anticrisis está consiguiendo limitar la pérdida de competitividad del país. Es cierto que otros países han optado por otro tipo de políticas fiscales con ayudas directas a hogares o sectores afectados, lo que no tiene impacto sobre el IPC, pero supone igualmente una subvención al consumo de estos bienes. El avance se concentra básicamente en los productos beneficiados por la rebaja del IVA: electricidad, gas natural y combustibles. España está entre los países europeos en los que menos se han encarecido estos productos. Por ejemplo, la gasolina se ha encarecido apenas un 2,1% en comparación con abril del año pasado, mientras que la subida en el conjunto de la eurozona alcanzó el 14%. Y en el diésel, el alza en España es del 28%, frente al 35% de la eurozona. Para los hogares está siendo un alivio importante que, sin embargo, esconde algunos aspectos negativos detrás. El más importante es que España será el país que experimente mayor aceleración de los precios cuando se terminen las ayudas fiscales. Si se excluyen los impuestos, la inflación en España habría escalado hasta el 4,5%, lo que supone uno de los peores datos de toda Europa. Dentro de la eurozona, sólo Luxemburgo y Croacia (país que sigue experimentando la fase inflacionista de entrar en el euro) están en peor situación. El decreto anticrisis está maquillando una inflación elevada en España. Y esta brecha es especialmente importante en el caso de los productos energéticos. El discurso del Gobierno de que la transición ecológica está ayudando a frenar los precios no se sostiene cuando se compara la situación con la de otros países comunitarios. En el caso de la electricidad, la factura que pagan los hogares es un 4,3% inferior a la de hace un año, pero si se elimina la rebaja de impuestos, el precio ha subido un 4,9%. De esta forma, España pasa de ser uno de los países con mejor comportamiento del precio de la electricidad a uno de los peores si se elimina la rebaja de impuestos. En el conjunto de la eurozona, la electricidad a impuestos constantes apenas ha subido un 0,4%. Se vuelve a demostrar que el precio de la luz en los mercados mayoristas no refleja el coste real que soportan los hogares por las diferentes cargas adicionales que tiene la factura. En el caso del diésel, el precio antes de impuestos ha subido ya un 44,7%, el segundo peor dato de toda la eurozona y cuatro puntos peor que el conjunto de la eurozona. Es posible que la bajada de impuestos esté permitiendo a las familias mantener un consumo alto de hidrocarburos, lo que se refleja en mayores subidas de precios. Al eliminar la señal de precios, los hogares no están adaptando su consumo a la nueva situación económica. Con los presupuestos del Estado se está subvencionando el consumo de productos energéticos. Tensiones de precios En el resto de bienes y servicios no afectados por el decreto anticrisis, la inflación en España está entre las peores de toda la eurozona. Alimentación, servicios, ropa, muebles y electrodomésticos, hostelería, servicios sanitarios o seguros están subiendo en España claramente por encima de la media europea. La inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles de la cesta de la compra (energía, alimentos sin procesar), ha subido hasta el 3,1% en España, frente al 2,1% del conjunto de la eurozona. España es el segundo país del euro con mayor inflación subyacente, sólo por detrás de Croacia. Estos datos muestran que España sigue experimentando presiones generalizadas de precios que no sólo se deben a la crisis inflacionista, sino también al crecimiento de la demanda interna. España es un país con una economía dinámica que genera presiones inflacionistas. El decreto anticrisis ha anestesiado la inflación en España, pero su efecto durará poco tiempo. La situación más alarmante es que debajo de la bajada de impuestos se está gestando una subida de precios que es significativamente superior a la del resto de países europeos. La brecha de inflación antes de impuestos habría alcanzado los 1,3 puntos sin la ayuda fiscal, empeorando los datos de los últimos meses de 2025. Esta brecha de inflación saldrá a la luz pronto, porque España empezará a eliminar la rebaja del IVA a partir de junio. Antes de que comenzara la crisis inflacionista, España era uno de los países de Europa que sufría mayor inflación. Incluso llegó a superar en más de un punto la inflación promedio de la eurozona, lo que empezó a generar preocupación entre los economistas por un deterioro de la competitividad del país. Sin embargo, en el último mes la brecha se ha reducido al nivel más bajo en un año. El motivo es que la rebaja de impuestos aprobada por el Gobierno para combatir la crisis energética ha sido mucho más ambiciosa que la del resto de países europeos.