Pese al buen dato del IPC, la competitividad sigue deteriorándose frente al resto de la zona euro

El shock de precios provocado por el conflicto en Oriente Próximo parece haber amainado, conforme a los datos referentes al mes pasado, pero la inflación sigue presionando. Los recortes generalizados de impuestos energéticos —una relativa rareza en el panorama europeo—han tenido el efecto previsto, aunque sin conseguir erradicar la brecha de inflación que arrastra la economía española frente al resto de la eurozona desde antes del estallido de la guerra.

De no ser por estos recortes, se estima que el IPC de abril se hubiera incrementado un 3,8% en términos armonizados e interanuales, ocho décimas por encima del conjunto de la eurozona. Así ajustada, la brecha, además de ser idéntica a la de marzo, habrá tendido a ampliarse en el transcurso del último año. En todo caso, el Gobierno ha decidido revertir el dispositivo a medida que los costes energéticos se moderan, algo que necesariamente generará un repunte de los precios finales que asumen los consumidores.

El desequilibrio, por tanto, no es atribuible a factores exógenos como el encarecimiento de las materias primas que trae consigo el cierre del estrecho de Ormuz. Tampoco se debe a la carestía de la llamada cesta de la compra: los alimentos frescos han subido a un ritmo elevado, comparable con el resto de Europa —lo cual no es ningún alivio para el bolsillo de los consumidores con ingresos bajos—.