31 de julio, 2026 - 10h46Más de treinta mil kilómetros recorridos, visitando cinco ciudades en tres países y asistiendo a diez partidos, así viví desde la tribuna de prensa el Mundial más grande de la historia. La Copa del Mundo FIFA 2026 fue un viaje por inesperadas vivencias, emociones inolvidables y sueños que el fútbol se encargó de cumplir.La historia que más me sorprendió fue la de Cabo Verde. Con solo medio millón de habitantes, ni España ni Argentina pudieron vencerlos en tiempo reglamentario y solo ellos le cerraron el arco al campeón del mundo.Canadá, Egipto, Bosnia y Herzegovina, República Democrática del Congo, Costa de Marfil y Sudáfrica alcanzaron por primera vez una fase eliminatoria. Paraguay hizo historia eliminando a Alemania en penales y Noruega, de regreso a un Mundial tras 28 años, dejó en el camino a Brasil antes de caer en cuartos de final.La evolución del fútbol africano fue magistral, nueve selecciones del continente avanzaron a la fase eliminatoria, una cifra histórica que abrió la puerta a nuevos protagonistas.Ecuador llegó como una de las grandes promesas de Sudamérica, segunda detrás de Argentina en las eliminatorias. Su triunfo sobre Alemania fue histórico, pero no pudo mantener el nivel y cayó ante México. Momentos brillantes y momentos grises, la Tricolor nos dejó con ganas de más.Lo más sui géneris lo vivió Irán. Concentrada en Tijuana, cruzaba la frontera para cada partido, mientras sus opositores se manifestaban pacíficamente afuera de los estadios, fútbol y política inevitablemente se mezclaron. No perdieron ni un encuentro, pero se fueron a casa a un paso de la siguiente ronda.Más de 6,8 millones de aficionados llenaron los estadios, el doble del Mundial Estados Unidos 1994, y la FIFA repartiría 655 millones en premios entre los 48 países participantes, de los cuales Ecuador recibiría 11 millones por su posición 25. Las redes sociales se desbordaron, los ingresos superaron los 15.000 millones de dólares y la audiencia global batió récords, convirtiendo a esta edición en la más rentable de la historia.Después de varias semanas recorriendo estadios y conviviendo con aficionados de todos los continentes, me llevo mucho más que resultados y la fiesta de la pasión de los hinchas. Vi a Cabo Verde ganarse el respeto del mundo con un fútbol valiente y fui testigo del último Mundial de Lionel Messi, el jugador con más victorias en la historia del torneo, que se despidió con una Argentina finalista y con más fieles seguidores en las tribunas que ningún otro equipo podría presumir.Y presencié la consagración de España, 16 años después campeona del mundo otra vez, con solo un gol recibido en todo el torneo, 609 minutos invicto del arquero Unai Simón, un título ganado 1-0 ante Argentina en tiempo extra, y Rodri ganador del Balón de Oro.Pero sobre todo confirmé algo que aprendí hace cuarenta años en México 1986, los mundiales cambian, aparecen nuevas estrellas y se baten récords, pero su esencia queda intacta en las historias que nacen en las tribunas, las calles y la cancha. Ahí reside el poder y la pasión del fútbol emocionando y uniendo al mundo alrededor de un balón. (O)