Acompañar a un equipo durante todo el torneo puede superar los 60.000 dólares si se suman entradas, vuelos y hospedaje.Publicidad22 de junio, 2026 - 08h27 Hay mundiales que se recuerdan por sus goles. Este también se recordará por sus precios. El más grande, el más caro y el más mercantilizado de la historia del fútbol. Y como todo buen negocio tiene sus ganadores y sus excluidos.Las cifras hablan solas. Según distintas estimaciones, acompañar a un equipo durante todo el torneo puede superar los 60.000 dólares si se suman entradas, vuelos y hospedaje. Un boleto prémium para la final en Nueva Jersey en la reventa hoy alcanza los 30.000 dólares. El tren hacia ese estadio que normalmente cuesta 12 dólares, se disparó a casi 100. Y, aun así, aquí lo pagan. En la jerga del negocio los llaman whales, aquellos aficionados de billetera infinita que sostienen la maquinaria de la FIFA mientras el resto del mundo mira desde afuera.Pero con boletos a esos precios, sabiamente muchos eligieron el sillón, el televisor y la cerveza fría. Probablemente la decisión más inteligente del torneo.PublicidadEl tono quedó marcado desde cuando las entradas para la ceremonia inaugural en Ciudad de México alcanzaron los 4.000 dólares en reventa. Este es un torneo donde el sistema de precios dinámicos de boletos sin valor fijo que suben o bajan según la demanda, como los vuelos o el Uber, convirtió cada partido relevante en una subasta. Estudios sobre distribución del consumo en Estados Unidos estiman que el 10 % más adinerado de la población mueve el 50 % del gasto total. Los precios dinámicos son una estrategia.Afuera de los estadios también hay Mundial, y se festeja. Solo en la primera ronda, a los festivales de fanáticos FIFA se estima llegaron dos millones de personas. El Zócalo en Ciudad de México, el Fair Park en Dallas, el histórico Coliseum de Los Ángeles y el Waterfront de Seattle, se convirtieron en epicentros gratuitos con pantallas gigantes, conciertos y ferias gastronómicas donde el único requisito es el amor por el fútbol.La diáspora latina es la gran protagonista. El aeropuerto de Nueva York registra un promedio de 60.000 turistas diarios, hinchas ecuatorianos, colombianos y mexicanos que le imprimen color al torneo. ¡Hasta el monumento a Rocky Balboa lució la camiseta de la tricolor ecuatoriana en Filadelfia!PublicidadPublicidadEl contraste, también es evidente. Mientras en Dallas los bares explotan de pasión, en Nueva Jersey otros ignoran los goles para seguir con sus abundantes comidas y largas tertulias. La pasión por el fútbol, aquí conocido como soccer, no es algo que caracterice a los locales de esta parte del mundo.Tampoco es menor la tensión entre la FIFA y los 16 gobiernos locales por quién absorbe los costos millonarios de seguridad, transporte y adecuación urbana de las sedes. Una disputa silenciosa que varios alcaldes ya no se molestan en disimular.En fin, el fútbol sigue siendo el rey de los deportes. Lo que ya no es tan claro es si el pueblo, que siempre fue su dueño, todavía puede costear la entrada al palacio. (O)Hay un nuevo Disney+ donde todo se encuentra. Contrata la Copa Libertadores, suscríbete aquí.