La historia de Jules Rimet deja una enseñanza vigente para nuestra sociedad: las grandes transformaciones nacen de ideas sustentadas en valores y convicciones.19 de junio, 2026 - 18h15Cuando millones de personas observan una Copa del Mundo, celebran goles, vibran con las victorias y sufren las derrotas de sus selecciones, pocas veces se detienen a pensar en el origen de ese acontecimiento que paraliza al planeta. Detrás del torneo deportivo más importante del mundo existió un visionario que entendió que el fútbol podía convertirse en mucho más que un simple juego. Su nombre fue Jules Rimet, abogado, árbitro de fútbol y dirigente deportivo francés.Nacido en Theuley (Francia) a finales del siglo XIX (14 de octubre de 1873), Rimet no fue un deportista famoso ni una estrella de los estadios. Jules Rimet fue un dirigente convencido de que el deporte podía acercar a los pueblos y fomentar valores universales. Influenciado por principios humanistas y por la doctrina socialcristiana de su época, desarrolló una visión que trascendía fronteras, idiomas y diferencias culturales.La experiencia de la Primera Guerra Mundial (que empezó en 1914 y culminó oficialmente en 1918) marcó profundamente el pensamiento del francés. Como muchos hombres de su generación, fue testigo de la devastación, el sufrimiento y la pérdida de millones de vidas. Aquella realidad le hizo comprender a Rimet que la humanidad necesitaba espacios de encuentro donde las naciones pudieran competir sin recurrir a la violencia.PublicidadDesde la presidencia de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), cargo que ocupó durante más de tres décadas (desde 1921 hasta 1954), impulsó con perseverancia la creación de una competencia mundial capaz de reunir a países de todos los continentes. Jules Rimet tenía como objetivo no solamente coronar a un campeón en la Copa del Mundo, sino construir puentes de entendimiento entre pueblos muchas veces enfrentados por razones políticas, económicas o históricas.En la actualidad, el fútbol continúa siendo una pasión compartida por miles de millones de personas. Aunque los conflictos y las divisiones siguen existiendo, cada Copa del Mundo demuestra que es posible convivir bajo reglas comunes, respetar al adversario y celebrar juntos un mismo espectáculo.La historia de Jules Rimet deja una enseñanza vigente para nuestra sociedad: las grandes transformaciones nacen de ideas sustentadas en valores y convicciones profundas. Su legado nos recuerda que el deporte, cuando se practica y se dirige con visión humana, puede convertirse en una poderosa herramienta de integración, diálogo y paz entre las naciones.PublicidadPublicidadQuizás por eso, cada vez que rueda un balón en una Copa del Mundo, también sigue vivo el sueño de aquel hombre que creyó que la fraternidad podía encontrar un lugar en una cancha de fútbol cada cuatro años. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El CocaPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?