Zona francaCuando hablan sobre "transformaciones econ�micas y sociales", el mensaje es un "s�lvense quien pueda" antes de que el viento huracanado de Washington reviente los pasadizos del castrismoUna mujer camina con dos ni�os en La Habana frente a un mural en el que est�n pintados Fidel y Ra�l Castro, y Miguel D�az-Canel.EFEGina MontanerActualizado Jueves,
junio
13:58El Gobierno castrista da vueltas en su propio laberinto y no sabe c�mo salir de �l. La trampa de un sistema fallido la armaron Fidel y Ra�l Castro hace casi 70 a�os y, a pesar del fracaso estrepitoso de su comunismo caribe�o, los dos hermanos y la c�pula del r�gimen se contentaron con mantener el poder de modo permanente. Ese ha sido su �nico logro destacable, el objetivo final de todo modelo totalitario, al que seguir�an aferrados sin miramientos si no fuera porque ya no pueden burlar al lobo que hoy acecha su endeble casucha.En el pleno extraordinario que el mi�rcoles celebr� el Partido Comunista Cubano (PCC) nuevamente han intentado remendar su econom�a maltrecha. No es la primera vez que juegan a un reformismo de ida y vuelta, pues es la pugna eterna que se libra en las tripas de los gobiernos que aplastan a los desafectos y sofocan las cr�ticas constructivas. Para los cubanos en la isla (ellos s� sufren en sus carnes las erradas pol�ticas del Partido) no es m�s que un disco rayado. El himno cansino de la resistencia. El discurso hueco que no llena est�magos ni abastece las alacenas. Pero hay algo que hoy s� sabe el pueblo que rebusca entre la basura y se atreve con cacerolazos en los apagones interminables: los del Bur� Pol�tico se re�nen de urgencia para aprobar las medidas anunciadas por el gobernante Miguel D�az-Canel porque no les queda otra que refugiarse de la intemperie. Cuando hablan hasta la n�usea sobre el paquete de "transformaciones econ�micas y sociales" con el fin de "resolver las contradicciones del actual modelo econ�mico", el mensaje cifrado es un "s�lvense quien pueda" antes de que el viento huracanado de Washington reviente los pasadizos del castrismo.D�az-Canel lleva semanas prometiendo esas reformas que en el pasado siempre acabaron abortadas, incluso cuando se impulsaron t�midamente durante el deshielo con la era del Gobierno de Barack Obama y hubo esperanzas de avances que las fuerzas inmovilistas frenaron. Vuelven a plantear una apertura que le d� respiro a la iniciativa privada; convocan a economistas independientes que en otros tiempos fueron apartados; elevan cantos de sirena para que los inversores tengan fe ciega en colocar sus dineros en la isla. Tanto es el af�n del estamento militar que maneja el pa�s como una finca feudal, que hasta invitan a los exiliados (otrora "gusanos") a que inviertan en la tierra de la que tuvieron que huir y que si todav�a se tiene en pie es por las remesas que durante d�cadas han enviado a sus familiares. Quieren salvarse ellos antes del apocalipsis que anuncia el presidente Donald Trump con el sonido de la trompeta de su arc�ngel guerrero, el cubano americano Marco Rubio, cuya cruzada desde la secretar�a de Estado contra la dictadura cubana cobra dimensiones b�blicas. Entre negociaciones y ultim�tum, Washington y La Habana saben que es cuesti�n de tiempo. Este mi�rcoles, los miembros del comit� central del Partido procuraban ara�arle tiempo al tiempo que se agot�.Una de las grandes inc�gnitas de ese "cambio de r�gimen" que la Administraci�n Trump asegura est� a la vuelta de la esquina es el destino que le depara a Ra�l Castro. La escalada de medidas coercitivas y sanciones asfixian a un r�gimen habituado a ahogar en lo material y espiritual a los cubanos. In extremis, improvisan y pretenden poner en marcha f�rmulas como las de China y Vietnam, con Partido �nico, pero econom�a de mercado. Es demasiado tarde. Desaprovecharon ocasiones menos enconadas y m�s dialogantes. No quisieron ni supieron saltar del tren que se descarrila. Por eso, en el c�nclave repiten los misterios de su rosario: reformar para no desviarse "del proyecto socialista". El visto bueno lo concede Ra�l desde su retiro, como la abeja reina en un intento por garantizar la supervivencia de la colonia infestada. Uno de los presentes agita un papel con la firma del nonagenario comandante: est� "plenamente de acuerdo con las propuestas". El clan de los Castro es el primero que busca las salidas de emergencia en un t�nel donde hace tiempo se taponaron los huecos por donde escapar.Despu�s de la reuni�n del PCC, la Asamblea Nacional del Poder Popular ratificar�a los cambios. Corretean como gallinas sin cabeza, decapitados por sus propias contradicciones. Las m�s grande de todas: a fuerza de justificar el encierro para evitar una intervenci�n, hoy son muchos los que la invocan para salvarse de sus captores. Nadie sabe c�mo ser� el desenlace. Eso ya es lo de menos.














