Ahmed Tommouhi no varió ayer la rutina de las últimas semanas. A las seis y media de la tarde, tras la oración y tomar sus medicinas, salió con la silla de ruedas de la casa en la que reside con la familia de una de sus hijas y se fue a la plaza de Sant Pere de Riudebitlles (Barcelona) a ejercitarse. Allí cogió las muletas y empezó a andar. Su abogada, Celia Carbonell, le había asaltado por teléfono por la mañana: “Ahmed, ¡que eres rico!”, le dijo para comunicarle la sentencia del Tribunal Supremo que condena al Estado a indemnizarle con 2,5 millones de euros por el calvario que le hizo pasar por unas condenas injustas y 15 años de prisión. “Pero no tengo salud. Pero por fin se ha hecho justicia”, le respondió sin aparente emoción a la abogada. El mismo pragmatismo gastaba horas después respecto al ingreso que un día de estos recibirá en su cuenta corriente. Tras años de asumir diferentes condenas que para nada le correspondían –“por errores o por racismo”, dice–, ahora señala con sus dos dedos índice su testa como la fórmula que le ha permitido sobrevivir a una situación que para otros podría haber sido inasumible. “La cuestión”, defiende”, “es ser rico en la cabeza, templado, con o sin dinero, cuando sales de la cárcel tras haber estado allí muchos años”. Este hombre de 75 años que niega ser “valiente” pero sí capaz de “aguantar” los embates de la vida visita la plaza del pueblo a diario para intentar no perder el tono después de que en verano de 2024 le tuvieran que amputar la pierna izquierda y en abril le volvieran a operar para salvarle la derecha. Sufre problemas de circulación, diabetes y ha padecido varios infartos. Carbonell cree que ha acabado somatizando el sufrimiento, una versión que él no confirma, pero que tampoco niega tras una sonrisa un poco forzada. Si el Supremo le ha dado la razón es porque considera que fue víctima de un error judicial “inequívoco y cualificado”, puesto que el tribunal obvió una prueba pericial biológica cuyo resultado era incompatible con la autoría de las violaciones por las que lo condenaron. El Supremo anuló su condena tras una investigación periodística después de que él defendiera siempre su inocencia y mostrara la misma terquedad que con las muletas para defenderse: siempre se negó a participar en terapias para agresores sexuales. Pese a que le habrían ayudado a reducir la pena, era su forma de defender su inocencia hasta el final. Siempre se sintió inocente, pero el fallo que dio a conocer ayer el Supremo cree que es un paso más en quitarle la mácula. Porque “ahora la justicia está un poco más limpia” y porque la sentencia no solo le atañe a él: “La gente que desea justicia hoy también tiene que estar feliz”. Y no se refiere solo al dinero, porque pese a la cuantía, él lamenta que esos 2,5 millones de euros no le permitirán recuperar “la juventud, ni la vida, ni todo el tiempo que no pude pasar con mis hijos y que me robaron”. A su mujer, que vive en Marruecos y ahora está unos días en Sant Pere de Riudebitlles, un pequeño municipio de apenas 2.500 habitantes, casi no la ha visto en todo este tiempo y a una de sus tres hijos (residente en Marruecos) hace 33 años que no la ve. Su nieto Sohaib dice que siempre ha explicado que fue él quien puso distancia por la dificultad de, en su situación, poder dar explicaciones cuando ingresó en prisión con 40 años. Su vida seguirá siendo la misma. Dice que con ese dinero intentará buscar un piso al que pueda acceder con su silla de ruedas, que ahora le obliga a estar en el garaje de la casa de su hija, que su yerno, albañil como él, le ha adaptado. No sabe dónde. Sohaib dice que le echará en falta después de tantos años compartiendo casa. “Repite las mismas historias, pero es verdad que ha vivido poco”, suelta con dos frases que mezclan sorna con realidad. Para el abuelo, el último fallo judicial, como los otros que declararon su inocencia, le devuelve el “honor”, aunque queda lo peor. Porque “de la pesadilla no se sale nunca, se olvida un poco, pero la pesadilla…”.
Una indemnización millonaria para un falso culpable: “De la pesadilla no se sale nunca”
Ahmed Tommouhi reconoce su satisfacción porque el último fallo del Tribunal Supremo que le da la razón le devuelve el “honor”
Tribunal Supremo indemniza Tommouhi 2,5M€ tras 15 años encarcelamiento injusto: error judicial por prueba biológica incompatible ignorada. Demuestra gaps críticos en governance y verification que afectan confiabilidad de procesos de decisión de alto impacto.









