No existe un generador de recuerdos tan potente como el Mundial. El planteamiento lo lanzó el periodista deportivo Dani Arribas, autor de la newsletter Mundial 2026 de EL PAÍS, y las lectores y lectores del boletín lo corroboran. Algunos todavía guardan décadas después sus entradas, como la de 600 pesetas para ver un partido de la segunda fase en el Bernabéu en España 82 o las de acceso al estado Azteca en el anterior Mundial en México. Hay quien vivió su primera Copa del Mundo cuando solo se podía escuchar por la radio. Y quienes no olvidarán el momento de conexión familiar que generó un gol. Estos son algunos de los recuerdos de los lectores, que seguimos recibiendo a través del este formulario:- El recuerdo de Eduardo. “Francia 98, aquella intro del France World Cup 98 de la Nintendo 64 que nos parecía lo más increíble jamás creado. Empezó el Mundial y cuando España salió a la cancha vistiendo la equipación blanca impoluta, deslumbrante, pensé que ganaríamos a Nigeria. Recuerdo el estallido del golazo de Raúl, un zarpazo de genio que nos hizo creernos invencibles, y la posterior crueldad del destino: aquel error inexplicable de Zubizarreta que congeló el televisor. Luego vino la impotencia. Un asfixiante 0-0 contra Paraguay, con el gigante Chilavert amenazando desde los tiros libres, desafiando las leyes del juego. Los analistas prometían goleadas, pero la realidad nos pasó por encima. De nada sirvieron los seis goles de furia contra Bulgaria. Mi primera gran ilusión se quedaba en la fase de grupos. Aprendí a llorar por el fútbol antes de aprender a celebrarlo. Pero la épica de aquel verano también se vestía de magia. Cómo olvidar a los brasileños. Verlos salir por el túnel de vestuarios, todos en fila y de la mano, era ver caminar a los dioses del fútbol. En mi Olimpo personal mandaba él: Roberto Carlos, mi ídolo, portando el número 6 como escudo de armas. Y a su lado, una constelación de titanes: Taffarel, Cafú, Rivaldo, Leonardo, Bebeto y Ronaldo, ‘El Fenómeno’. Qué maldito equipo de genios. Nos fuimos a casa temprano, pero en los ojos de aquel niño de siete años se encendió un fuego que, casi tres décadas después, se niega a apagarse. El mundial ya no es lo que era, el fútbol ya no es lo que era, pero algo tiene que aún odiando el fútbol moderno, no puedo parar de verlo y disfrutarlo”- El recuerdo de Mauricio.“Tenía 10 años. Mi papá era un gran aficionado al futbol y a mis hermanos y a mí nos transmitió su pasión y gusto por el futbol. Los precios de los boletos eran tan accesibles que mi padre compró toda la serie para los partidos que se jugaron en el estadio Azteca. Todavía conservo un par de boletos de ese mundial. Cuando México fue eliminado por Italia con una triste goleada, 4-1, nos volcamos en favor de Brasil, que era el gran favorito, y uno de mis grandes recuerdos es el cuarto gol de Brasil en la final contra Italia, en un avance que inició desde la cancha de Brasil, driblando rivales y ya cerca del área de Italia, Pelé recibe un pase, se frena, ningún italiano lo presiona y de pronto le extiende el balón al capitán Carlos Alberto que viene corriendo por la derecha y suelta un disparo potentísimo que Albertosi, el portero de Italia no puede detener... ¡Gozo total! Como parte del gran ambiente que vivimos, en el barrio donde yo vivía en la Ciudad de México, que era muy tranquilo y sin tráfico, los vecinos pintamos una cancha en la calle y organizamos nuestro “mundialito” con tres equipos: México, Alemania y Brasil”.- El recuerdo de Juan. “México 70. Sólo tenía 12 años pero recuerdo perfectamente la final contra Italia de aquella maravillosa selección de Brasil. Después recuerdo el Mundial 74 donde nació ‘La naranja mecánica’, con Cruyff al mando y que ganó la anfitriona Alemania. Luego mi recuerdo se va al mundial de Argentina -en plena dictadura de Videla- con el gran Mario Kempes. Y, para finalizar, el decepcionante Mundial de España al que tuve la fortuna de acudir y presenciar el partido de nuestra eliminación contra Alemania con el gol casi al final de Zamora”.