Gertrudis Alcázar era una desconocida hasta el pasado mayo, cuando el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama la señaló como el brazo ejecutor del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, en el marco de la presunta organización criminal que dirigía entre bambalinas para vender su influencia. En esas primeras pinceladas del relato judicial sobre el denominado caso Plus Ultra, ya se adivinaba la importancia que el instructor otorgaba a la secretaria personal del exdirigente socialista. Y esta semana lo ha confirmado al imputarla. Lo hizo justo después preguntar a Zapatero por la “confección de facturas” que hacía la administrativa, que le pareció “sorprendente” por las dudas de Alcázar sobre qué conceptos poner. “Podría haber puesto solo ‘consultoría’”, replicó el antiguo mandatario, que hizo una firme defensa de su colaboradora. El titular del Juzgado Central de Instrucción Número 4 definió a “Gertru”, como se refieren a ella los miembros de la presunta trama, como una “pieza esencial” de la misma, al atribuirle el rol de “nodo central de comunicación y gestión documental”. Lo primero, porque manejaba personalmente la cuenta de correo electrónico de Zapatero; y lo segundo, porque se ocupaba del papeleo, incluida la facturación. Esto último es lo que más ha llamado la atención de los investigadores, juez incluido. Las conversaciones interceptadas muestran que la secretaria pedía instrucciones constantes sobre cuántas facturas emitir, por qué conceptos y en qué cuantía. Al otro lado del hilo estaba Cristóbal Cano, al que el instructor describe como el homólogo de “Gertru” en lo tocante a Análisis Relevante, la empresa de Julio Martínez Martínez ―amigo de Zapatero― para la que el exjefe de Gobierno hizo labores de consultoría y por la que llegó a ingresar casi 500.000 euros. En concreto, las pesquisas reflejan las dudas de la secretaria sobre cómo justificar una factura de 20.000 euros o su disposición a “ir consensuando conceptos”. Para Calama, esto “revela la ausencia de una prestación real subyacente”. Y, como “el patrón se repite”, también “la existencia de un modus operandi estable y reiterado” del que ―dice― Zapatero “sería conocedor”, “dada la centralidad de su oficina, la utilización de su cuenta corporativa y la naturaleza de las instrucciones transmitidas”.Sobre todo esto quiso saber más el pasado miércoles, cuando por primera vez un expresidente del Gobierno se sentó delante de un juez en calidad de investigado. “Bueno, aquí tenemos unos correos entre su secretaria, Gertrudis, y Cristóbal, que es un poco el factotum de Martínez Martínez (...) Sobre cómo confeccionar facturas y qué conceptos ponemos", introdujo Calama. “A mí, en principio, eso me resulta un poco sorprendente, porque al final la factura tiene que corresponderse con el trabajo que se hace”, planteó. Zapatero le agradeció “el inciso” en la medida en que le permitió ensalzar la labor de “Gertru”. “Es una excelente persona, una excelente trabajadora que lleva conmigo desde el año 2000 como primera secretaria en mi condición de líder de la oposición y, luego, como secretaria de Gobierno”, dijo. Y asentó ya que asumiría cualquier responsabilidad que se le pueda imputar. “Siempre ha actuado conforme a mis indicaciones”, afirmó. El trabajo de consultoría: Informes, comidas o viajesSin embargo, inmediatamente después dedicó sus esfuerzos a neutralizar las sospechas delictivas lanzadas por el magistrado. Si la secretaria dudaba, expuso Zapatero, era porque el trabajo de consultoría incluye “diversas actividades” que exceden la mera redacción de informes. También hay un “asesoramiento” más informal. Por ejemplo, apuntó, “he tenido una consultoría que consistía simplemente en un almuerzo al mes para charlar y conversar”. Y a veces la tarea obliga también a viajar, completó. “Se facturaba de una manera [que fuera] lo más aproximado a lo que habíamos realizado durante ese tiempo”, aseguró el exmandatario, advirtiendo que, de hecho, “podría haber puesto solo ‘consultoría’ y sería perfectamente normal”.Pese a estas explicaciones, Calama insistió en que los emails de Alcázar “dan a entender otra posibilidad”. “Que es: ‘Oye, vamos a ver qué concepto ponemos porque no lo tenemos nada claro’”, ilustró enmarcándolo en “la dinámica” del presunto tráfico de influencias. Y es que, al final, subrayó el juez, “las facturas son lo que son”. “Sí, pero las facturas son lo que son en función de que había diversos criterios en lo que es la consultoría, y podía ser unas veces más por informes, otras veces más por viajes, otras veces por asesoría”, reiteró Zapatero, que nuevamente destacó que, frente a la justificación “habitual” de las labores genéricas de “consultoría”, ellos se esforzaron por especificar los servicios prestados. 04:50La trazabilidad de la empresa de los hermanos Amaro ChacónEste rifirrafe entre Calama y Zapatero a cuenta de “Gertru” y las facturas evidencia los recelos del juez por la falta de “trazabilidad” de los trabajos realizados por el que fuera líder del PSOE para la empresa de su compañero de running. A lo largo de la declaración, que duró cerca de tres horas, el instructor dejó patente que, en base a su experiencia (hasta con las llamadas Big Four), la informalidad con la que operaban Zapatero y Análisis Relevante “no es normal”. “No tenemos ni contratos escritos. No tenemos hojas de encargo escritas y, salvo que usted me corrija, no tenemos, digamos, trasiego de correos electrónicos”, le reprochó. Por contra, el que fuera inquilino de La Moncloa defendió la “libertad de contratación”, recordando que puede ser verbal, al tiempo que resaltó el hecho de que entre él y Martínez había tal confianza que ciertas formalidades no eran necesarias, a lo que el instructor reaccionó: “En el mundo de la empresa no se puede operar de cualquier manera (...) hay que hacer contratos escritos”. Entre otras cosas, remató el magistrado, porque “desgraciadamente existe la Agencia Tributaria”. Y el fisco y él, avisó a Zapatero, son de la misma opinión: hay que dejar “huella documental”.