El mundo agradecerá, hasta un acuerdo final, el memorándum de entendimiento alcanzado por Estados Unidos e Irán para poner fin a una guerra de más de 100 días que involucró a todo Medio Oriente, alteró los mercados globales del crudo y del gas y afectará a la economía mundial durante bastante tiempo. Estos tres meses de Furia Épica dejan varias lecciones sobre los cambios en marcha en el poder mundial y, en particular, sobre los discutibles resultados de la diplomacia unilateral y transaccional ejercida por el presidente Donald Trump, de espaldas a un sistema multilateral desprestigiado pero, al final, necesario. Con el único apoyo de Israel -o influenciado por él-, Estados Unidos atacó a Irán en una guerra regional que costó varios miles de muertos. Sin embargo, al final acudió a terceros países como Pakistán -aliado de China- y Qatar para forjar un acuerdo en el que cuestiones centrales, como el estatus nuclear iraní o la libre navegación por el Estrecho de Ormuz, vuelven al mismo punto en que se encontraban antes de los bombardeos.
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