- El recuerdo de Marta. “Nací en 1970, niña, en un hogar lleno de hermanos y primos y con padres ausentes por temas laborales. Sin embargo, en junio de 1982, algo cambió y sin saber el motivo, mi padre estaba en casa y aunque seguía sin relacionarse mucho con todas aquellas personas bajitas que corríamos por la casa y que éramos sus hijos y sobrinos, nos dejaba ver junto a él la televisión, pero no cualquier programa, no, solo veíamos los partidos del Mundial de fútbol que se celebró en España. Todos los partidos. Al principio mayores y pequeños, apoyábamos a España. Cuando España fue eliminada, escogimos un equipo cada uno. Yo elegí Alemania (me encantaba Rummenigge) selección con la que disfruté muchísimo hasta el final y a la que debo agradecer que mi padre a partir de ese momento me colocara en el grupo de “los listos de la familia”. Se me quedó tan grabada aquella selección que uno de mis primeros viajes cuando cumplí la mayoría de edad, fue a Alemania. Quería conocer aquel país que tanto me había hecho disfrutar del futbol junto a mi padre en aquel verano del 82”. - El recuerdo de Raúl Bareño. “El primer recuerdo que viene rápido y claro a mi cabeza es Londres 66, tenía 11 años y tuve el placer de poner a trabajar mi imaginación para ver en la tele a la selección de mi país, la ‘celeste’, que, por esas cosas de la tecnología incipiente pero acotada al blanco y negro, aparecía gris en la pantalla. Un recién estrenado televisor —con una antena de ‘cuernitos’ que descansaba en el ‘techo’ del aparato— alcanzaba para despertar la pasión por la selección de Uruguay que aún seguía masticando y disfrutando viejos logros como el Mundial de 1930 en Montevideo y el de 1950 en Brasil, hazaña que aún hoy se rememora y que hizo callar a un Maracaná con casi 100 mil almas que fueron despojadas de un festejo preparado con anticipación. Hoy afronto el Mundial mucho más cómodo en cuanto a triunfos y derrotas. El derrotero de mi vida me ha llevado por caminos en los que planté nuevas raíces, también futbolísticas, y hoy mi corazón —autónomo e indomable— se divide tanto para sufrir como para festejar en tres: en Argentina, España y Uruguay (el orden aquí es alfabético, no pasional). ¡Que gane el mejor (de estos tres)!“.- El recuerdo de Ignasi. “Era yo un niño de 11 años que paseaba por la plazoleta del pueblo y recuerdo que llovía, pero llovía todavía más en un partido entre, creo recordar, Alemania Occidental o la República Federal de Alemania y la Polonia de un jugador entre rubio y calvo llamado algo así como Lato. Veía en una antigua televisión a través de la ventana de un vecino cómo se batían los jugadores en un mar de agua que cubría el césped. Esa imagen, seguramente imperfecta, pues no recuerdo si era cuartos de final o si ese partido existía realmente, me marcó para siempre y desde entonces los mundiales para mí huelen a verano, a vacaciones, a emoción y a ilusión. Recuerdo tener el álbum con los cromos de Zaire, Escocia, la Polonia que he citado. No jugaba España. En aquel entonces pensaba que jugar un Mundial era algo muy grande, inalcanzable para la España de esos tiempos”. - El recuerdo de Jaime. “En 2002, los partidos eran a la hora de la escuela. En mi colegio de Sevilla los profesores se organizaron para poner una tele en el salón de actos (no debió ser fácil, supongo que incluso instalaron una antena de televisión aposta) y organizaron qué clases y en qué turnos podíamos ir a verlo. Teníamos mucha ilusión todos los críos. Luego vino la gran decepción ante Corea, donde tengo grabado a fuego el polémico arbitraje de Al Gandhour y su ‘compadreo’ con Hiddink bebiendo agua en el banquillo. Lloré mucho con aquella eliminación... La generación de mis padres, en cambio, estaba ya resignada. Después de todo, creo que se puede mirar con cariño aquel verano”.- El recuerdo de Raquel G. “El Mundial de 1994 fue inolvidable. Creo que hasta hoy sigo siendo una loca de los mundiales por buscar aquella sensación de alegría una vez más. Dicen que los brasileños solo queremos saber de fiesta pero eso es una visión muy limitada. En 1994 yo tenía 14 años, el país estaba en crisis, el presidente corrupto fue echado por un impeachment, teníamos una inflación absurda, nuestros padres y madres trabajando muchísimo. No creíamos en nada, ni en la selección. Encima se nos murió Ayrton [Senna]. Pero Romário, Bebeto y aquellos hombres de amarillo nos hicieron soñar otra vez y tener momentos de alegría. En Brasil los vecinos pintan y decoran las calles con dinero de su propio bolsillo, miran todos juntos el partido con los colegas, la abuela, el abuelo, los nietos. Para nosotros es sinónimo de país unido aunque la vida sea dura y en medio de tantas adversidades. Es muy emocionante. Aunque el equipo no sea una maravilla, que nos queden al menos un par de barbacoas y reuniones para recordar". Puedes enviarnos tu recuerdo a través de este formulario o compartirlo en los comentarios. Y, si aún no lo recibes, apúntate aquí para tener cada mañana el boletín ‘Mundial 2026’.
Los recuerdos imborrables del Mundial: de la entrada por 600 pesetas en España 82 a “aprender a llorar por el fútbol antes de a celebrarlo”
El boletín ‘Mundial 2026′ reserva cada día un espacio para las experiencias de los lectores: los goles inolvidables, las personas con quienes lo vieron, los sueños cumplidos...











