Lex
Londres / 19.06.2026 00:20:10
Como una masa amasada enérgicamente, el mundo recupera su forma después de grandes disrupciones, pero con sutiles abolladuras. La pandemia de covid-19 no acabó definitivamente con los gimnasios ni los apretones de manos, pero los hábitos de trabajo remoto y el aumento de la deuda pública persisten. Ahora, con la próxima reapertura del estrecho de Ormuz, veremos qué huellas dejó la guerra contra Irán en los mercados mundiales de energía.El presidente Donald Trump dice que “el petróleo va a fluir” a partir de hoy. En realidad, pueden pasar meses hasta que las cosas vuelvan a estar a todo vapor al tener en cuenta la fragilidad del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, los problemas logísticos y la infraestructura dañada. Pero es muy probable que, una vez que se reanuden los flujos con normalidad, haya un gran excedente de petróleo en el sistema. Por ejemplo, Emiratos Árabes Unidos aprovecharon la crisis para abandonar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y cuentan con una producción de más de un millón de barriles diarios que pueden activar prácticamente con sólo picar un botón. Irán, por su parte, si se le levantaran las sanciones, podría añadir con rapidez medio millón de barriles más. Ambas naciones poseen algunas de las mejores reservas de crudo del mundo, lo que significa que con tiempo e inversión, hay mucho más por venir. Este rápido aumento de la producción se sumará a un mercado que ya tiene un exceso de abastecimiento: una avalancha de nuevos proyectos, sobre todo en Brasil, EU y Guyana, añadirá 2.8 millones de barriles diarios en 2027, de acuerdo con un análisis de Wood Mackenzie, lo que situará la producción total de petróleo en torno a los 108 a 109 millones de barriles diarios. Por otro lado, la crisis de energía proyectó una sombra sobre la demanda de petróleo. Si bien la pérdida de 3 millones de barriles diarios en abril se debe a la insuficiencia de suministros físicos a los países asiáticos, existen dos tendencias más perdurables. La primera es que los productos petroleros relativamente caros y la creciente inseguridad en el suministro impulsó la transición energética. En Europa, por ejemplo, las ventas de vehículos eléctricos se aceleraron.El segundo factor es China, que redujo sus importaciones en alrededor de 4 millones de barriles diarios durante la crisis, lo que representó una ayuda invaluable para estabilizar los precios mundiales del petróleo. Si bien Pekín probablemente reemplazó una buena parte de esta reducción con crdo de sus reservas o utilizando productos almacenados en lugar de producir más, el consumo subyacente en China casi es seguro que se debilitó. Las ventas minoristas chinas se contrajeron en mayo, en comparación con el año anterior, por primera vez desde la grave oleada de covid-19 en 2022.Esto crea un escenario propicio para un exceso de oferta de petróleo el próximo año, con una producción adicional de 3 a 4 millones de barriles diarios, y los productores de petróleo sin duda observan los precios con inquietud.Sin embargo, del mismo modo que los precios del crudo no se dispararon durante la crisis, una recuperación de la oferta posiblemente no llegue a provocar su desplome. El cierre del estrecho redujo en total más de mil millones de barriles de petróleo de la oferta mundial, la mayoría procedentes de reservas estratégicas y comerciales. Es muy probable que los gobiernos de todo el mundo consideren oportuno volver a acumular estas reservas. Si algo cambió, debe ser una mayor valoración de la importancia de estar preparados.
















