La economía catalana –y la española también– llevan 25 años inmersas en un bucle del que no pueden salir. Es un proceso que arranca con fuerza con el inicio del milenio pero que hunde sus raíces en el año 1992, como muestra un informe del catedrático de la UPF Albert Carreras, publicado en la Revista Econòmica de Catalunya , que acaba de cumplir su 40 aniversario.
El bucle se aprecia en el gráfico que ilustra esta página y que visualmente muestra los problemas de Catalunya (y España) para traducir el fuerte crecimiento económico en riqueza. Es algo que el Col·legi d’Economistes, las patronales, el Cercle, la Cambra de Barcelona o la propia Generalitat denuncian hace años.
El gráfico muestra en el eje horizontal el salario medio real (descontando la inflación) y en el eje vertical, el PIB per cápita. Desde 1970 el gráfico muestra una tendencia al alza constante. Es el movimiento normal y es saludable, ya que la economía consigue que los ciudadanos produzcan más pero también que tengan mejores salarios. Esa línea ascendente se rompe tras 1992 con la crisis posterior a los Juegos Olímpicos y va enlazando otros graves shocks, como el financiero del 2008 o el de la covid. El PIB per cápita mide todo lo que produce la economía dividido entre la población. Es más preciso para saber si una economía crece gracias a que tiene mejor desempeño o solo porque tiene mayor población.







